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jueves, 7 de septiembre de 2023

"Escape Book" de Jordi Sierra i Fabra

Escape Book
Texto: Jordi Sierra i Fabra 
Ilustración: Alberto Díaz 
Editorial Anaya 
ISBN: 978-84-143-3567-3 
145 x 210 mm, 120 páginas 
12,95 €, (+ 12 años) 
2023.



Por José R. Cortés Criado.


“Como decía su escritor favorito, los grandes retos eran con uno mismo, no con los demás.” Jordi Sierra i Fabra: Escape Book.


Curioso libro donde los lectores avanzan en la trama acompañados de grandes obras de la literatura universal. Los protagonistas son cuanto jóvenes, dos chicos y dos chicas, que deciden pasar una tarde en la feria de su localidad.

Cuatro personas diferentes que intentan conocerse mejor y divertirse, una tarde, entran en una atracción de feria algo rara. Una caseta sin nada llamativo, salvo su título “Escape Book”.

Una vez en la puerta, las normas para jugar son algo inquietantes, pero no le dan mucha importancia, como es una atracción de feria, seguro que se lo pasan bien. Así que entran y siguen las instrucciones que leen en la pantalla.

Deben enfrentarse a retos literarios. En cada sala se encuentran con un título famoso, una lista de autores, de obras inmortales, unos personajes archiconocidos, unos escenarios que recuerdan historias literarias... y deben resolver un enigma para poder avanzar.

El temor se va adueñando de los protagonistas que no las tiene todas consigo y temen no poder salir de aquel recinto cuando observan que las paredes se deslizan, hay puertas que se abren al acertar la respuesta y que si hay un fallo, el causante desaparece repentinamente y los que quedan no saben dónde va. Para superar las pruebas hay que saber algo de literatura, salvo el último que es un acertijo algo enrevesado que necesita de la lógica para poder avanzar.

El libro se lee de un tirón, como todos los de Sierra i Fabra, es muy ameno y al saber los lectores algo de escritores y obras famosas, también participamos en el juego, al igual que en los concursos televisivos. Los lectores sabrán de Las mil y una noche, Robinson Crusoe, Peter Pan, El principito, Drácula, Frankenstein...

Al final, hemos repasado conocimientos literarios, acertado algunas preguntas y sufrido con los cuatro chavales para hallar la manera de abandonar aquel lugar claustrofóbico.

El libro tiene unas sugerentes ilustraciones en blanco y negro de Alberto Díaz, que nos muestran a los protagonistas en sus andanzas librescas.

Si quieres conocer otros libros de Jordi Sierra i Fabra pincha aquí.

Si quieres conocer otros libros ilustrados por Alberto Díaz pincha aquí.

lunes, 23 de marzo de 2026

"Pandilla wasabi 1. Abril contra el aburrimiento mortal" de Álvaro Núñez

Pandilla wasabi 1. Abril contra el aburrimiento mortal
Texto: Álvaro Núñez
Ilustraciones: Alberto Díaz
Editorial Anaya
ISBN: 978-84-143-4061-5
140 x 185 mm, 104 páginas,
10,95 €, (+ 6 años)
2024.


Por José R. Cortés Criado.


“Cuando entramos, observo cómo los mayores miran los libros que tienen delante como si estuviesen hipnotizados.” Álvaro Núñez: Pandilla wasabi 1. Abril contra el aburrimiento mortal.


Abril es una niña que, las tardes de los martes y jueves, ha de permanecer en el centro cultural mientras su padre asiste a clases de pilates. No entiende que su padre llame de esa forma tan rara a hacer gimnasia ni que tenga que aburrirse enormemente, con otros niños en idéntica situación.

Para colmo, el monitor de tiempo libre no acudió esa tarde y los pequeños fueron recogidos por la bibliotecaria, según ellos, es una bruja que no deja a los niños hablar ni reír ni jugar…, ósea, es una extraterrestre.

Así de mal andaban Emerson, Rosa Delia, Juan, Zaira, Abril y Nicolai en la sala de lectura hasta que Abril, la narradora de la historia, pide permiso para ir al servicio y todos los demás también.

Se escapan de la “bruja” y recorren todo el edificio, unas veces ayudando a un señor a transportar cuadros, a unas señoras ataviadas con pañuelos y ombligo al aire a ponerles en marcha un reproductor de CDs, a pintar junto a otras personas mayores, a subir y bajar escaleras, siempre huyendo de la bibliotecaria que andaba tras ellos para que no ocurriese nada malo.

Por donde pasaban ayudaban y estorbaban por igual, unas veces los mayores se reían, otras se preocupaban, como cuando echaron una mano en un taller de cocina japonesa y el gato que acaban de encontrarse se comió un tazón de wasabi y salió disparado como un cohete entre las piernas de todos.


En fin, lo que iba a ser una tarde superaburrida se convirtió en una sucesión de aventuras superdivertidas desde su punto de vista. Nunca sospecharon estos seis personajes, que no se conocían, lo bien que se lo podían pasar en el centro cultural

La historia está contada con mucha gracia y los lectores, no podemos más que sonreír ante cada episodio y cómo aplican su lógica a lo que ven, a lo que hacen y a lo que imaginan.

Los que abran sus páginas se enfrenta a situaciones cómicas por lo que los niños interpretan ante cada situación y por las diversas maneras de responder por parte de los adultos a su presencia. La diversión está asegurada. El ingenio de su autor nos sorprende.

El texto de Álvaro Núñez se complementa con unas coloristas ilustraciones de Alberto Díaz que nos muestran las diferentes experiencias infantiles en tan singular espacio. Tanto los planos descriptivos como los narrativos dan agilidad al relato. Los planos detalles nos aclaran ciertos aspectos y todos hacen que la lectura sea muy amena.

