Sax el fantasma
Texto: Mónica Rodríguez
Ilustración: David Pintor
Editorial: Loqueleo
ISBN: 9788491226499
200 x 135 mm, 168 páginas,
(+ 10 años), 11,68 €,
2026.
Por José R. Cortés Criado.
“Su sonido es lleno, suave, vibrante, de enorme fuerza y susceptible de ser ablandado”. Mónica Rodríguez: Sax el fantasma.
Mónica Rodríguez nos sorprende con este acercamiento a la biografía de Adolphe Sax (bautizado como Antoine Joseph), inventor del saxofón a mediados del siglo XIX. Con gracia y desparpajo leemos los diálogos entre un niño, aprendiz de músico, y un fantasma apenado por no haberle demostrado a su amada, en vida, lo que sentía por ella.
La historia comienza cuando un señor, Pierre, llega a su casa superfeliz porque acaba de adquirir un saxofón construido por Adolphe Sax en 1846; exactamente es el número 2663. Lo primero que hace es colocarse unos guantes para sacarlo de su estuche y mostrárselo a su hijo, Simon.
Tras la presentación lo coloca en alto de una estantería y le prohíbe a Simon tocarlo. Esta prohibición desata su interés por el instrumento y, en cuanto su padre abandona la casa familiar, el chico se abalanza a por el saxofón, se lo acerca a la boca, sopla y…
Ya nada es igual. De este tubo curvo salió un espectro. El mismísimo músico, instrumentista, inventor y constructor de instrumentos varios con aspecto de anciano. Después de un breve diálogo y una petición desaparece y Simón cree que todo fue un sueño.
Pero no, el fantasma le dejó una partitura escrita en un papel, sobre la mesa del despacho del padre, aunque este solo vio un papel en blanco, le sirvió para sospechar que su hijo entraba en su despacho almacén de instrumentos musicales durante su ausencia.
Cada vez que Simón soplaba aparecía Adolphe, aunque cada vez con una edad diferente, así sabemos que el anciano desea que el chico toque una pieza amorosa en honor de su amada; pero el niño Sax prefiere descubrir los aparatos existentes en un hogar del siglo XXI y destriparlos para aprender, siempre fue amigo de armar y desarmar máquinas.
A lo largo de los días, también conoció al joven y al adulto Sax. Cada uno le aporta a Simón conocimientos nuevos sobre su vida, sus gustos, sus anhelos, sus triunfos, sus fracasos, sus…y así los lectores nos acercamos a su biografía sin darnos cuenta.
La autora nos muestra a un Simon retraído, que poco a poco va echando carácter y madurez, hechos que lo hacen mejor saxofonista y mejor persona. Sus conversaciones tienen una gran dosis de ironía y humor y nos muestra los amores del inventor, del chico y el de su padre. Todos tiene algo en común, el amor.
La obra se lee rápidamente, es amena; la mezcla de la música, los sentimientos que provoca y algunos elementos paranormales nos envuelven hasta que Simon cumple la misión que le encomendó Adolphe y casi volvemos a la vida rutinaria anterior a la llegada del instrumento a casa.
El texto se complementa con unas coloristas ilustraciones de David Pintor, que gracias a su impronta personal, se funden con las palabras y nos amplían su significado. Esos trazos que parecen improvisados les dan un toque desenfadado a los dibujos y los dota de vida.
Los jóvenes lectores disfrutarán de esta extraña ventura donde realidad e imaginación van de la mano y les aportan entretenimiento y sabiduría.
Leyendo este libro me acordé de la tuba, protagonista de El increíble viaje de J.W.
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