Este homenaje toma su primer verso del título de un cuadro singular de esta creadora, considerada una de sus obras más representativas y emblemáticas que refleja la vida en la era cuando llega la siega: “Canto de las espigas”.
El canto de las espigas,
susurros trigueños,
mar de mazorcas,
vida en la llanura.
Despunta el sol,
canta la alondra.
¡Despertad, segadoras,
que los mozos ya están en la era!
Golpe de hoz,
susurro de voces,
siega que te siega,
el sol avanza.
¡Ay, sol, que calientas mi sesera,
detente sobre una nube,
que ya sudan
las segadoras!
¡Zas, zas, zas!
Una gavilla más.
Las segadoras avanzan,
palmo a palmo,
brazada a brazada,
hasta el fin de la era.
¡Qué cansancio!
Las espigadoras rebuscan
espigas perdidas
entre los surcos.
Las unas amontonan haces,
las otras las recogen,
las juntan
y forman las mieses.
¡Alegría de verano!
¡Fiesta en la era!
Cae el sol tras los montes.
Las segadoras vuelven,
polvo y sudor,
fatiga y alegría,
a descansar llegan.
Descanso en la era,
segadoras que cantan
y arrullan,
con voces antiguas,
el sueño bajo las estrellas.
Cantos de las espigas,
que al búho despiertan,
mecen
las olas trigueñas
del llano.
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