Un buen libro para reír, aprender y hacer nuevas amistades.


Después de leer


Podemos intercambiar información con los pequeños lectores sobre las actividades “extraescolares” de sus padres y compararlas con las que ellos lleven a cabo.

Como segundo apartado, pueden añadir lo que hacen mientras sus padres están con sus aficiones.


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martes, 30 de junio de 2015

El inquietante caso del huevo roto de Álvaro Núñez, Alberto Díaz y Miguel Can.

Lechuza Detective 3. El inquietante caso del huevo roto.

Autores: Álvaro Núñez, Alberto Díaz y Miguel Can.


14x21 cm, 120 páginas.

Cartoné. (+ 9 años)

 2015




Por José R. Cortés Criado.

La lechuza detective es una niña de cuarto de Primaria a la que le encanta el chocolate, además de ser una  fanática de los cómics, con una imaginación  tan desbordante que llega a preocupar a su padre, pero su abuelo, antiguo explorador y gran aventurero, la comprende y por ello le regala un disfraz de lechuza que le proporciona visión nocturna, capacidad de vuelos cortos y resistencia a los golpes.

En este tercer volumen de la colección Carla Ventura, la mejor detective del mundo, se va con su hermano al pueblo de la abuela Nana donde no pasa nada normalmente, salvo que su madre, que vive con su nuevo marido, la quiere hacer vegetariana, a  ella y  a sus hermanos.

La llegada al pueblo es tranquila hasta que Carla jugando con su diábolo rompió la estatua de una gaviota en la plaza del pueblo y de su interior salió un huevo muy duro.
Tras esto, todo cambia, hay quien busca el tesoro de un pirata, el capitán Matapan,  que vivió en el pueblo hace muchísimo tiempo y dejó sus riquezas a buen recaudo, pues para abrirlo hay que localizar cuatro huevos repartidos por el pueblo que tienen una parte hueca; juntando las cuatro partes se obtiene el molde de la llave que cierra la puerta del tesoro.

Gracias a la Lechuza Detective todo se aclara, se encuentra el molde y se descubre a quién quiere hacerse con el tesoro para enriquecerse; ella quiere que sea para todo el pueblo.

La historia se narra en primera persona por la protagonista y está contada a través de textos escritos y viñetas, es una mezcla entre la novela convencional y una novela gráfica; un acierto que gustará a los pequeños lectores porque les aligera la lectura al tropezar de vez en cuando con alguna viñeta o con páginas dibujadas que continúan el texto escrito.

Las guardas del libro nos muestran las siluetas de algunos personajes y las dos primeras páginas presentan a los protagonistas; junto a los dibujos de familia y amigos se escriben algunas características de ellos.

Un libro divertido y ameno que se lee rápidamente. Sin duda la Lechuza Detective no pasará desapercibida.









domingo, 11 de octubre de 2020

"Carla, lávate las manos" de Alvaro Núñez, Alberto Díaz, Miguel Can

Carla, lávate las manos

Equipo Lechuza

Texto e ilustraciones: Alvaro Núñez, Alberto Díaz, Miguel Can

Editorial Anaya

ISBN: 978-84-698-7617-6T

225 x 340 mm, 32 páginas

7,50 €, (+ 3 años) 2020.


Por José R. Cortés Criado.


“¡Cómo no te vas a poner malito, si andas todo el día descalzo!” Equipo Lechuza: Lávate las manos.


Estamos ante un libro instructivo. Se trata de aconsejar, en tiempos de pandemia como los actuales, que hay que lavarse las manos con frecuencia, que hay que ventilar los espacios cerrados, que tenemos que toser sobre el codo...

El Equipo Lechuza nos presenta a una simpática niña llamada Carla, que juega con sus muñecos y se sorprende cuando uno de aspecto fiero, Garra Poderosa, tose. Descubre que está malito y se ofrece a cuidarlo.

Y como buena cuidadora, le va indicando lo que van a hacer para que mejore, que si le pone el termómetro, que si no debe contagiar a nadie, que si lo alimenta con mimo, que si lo abriga... y hasta los padres se suman a la campaña de una vida sana.

Así el padre añade que hay que ventilar la habitación para que el virus desaparezca; la madre, que el jabón es muy necesario para tener eliminar gérmenes, que si ha de beber mucho líquido...

Al final del texto, para reforzar lo leído, las últimas páginas nos proponen algunas actividades: pintar el dibujo de Garra Poderosa en el que tose como le ha enseñado Carla. Colorear algunos animales que aparecen en la habitación de la protagonista y ayudar a la niña y al muñeco a encontrar el camino hasta el lavabo.

En el libro aparece el texto en la parte superior de cada página en letras de imprenta, y en la parte inferior se repite con letra ligada, facilitando así la lectura a los neolectores.

Esta primera hazaña de la Lechuza Detective, escrita a modo de precuela, nos demuestra que hasta los más fuertes pueden enfermar alguna vez y que todos debemos cuidarnos.

Si quieres conocer otros libros de estos autores pincha aquí.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lechuza Detective 4: La amenaza payasa de Álvaro Núñez, Alberto Díaz y Miguel Can

Lechuza Detective 4:

La amenaza payasa

Autores:

Álvaro Núñez

Alberto Díaz

Miguel Can


140 x 140 mm, 200 páginas

(+ 9 años) 2017.


Por José R. Cortés Criado.

Nuestra amiga, Carla Ventura, alias Lechuza, la mejor detective del mundo mundial y su amigo César Ulises, más conocido como Ratón, vuelven a desentrañar otro misterio en esta nueva entrega.

Los niños del cole Charles Chaplin están contentos con un nuevo profesor en prácticas que ha llegado al centro, porque tiene ideas nuevas que gustan a los chavales.

