lunes, 16 de marzo de 2020

"Me gustaría educar en valores" de José R. Cortés Criado.



Me gustaría educar en valores de José R. Cortés Criado.






Durante una conversación mantenida con un alumno de prácticas de Magisterio, se me ocurrió preguntarle si le gustaba la especialidad que estaba estudiando, me respondió que sí, pero que lo que más le gustaba era poder dedicarse a educar en valores.

Acto seguido le pedí que me aclarase de qué valores se trataba, cómo los iba a enseñar, dónde se estudiaba eso,...

Balbuceó algunas respuestas con los tópicos típicos que todos sabemos, que si se enseña en la tutoría, que si las trasversales, que si la igualdad, la no-discriminación...

Esta conversación me hizo recapacitar sobre la importancia de los valores y sobre los valores que estábamos transmitiendo a las nuevas generaciones y me formulé las siguientes cuestiones.

¿Los que nos dedicamos a la enseñanza hemos asumido el tipo de valores que queremos transmitir? ¿O vamos a impartir  una clase higiénicamente aséptica, tanto física como mentalmente?

Creo que hace falta un debate permanente sobre el tema, porque las costumbres, la moral, la sociedad, cambian y porque los enseñantes somos muchos, muy variados y con ideologías diversas. ¿Pero será posible llegar a un consenso?

Creo que hay que intentarlo, hay que buscar los puntos que nos unan y sobre todo hay que clarificar qué valores son los que defendemos o si vamos a aceptar el currículo oficial y esa denominación genérica de enseñanzas trasversales sin más.

Las materias trasversales han estado ahí siempre, se han trabajado como se ha podido o se ha sabido; ya es hora de trabajarlas sistematizadamente, siempre que sepamos hacia dónde nos dirigimos.

Clarificación/conflicto de valores.

Vivimos unos tiempos en esta “nuestra aldea global”, donde todo vale, todo se justifica, la lógica depende de la persona que habla, configurándose un relativismo pasmoso, todas las propuestas son válidas, todo depende de, todos los caminos conducen a Roma; luego, todo está muy bien, hagamos cada uno lo que queramos que no hay problemas.

¿Llegaremos así a buen puerto? No lo sé, sospecho que no.

¡Qué buenos tiempos para los sofistas!

Situados en esta encrucijada sospecho que la cuestión ya no se reduce a saber qué valores vamos a transmitir, sino, a si vamos a dejar que los valores se transmitan sin analizarlos o sin tan siquiera comentarlos.

Si he empleado la oración impersonal, no es porque crea que los valores surgen de la ciencia infusa de la nada y se trasmiten por generación espontánea, la hice porque ya sabemos que los valores son trasmitidos por la familia, por el sistema productivo, por los medios de comunicación y por el colegio; dándose en todos ellos a la vez una doble vertiente, por un lado las pautas oficiales,  por  otro el currículo oculto, que forma parte de nuestro poso ancestral sobre las concepciones de la vida y del mundo, de éste último es del que peor nos defendemos.

¿Aceptamos sin más que a los pueblos que padecen hambre y persecuciones se les ayude con programas televisivos recaudatorios de dádivas? O por el contrario, planteamos en clase que la solución no es sólo la solidaridad momentánea, sino colaborar continuamente con alguna ONG o analizar el porqué se llegó a esa situación, o la venta de armas por países que se dicen solidarios o...

¿Y el currículo de la publicidad? ¿También lo digerimos con sal de fruta y santas pascuas?

Ya no me refiero al sexo, a la violencia...sino a las formas más suaves y dúctiles, por ejemplo a ese anuncio de tv. en blanco y negro, del chico mono que le pide a la madre que le llene la despensa de pastillas, porque los exámenes son aterradores, nos matan poco a poco. La solución no se plantea con un cambio de  estrategia en el proceso de enseñanza/aprendizaje, no, esa es solución complicada, lo más fácil es farmacopearnos, ¡qué más da que nos haga el estómago polvo o el coco, da lo mismo!

Y cuando lees en la prensa que almorzar en el restaurante seis tenedores Michelin de París te cuesta treinta y cinco mil pesetas, ¿no se te corta la digestión?

¿Y si nos miramos nosotros/as? ¿Cómo llevamos el tema de los valores? ¿Forman parte de nuestra conducta diaria? ¿Los asumimos como opción de vida? ¿Son sólo materias a explicar?...

Podría seguir formulando preguntas, pero creo que con estas son suficientes para que recapacitemos un poco/mucho y  a ser posible, el debate sobre las trasversales no decaiga y cuando alguien nos formule la pregunta de qué valores queremos transmitir, lo tengamos un poco claro. 


Este artículo fue publicado durante el curso 1997/1998 en la revista Trabajadores de la Enseñanza de Comisiones Obreras, creo que sigue teniendo actualidad, por eso lo cuelgo hoy en recuerdo de esos tiempos pretéritos.





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