Para enseñar la prehistoria no se le ocurre otra cosa que presentarse vestido de troglodita, lo imitan otros compañeros y los niños encantados, salvo la directora que sufre un tremendo patatús ante tantas innovaciones.

Y después de aquello comienza la amenaza payasa. Un payaso hace acto de presencia en determinados momentos creando situaciones insólitas y preocupantes.

La primera aparición fue en el plató de televisión donde se presentaba la película de los tebeos preferidos de Ratón sobre el detective Misterio. Explotó uno de los focos, todos salieron a escape cubiertos de polvo blanco y el payaso desapareció, pero Lechuza y 
Ratón estaban allí y no dispuesto a dejar pasar la cosa.

Primero sospecharon del nuevo profesor, Nacho, y gracias a que lo siguieron pudieron descubrir la verdadera identidad del payaso, que siguió haciendo de las suyas: dejar en libertad cientos de monos creando el pánico en la ciudad, gasear con pedos de elefante al público asistente a la función del Circo Internacional, colorear los depósitos del agua y cada persona se cubre de un color diferente según su ph corporal al mojarse y hasta soltar una nube de piojos sobre las personas.

Al final, la Lechuza Detective logra aclarar todo y es un problema de una señora muy respetable y respetada por los alumnos que sufre un trastorno de personalidad al dejar de medicarse, pero el padre de Ratón le pondrá un buen tratamiento y todo se solucionará.

Entretenida historia, algo disparatada, con amenazas inocentes y simpáticas que gustan a los pequeños lectores, a las que se unen al ingenio y el poder deductivo de dos niños que ocultan sus poderes detectivescos y, sobre todo,la capacidad de volar gracias al traje de lechuza que le regaló el abuelo a Carla.

La obra es una mezcla de novela y cómic; la presentación de los personajes y las conclusiones se presentan a base de viñetas. A lo largo de las páginas se intercalan texto e imágenes, algunas veces un sola, otras en una página completa e incluso en varias a modo de tebeo.

Los dibujos son graciosos, expresivos y llenos de color, al igual que muchas onomatopeyas y los que ilustran cada capítulo junto a su nombre en lugar de su número.

Ameno libro que se presenta en pastas duras y muy cuidada edición.

Si quieres conocer el volumen 3 de esta serie El inquietante caso del huevo roto pincha sobre el título.


jueves, 23 de agosto de 2018

"Carla y Lechuga. Una tarde perdida" de Álvaro Núñez, Alberto Díaz y Miguel Can


Carla y Lechuga. Una tarde perdida

Texto e ilustración:

Álvaro Núñez, Alberto Díaz y 

Miguel Can


Colección Lechuza Detective

ISBN 978-84-698-3627-9

140 x 185 mm, 88 páginas

(+ 6 años), 9€, 2018.


Por José R. Cortés Criado.

Curiosa historia llena de ingenio infantil. Las deducciones, comentarios y deseos de Carla son increíbles, propios de una pequeña niña que desde su lógica todo encaja como ella lo cree necesario.

La aventura comenzó el día que Carla con su amiga inseparable, una lechuza de peluche llamada Lechuga, van de excursión a un parque con su hermano mayor y su padre.

El padre se siente feliz de llevar  a sus hijos al mismo parque al que lo llevaba su padre, les da a sus hijos todo tipo de explicaciones y detalles; Marcos está atento y pregunta sobre determinados aspectos, pero Carla se siente aburrida, así que presta más atención a su Lechuga.

Entre otras cosas le pone crema solar al peluche; su hermano se ríe y su padre intenta sobrellevar la situación. La cosa fue bien hasta la hora de comer, al padre se le olvidaron las galletas de chocolate crujiente de Carla y esta, muy enfadada, decidió marchase con su amiga Lechuga y dejar a ese hermano que se ríe de ella y de su amiga y a ese padre que no olvida la comida de su hijo pero sí la de su hija.

Dicho y hecho, Carla con Lechuga de la mano se alejaron y vivieron una tarde muy intensa en ese parque donde muchos corrían con auriculares en las orejas y no les hacían caso, otros de reían de ver a una niña hablar con un peluche, tenía hambre y se consoló comiendo pan duro que quitó a un niño despistado frente al estanque de los patos, ayudó a una niña pequeña a encontrar a su madre y cuando se sintió perdida y algo asustada encontró a su padre, a su hermano y a su perro Can.

Durante toda la tarde Carla se sintió muy feliz y bien acompañada, hablaba con su muñeco, pensaba que ellas dos podían arreglárselas solas y la cosa fue bien hasta que el hambre y otros temores la hicieron desear volver a ver a su familia.

La tarde fue provechosa para la niña, que guiada por su instinto detectivesco, investigó todos los misteriosos y sospechosos sucesos que presenció durante su marcha.

Esta es la infancia de la famosa Lechuza Detective que ya es un personaje conocido por los lectores infantiles.

Perspicaz  historia, contada mucha gracia y desparpajo por una niña que promete ser una detective de primera. Sus conversaciones con Lechuga son muy divertidas, están llenas de ingenio.

Las ilustraciones ocupan bastante espacio del libro y reflejan muy bien a los personajes y sus aventuras con una estética cercana al cómic.

Sin duda una divertida aventura de la futura detective que hará pasar un buen rato a los lectores.

Si quieres conocer dos libros de la Lechuza Detective pincha aquí.






jueves, 4 de julio de 2024

"Perro verde 3: Mi familia y otros animales" Álvaro Núñez

Perro verde 3: Mi familia y otros animales

Texto: Álvaro Núñez

Ilustración: Alberto Díaz

Editorial Anaya

ISBN: 978-84-143-3524-6

140 x 210 mm, 154 páginas

2023.


Por José R. Cortés Criado.

“El teléfono móvil es un aparato lleno de posibilidades. Es una herramienta, y, como todos los objetos, se puede utilizar bien o mal. […] la responsabilidad es nuestra.”: Álvaro Núñez: Perro verde 3: Mi familia y otros animales.

Nuestros especiales protagonistas vuelven con esta tercera entrega a divertirnos con las ocurrencias de este chico, Lolo, que se siente perro, olfatea y come como tal y Colás, este perro que se comunica con Lolo y piensa como un humano.

Antes, estos protagonistas eran uno humano y otro animal, pero tras un experimento de los papás de Lolo, unos grandes científicos, algo se alteró y se mezclaron ambas personalidades y, también, el perro terminó con su pelaje verde y Lolo con su cabellera del mismo color.

En esta ocasión dos Paquita van a coincidir. Primera Paquita, la tía de Lolo que hacía muchos años que no veía y la segunda, una ciclogénesis. Ambos fenómenos son terribles. El primero porque es una persona extraña que echa a nuestros amigos del dormitorio y viene acompañada de un gato, Botas. El segundo porque vienen lluvias, viento y demás problemas meteorológicos.

Lolo y Colás no soportan dormir en el sofá del salón ni los aires de importancia que se da Botas. También están intrigados con la profesión de la tía Paquita, hasta que la descubren y sus vidas dan un curioso giro.

Además, Paquita ha de someterse a una operación y su gato, que en cuanto puede atacar a Lolo, se introduce en el laboratorio de los padres y se impregna de una sustancia que provoca un fenómeno extraño en él y su dueña, aunque esta vez no es permanente.

A esto hay que añadir que Colás está hastío de hacer de señora de la limpieza en casa, Lolo ha de hacer un trabajo escolar sobre el comportamiento de los animales sociales del siglo XXI, con su amigo y una compañera, Margarita, que presume de móvil, es superpresumida y con la que se lleva mal, y…

Bueno, otra historia más de esta singular familia escrita con alegría y agilidad. Se lee con interés y te tiene atrapado pensando qué pasará cada vez que se cruzan niño, perro y gato, sin olvidar el problema familiar que puede ser la transformación de la tía o la aparición de un curioso pretendiente.

El texto de Álvaro Núñez se complementa con unas ilustraciones de Alberto Díaz llenas de color y magia que reflejan algunas escenas narradas y otras contadas en forma de cómic.

Bonita historia sencilla y entretenida que nos hará reflexionar en ese deseo de algunas personas por aparentar lo que no son.

Al final del libro encontraremos los stickers de Margarita.

Si quieres conocer otros libros de Álvaro Núñez pincha aquí. 

martes, 8 de agosto de 2023

"Perro verde 1: Humor de perros" de Álvaro Núñez

Perro verde 1: Humor de perros
Texto: Álvaro Núñez
Ilustración: Alberto Díaz
Editorial Anaya
ISBN: 978-84-698-9092-9
140 x 210 mm, 144 páginas
12,95 €, (+ 10 años)
2023.


Por José R. Cortés Criado.



“Eres el típico guay de la clase que se cree tan superior que ni se da cuenta del daño que hace a los “invisibles”, ¿verdad?” Álvaro Núñez: Perro verde.


Simpático libro infantil que nos hace pasar una lectura divertida y reflexionar sobre la convivencia en un centro educativo.

Lolo, su protagonista, es un guapito al que todo le sale bien. Tiene una melenita lisa muy mona, una sonrisa encantadora, juega al fútbol fenomenalmente, saca buenas notas, tiene buenos amigos... y la vida le sonríe, tanto que no es capaz de ver cómo actúa diariamente.

Su vida se altera el día que se levanta y comprueba que su pelo se ha rizado y cambiado de color. Es verde brócoli. Además, su perro, también ha tomado el mismo color.

Y no es lo único. También ha desarrollado un olfato envidiable, unas ganas de comer lentejas asombrosas, un gusto por lamer los platos y comerse lo que sus compañeros de comedor no acaban y hasta bebé a lametones de una palangana.

Y si todo esto fuese poco, le llevó las zapatillas de deporte a la chica que le gusta cogidas con la boca, recoge con la boca las pelotas de tenis que le lanzan sus compañeros en el patio de recreo y le gusta, ladrar y hablar con su perro.

Colás, su perro, ha sufrido el cambio a la inversa del chico, piensa como un humano, desea actuar como tal pero no pueden ir a un urinario de hombres, salir sin correa o hablar como los demás, salvo con Lolo.

La explicación al fenómeno experimentado por ambos la dan los padres. Fue un pequeño error que intenta reparar estos magníficos científicos.

Los diálogos entre Lolo y Colás, los paseos compartidos y los deseos de intercambiar sus papeles hacen que la lectura sea amena y rápida. Es una buena historia bien hilvanada.

sábado, 2 de marzo de 2019

"Como tú. 20 relatos + 20 ilustraciones por la igualdad" de Fernando Marías


Como tú
20 relatos + 20 ilustraciones por la igualdad
VV.AA.
Coordinador: Fernando Marías
Colección Narrativa juvenil
ISBN 978-84-698-3527-2
140 x 210 mm, 176 páginas
13 €, (+ 14 años) 2019.

Por José R. Cortés Criado.

Este libro es un proyecto creado y dirigido por Fernando Marías dedicado al público en general y los jóvenes en particular. Es una colección de relatos e ilustraciones comprometidos con la igualdad entre hombres y mujeres.

La idea matriz está en la educación como base de todas las cosas buenas y malas, como dice el coordinador del proyecto; una buena educación genera ecos positivos, de la misma manera que una educación descuidada, inadecuada o mala acabará antes o después por resultar nefasta.

Por todo esto cree que al no existir en nuestra sociedad una igualdad entre hombre y mujeres hay que abordad en la educación los primeros pasos para conseguirla, de ahí la importancia de este volumen.

Ricardo Gómez abre el libro con un relato titulado, Leer el cielo. Se ocupa del gran esfuerzo de una mujer para poder convertirse en la primera Lectora del Cielo, y formar parte de las personas importantes de la tribu. La ilustración de Alba Marina Rivera refleja perfectamente el mensaje del escritor.

Raquel Lanseros escribe un poema muy íntimo, Origen, que nos hace reflexionar en lo iguales que somos todos, hombres y mujeres ante la vida y la muerte. Muy simpáticas las burbujas ilustrativas a modo de cómic de Raquel Lagartos.

Rosa Huertas publica Invisible dedicado a todas las mujeres que han llegado a ocupar un lugar donde son aceptadas como tales en recuerdo de las que fueron invisibles para entrar en escuelas, universidades o despachos ministeriales. Muy bien reflejado el tema en la ilustración de Fernando Vicente.

Ledicia Costas titula su texto Igual que tú, tiemblo. Un relato escrito como si de una conversación vía internet tuviese lugar entre amigas sobre los contenidos que se suben a la red y el uso que hacen algunos de ellos. Muy notable la ilustración de Nuria Díaz.

María Zaragoza sigue en el libro con Kenia, la historia de una chica que lleva el nombre del país de sus antepasados y que no es aceptada como las demás por su aspecto externo. Muy buena y atrevida la ilustración de Dídac Pla.

Mónica Rodríguez redacta En tu jaula de cristal una conversación entre un joven y su novia, que está sometida a la voluntad de él. Él manifiesta ser una víctima y ella acepta todo lo que él le pide por lo que llama amor. Raquel Aparicio refleja muy bien la jaula de cristal donde habita la protagonista.

Espido Freire escribe una pieza teatral, Iguales, sobre el encuentro de un chico y una chica en la cola de una cafetería después de mucho tiempo y no saben de qué hablar y terminan cada uno por su camino. Buen dibujo de los dos personajes de Sara Morante.

Gonzalo Moure manifiesta en Melhfa el valor simbólico de las cosas que hacen las mujeres del Sáhara, como llevar la melhfa los días de tormenta de arena o cuando les plazca, como relata la joven bibliotecaria educada en España. Muy bueno el retrato de la protagonista elaborado por Esperanza León.

Jorge Gómez Soto escribe Lo contrario, fiel reflejo de una conversación de un padre con su hija adolescente y lo que aquel hace creyéndose un feminista de pro. Simpatiquísima ilustración la de Mireia Pérez para este relato tan irónico.

Care Santos edita La respuesta, es una historia sobre la dominación de la mujer sobre el hombre y los problemas que estos tienen para acceder a cualquier actividad que la mujer tiene como propia. La historia al revés. Ana Oncina dibuja a una mujer triunfadora muy colorista.

Ana Alcolea publica García y García nos ofrece un acertijo que se va transformando hasta acabar así: “García tiene un hermano. El hermano de García da un do sobreagudo. Pero el chico que da el do sobreagudo no tiene ningún hermano”. Muy buenas las escalas musicales y los dos protagonistas dibujados por Alberto Gamón.

El relato de David Lozano es Naufragio. Un maravilloso relato con una bella historia de amor de una pareja mayor que viaja en la cubierta de primera clase del Titanic. La simpática ilustración de Pedro Rodríguez es un fiel reflejo de lo narrado.

Maite Carranza se aventura con La educación sentimental en unas escenas teatrales en la que varios adolescente varones hablan de mujeres y de sexo mientras ven películas porno y creen que esa es la realidad del amor; frente a las escenas de las chicas que viven la situación de otra manera. El dibujo de Agustín Comotto refleja muy bien las dos realidades.

Santiago García Clairac cuenta en Metamorfosis el papel que sufre un joven guaperas que se despierta siendo una joven muy graciada que es contentamente molestada por gente como él cuando era hombre. Muy explícita la ilustración de Gabriel Hernández Walta.

El capítulo de Alfredo Gómez Cerdá es de una ironía fina y lleva por título Como una cornada que le sienta muy bien a esta historia de maltrato ejecutada por un señor que tiene en casa la Enciclopedia Taurina. La estampa de Santiago Sequeiros nos revela muy bien el sufrimiento de la mujer.

El jardín de la falsa verdad está escrito por Fernando Marías y cuenta cómo un periodista consigue el éxito al buscar sensacionalismo en el asesinato de un señor a manos de su novia, a la que llamó tarántula. Muy gráfica la ilustración de Carla Berrrocal.

Nando López muestra en La segunda vez como una chica se siente doblemente violada, la primera por sus compañeros de instituto y la segunda por el jefe de estudios, el agente y demás personas que la interrogaron. La soledad de la chica queda muy patente en el dibujo de Javier Olivares.

La libertad de Penélope está escrito por Antonio Lozano y nos muestra a una mujer muy diferente a la sumisa Penélope que tejía y destejía constantemente. Esta tiene ganas de vivir fuera de las cuatro paredes de su casa. Anu Jato nos muestra una mujer apesadumbrada, con su telar y el paisaje helénico de fondo, muy acertada.

Ana Campoy escribe El primer paso, historia muy graciosa de una mujer astronauta que viajó en la primera nave tripulada hasta Marte; debía ser la segunda en descender de la nave pero se adelantó a su compañero y así resultó que una mujer fue la primera persona que puso un pie en Marte. Juan Manuel Aguilera ha creado la estampa de una mujer muy feliz en su traje de astronauta.

Se acabó, madre, se acabó es un poema de Antonio García Teijeiro que recoge el grito de una chica que desea romper esa cadena que ata a la mujer a un hombre y se convierte en su esclava. Muy lírica y simbólica la ilustración de Xosé Cobas.

Tras leer el volumen te queda un sabor agridulce; por un lado alabas la calidad y originalidad de los relatos que muestran una realidad desde diferentes perspectivas; por otro, el saber que mucho de lo narrado es cierto y que aún queda mucho que hacer para conseguir que esas diferencias entre hombre y mujer desaparezcan.

Un acierto de libro que deseo lean muchísimos jóvenes de ambos sexos y que aprendan que vivir de una forma distinta las relaciones entre hombres y mujeres.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

"Entre el cielo y el mar" y "El asesino", dos cuentos escritos por Ignacio Aldecoa en Torre del Mar, Málaga.

Entre el cielo y el mar y 

El asesino, 

dos cuentos escritos 

por Ignacio Aldecoa 

en Torre del Mar, Málaga.












Por José R. Cortés Criado. 

Ignacio Aldecoa Isasi, considerado como el representante principal de la generación de escritores realistas de los años cincuenta del siglo pasado, estuvo en Torre del Mar parte de los meses de noviembre y diciembre de 1954 y de su estancia en la costa malagueña surgieron dos cuentos: Entre el cielo y el mar[1] y El asesino[2].

En el prólogo que escribió su viuda para la edición del libro Cuentos completos[3] recuerda los días pasados en Torre del Mar y anota que “de esa estancia en el pueblo malagueño nacieron dos cuentos completamente distintos. El del niño pescador y otro, Anthony, el inglés dicharachero (El asesino) una historia durísima de cante, copas, crímenes pasados, crítica amarga de señoritos desalmados”[4].

Josefina Aldecoa posteriormente explicó en su libro de memorias En la distancia que “fue una experiencia maravillosa. Nos alojábamos en la única fonda que había entonces en el pueblo, la fonda España[5]. Éramos los únicos huéspedes en aquel invierno de 1954 tan ajeno aún a las visitas de turistas nacionales o extranjeros[6]. Teníamos una habitación grande con dos camas, una camilla y una mesa en la cual instaló Ignacio su máquina de escribir” [7].

El matrimonio y su hija Susana, nacida el 5 de octubre de 1954, viajaron hasta Málaga en avión, gracias al dinero adelantado por José Manuel Lara a cuenta de la publicación de su novela El fulgor y la sangre que quedó finalista en el Premio Planeta de ese año. Aldecoa y sus amigos esperaban obtener tan codiciado premio el 15 de octubre, pero recayó en su amiga Ana María Matute y su obra Pequeño teatro.

Como anécdota hay que añadir que José Manuel Lara, fundador de la Editorial Planeta, estaba durante esos días en Madrid y le comunicó al escritor que su obra se publicaría casi simultáneamente a la ganadora y le ofreció una cantidad a pagar de una forma un tanto curiosa: “Te pagaré esta cantidad dividida en doce mensualidades para que no te la gastes enseguida”[8].

La vida en Torre del Mar fue tranquila para la familia Aldecoa, Josefina recuerda que por las mañanas se iban los tres a pasear por la playa, Susana en su capacho, que al mediodía pasaban por la taberna del pueblo y tomaban un vino andaluz con sus tapas y que luego comían en la fonda, “donde por cierto se comía muy bien”.

Algunas mañanas la niña se quedaba en la pensión al cuidado de su propietaria, Amparo Peralto Moyano. La hija de esta recuerda que alguna vez le cambió el pico[9] al bebé y como su madre le recordaba cada poco tiempo que vigilasen si Susanita dormía. Juana Peralto Peralto recuerda que era una niña muy delgada, rubiasca, muy tranquila y que en su casa les llamaba la atención su nombre porque nunca lo habían oído antes.

Josefina Aldecoa cuenta que en Torre del Mar tuvieron la deliciosa compañía de un niño pescador que los guiaba a todas partes; siempre que no tuviese que ayudar a su padre estaba con ellos, en los paseos o en la taberna; algunas veces ahí escucharon cantes de flamencos que, por deferencia a ella y a la niña, cantaban al mediodía, cuando lo habitual era hacerlo por la noche.

En la distancia  se puede leer: “Recuerdo una mañana, a las doce del mediodía, oyendo flamenco en la taberna, a un hombre que cantaba extraordinariamente y que nos ofrecía su arte a esas horas tan poco “propias” porque se lo dedicaba “a la señora y la niña, que la noche era muy fresca para salir””[10].

Las tardes las pasaban en la fonda. “Por la noche, era el Casino[11], solo de hombres, sentados en torno a mesas camilla, con sus sombreros oscuros, la baraja, la copita de anís”[12].

Respecto a los quehaceres de Ignacio Aldecoa durante las tardes en Torre del Mar, su viuda escribió dos cosas distintas. En el prólogo de los cuentos completos anota: “Ignacio colocó la máquina de escribir sobre una camilla y creo que nunca  la volvió a tocar […] La máquina de escribir estuvo abandonada durante el mes que estuvimos en Torre del Mar”[13].

Y, sin embargo, escribió sobre el tiempo pasado en Torre del Mar en su libro En la distancia: “Por la tarde, Ignacio escribía y al anochecer se iba a pasar un rato al casino con los hombres del pueblo. Pronto se hizo muy popular allí. La gente era cariñosa y muy hospitalaria”[14].

Puede que Ignacio Aldecoa no escribiese a máquina durante su estancia en la Axarquía pero sí que lo hiciese a mano en algún cuaderno, lo que queda claro es que el primero de los cuentos vio la luz en la revista mensual Ateneo en enero de 1955, y el segundo, en la revista bimensual Atlántica correspondiente a los meses de enero y febrero del mismo año, lo que hace pensar que fueron escritos en tierras malagueñas.

Sea válido el primero o el segundo de los recuerdos de su viuda, lo realmente interesante es saber que estos dos cuentos están inspirados en las vivencias personales de su autor en Torre del Mar como deja constancia Josefina Aldecoa al decir que su marido se inspiró en ese niño marinero que siempre estaba con ellos para escribir el precioso cuento Pedro Sánchez, entre el cielo y el mar y que Anthony, el inglés dicharachero (El asesino) está dedicado a unos vecinos de Torre del Mar.

Y es que el escritor vasco vivía para contar de forma fascinante todo aquello que observaba a su alrededor cuando caminaba, viajaba o charlaba con la gente; amaba el contacto directo con las personas, ya fuesen amigos, escritores, intelectuales, campesinos, pescadores, artesanos…Sus historias manaban de cualquier lugar que visitase, de una charla o de una imagen.

Así escribía de boxeadores, de toreros, de delincuentes, de amas de casa, de niños, de ancianos, de vecinos, con esa capacidad de convertir en literatura todo aquello que vivía realmente e incluso inventarla partir de la visión de un gesto que atrajese su atención.

Su mujer dejó escrito que “Ignacio era una narrador de raza. Para él, contar historias era una manera de vivir. Contarlas del modo más eficaz y con el lenguaje más bello y expresivo, la meta a la que le conducía su talento y su voluntad apasionada de perfección”[15]; y Ángeles Encina y Carmen Valcárcel[16] destacan la vocación de narrador de Aldecoa y lo consideran maestro del cuento español.

Una de las razones esgrimida por Josefina Aldecoa para justificar que Ignacio prefiriera salir todos los días en Torre del Mar es “porque en el pueblo blanco, que se extendía a la orilla del mar, estaba la gente”[17], y con los torreños gustaba departir para adquirir sus modismos, su forma de vida, su manera de pensar, en suma, para empaparse de la vida de la aldea marinera para plasmarla luego en sus escritos. Esas casas blancas eran las viviendas de pescadores situadas cerca de la playa.

Y como las personas no solo estaban en la orilla del mar tirando del copo, sino que también pasaban un buen tiempo en los bares y tabernas, Ignacio tampoco podía faltar a esas citas, ya que en las tabernas de los años cincuenta, Aldecoa encontró su “universidad”, en esos lugares donde la gente se encuentra con sus amigos y convecinos tras un día de trabajo, donde se ahogaban las penas y sinsabores del día, donde se daba rienda suelta al desahogo y a la rabia, lugar de confesiones laicas, de sueños frustrados, de transgresión de las normas morales del momento, espacios de libertad ficticios que se ven reflejados en muchos de sus cuentos. La taberna suele ser el espacio donde se desarrollan bastantes de sus historias.

Josefina Aldecoa recuerda en el prólogo de Cuentos completos que Ignacio amaba las tabernas tanto en España como en Nueva York; para él los taberneros eran iguales en cualquier lugar del mundo hablasen la lengua que hablase, porque siempre entienden a sus clientes y pueden ser sus confesores o confidentes, a pesar de ser generosos, tacaños, amables o gruñones.

Su viuda reconoce que visitaron más de cien tabernas madrileñas y otras tantas en otros lugares de España y del extranjero. En una de ellas, La Gabriela, en Madrid, descubrieron que querían casarse y en otra de la calle 52 de New York supieron que el año 1952 fue el más feliz de sus existencias.
Ignacio Aldecoa tuvo la capacidad de convertir en literatura lo vivido; vivió intensamente sus años, supo disfrutar la vida y escribir de asuntos serios con una forma agradable, de temas trascendentales sin pedantería, siempre preocupado por la brevedad de la existencia y de lo absurdo que es nacer para morir. Siempre consideró que ser escritor es una actitud ante el mundo.

José María Caballero Bonald lo considera un novelista indispensable y recuerda al joven Aldecoa como “un muchacho locuaz y fogoso, defensor y restricto de su independencia a fuerza de parecer displicente”[18].

Su compañera de generación, Carmen Martín Gaite ha dicho de Aldecoa: “Escribía de asuntos y situaciones reales, pero su prosa era casi poética y trascendía ese realismo. Hablaba de lo que veía, pero como un poeta. Debajo de toda su prosa hay poesía”[19].

Entre el cielo y el mar.

El primero de sus cuentos escritos en Torre del Mar Entre el cielo y el mar en un principio llevaba antepuesto un nombre y apellido, Pedro Sánchez y algunos estudiosos, como Josefina Aldecoa, han llamado este cuento como el del niño pescador, en alusión a su protagonista.

En la edición de los Cuentos de Cátedra de 1981, este abre el libro y el apartado dedicado a El trabajo. Esta edición recoge una muestra de los cuentos de Ignacio Aldecoa agrupados en seis apartados según la temática tratada: El trabajo, La guerra, La burguesía, Los condenados, Los viejos y los niños y Los seres libres. El segundo cuento inspirado en Torre del Mar no aparece en esta selección, sino en la edición de los Cuentos completos de la editorial Alfaguara en 1995.

Ignacio Aldecoa inicia el cuento  titulado Entre el cielo y el mar con una sucesión de oraciones yuxtapuestas para situar al lector en el marco donde se desenvuelve la trama, y visualizar enseguida lo que sucede regularmente, por ello comenzó el texto con la oración: “era la tercera vez en la mañana”, una señal de intemporalidad, monotonía y continuidad. El lector lee como los pescadores tiran del copo[20] en la orilla de la playa.

Seguidamente hacen acto de presencia los niños y, entre ellos, Pedro, el protagonista, que se veía en la necesidad de espantar a los pequeños de la escena donde se desarrollan las tareas de pesca “y les miraba superior y hostil, porque era casi un hombre y trabajaba”[21].

Ese día la pesca se les dio mal, los pescadores miraban la mar en silencio, la mar es la miseria o la riqueza, depende del día y ante eso ellos no pueden hacer nada, “estaban acostumbrados pero no resignados, como creían otras gentes del pueblo”[22]. Aldecoa presenta, en este y otros cuentos, personajes entristecidos que forman parte del sistema social sin posibilidad de evasión aunque casi nunca pierden del todo la ilusión de vivir.

En los cuentos de Aldecoa suelen aparecer personajes tristes, resignados, amargados, tiernos, y algunos críticos subrayan que pescadores, jornaleros y trabajadores humildes no manifiestan conciencia de clase ni se atisba entre ellos síntomas de sublevación ante la situación de explotación que padecen.
Martín Vilumara escribía en la desaparecida revista Triunfo  en el año 1973 que “a Aldecoa le interesan siempre más los efectos que las causas. Sus personajes […] se manifiestan a impulsos de su propia y estricta individualidad; jamás traslucen una conciencia social de clase o grupo”[23].

En otro cuento encasillado en el mundo del trabajo del autor, Seguir de pobres, se ve esa solidaridad individual entre los miembros de la cuadrilla de jornaleros que se desplazan a otros pueblos a segar, cuando ayudan a un desconocido que enferma durante la siega e incluso le dan parte de sus ganancias porque el enfermo solo cobró por el tiempo trabajado; todo tiene aire de ayuda al necesitado pero nadie se plantea que el trabajador debería tener cubierto su salario en caso de enfermedad.

En otro cuento dedicado al mundo laboral y dedicado a Antonio Buero Vallejo, La urraca cruza la carretera, la cuadrilla que arregla los baches de la carretera se sorprende al ver pasar un lujoso coche y sus propietarios. El escritor vasco describe bien y concisamente como mal visten y mal comen los trabajadores frente a la riqueza que va sobre ruedas; uno de ellos no puede más que exclamar: “Está uno aquí peor que una piedra para esa gente…” y más adelante: “No hay derecho […] Son cosas a las que no hay derecho. Tanto dinero es un pecado”[24].

Ignacio Aldecoa hace con pocas palabras un perfecto retrato de la sociedad de los años cincuenta poniendo ante el lector la imagen que él ve como si estuviese reflejada en un espejo acercándose más a los escritores costumbristas que a los que ejercen una crítica social y política del momento porque como escribió su amiga Ana María Matute: “Ignacio habla de la soledad del hombre entre los hombres”[25].

El crítico Rafel Conte alega que “quien quiera conocer aquella España de entonces nunca lo podrá hacer del todo si no ha leído las novelas y cuentos de Ignacio Aldecoa”[26], además de considerar su obra inmanente, trascendente y placentera; y Manuel Llanos comenta que parte de sus cuentos “desarrollan lo que se ha dado en llamar “épica de los oficios”, ya que la acción del relato se halla condicionada en gran medida por las peculiaridades y el entorno del trabajo que realiza el o los protagonistas del mismo”[27].

El profesor de la UAB, Juan Rodríguez, estudioso de la narrativa española del siglo XX, considera que más allá de la militancia política de algunos miembros del llamado “realismo social”, hay que tener presente que “la intención de aquellos escritores movidos por su responsabilidad social fue intentar transmitir […] una imagen de la realidad española que, aunque ficticia, fuese más fiel a la vida que la ofrecida por la prensa o las crónicas del NO-DO”[28], convirtiéndose así en fotógrafos que pedían al lector su colaboración para extraer las conclusiones del texto.

Siguiendo la trama del cuento, los lectores leen que el señor Venancio[29], quien dirige la faena, descarga su mala suerte dándole un pisotón a un pulpo que salió de entre las redes, sin embargo regañó al niño Pedro cuando este lo trató con crueldad, dejando claro que una cosa es soltar la rabia que uno lleva dentro y otra muy distinta, ensañarse con el vencido.

Después del tercer fracaso en la pesca, llegaron los lamentos y pensar qué hubiese pasado si hubiesen echado la red en otro lugar, porque si no “vamos a comer piedras”[30].

Entonces Pedro se acercó a los mayores aunque él no se preocupa por llevar el pan a su casa, para eso está su padre, él ejerce su tarea, imita a los adultos y su cometido es llevar lo pescado a una vieja para que lo venda. “La vieja tenía un genio malo. Solía beber. Bebía aguardiente, a veces con agua[31], a veces con pan”[32].

Pedro piensa siempre en la mar, no quiere ser pescador de playa, sino de mar, quiere ser el encargado de las farolas de petróleo y hablar del viento de levante, y contar de forma exagerada hechos cotidianos para impresionar a su familia.

Sueña con pescar en la traíña[33] del señor Feliciano, llamada “Tres Hermanos”[34], porque tiene fama de buen pescador. Todos los chicos de la playa desean trabajar con él, aunque se resiste a contratarlos por respeto a sus padres, el señor Feliciano no quiere que los chavales cobren más que sus padres si son pescadores de playa o están en otra barca con menos fortuna. Este detalle refleja el valor que le da el patrón al trabajo y al respeto a los mayores.

Cuando Pedro se acerca al bar Sixto[35] para saludar a su padre que bebe con el señor Feliciano para celebrar la buena venta del pescado en Vélez[36], éste lo invita a un pintao[37], le habla con respeto de su colega pescador de playa, el señor Venancio, y le comenta al niño que al año siguiente podría entrar a trabajar en su traíña.

Dejaron el tema del trabajo y los hombres “siguieron hablando de toreros, a los que no habían visto en su vida”[38]. El tema de los toros era muy socorrido ya que por aquella época el fútbol no tenía la atracción de hoy; así se pueden leer en otros cuentos del mismo autor, como en El libelista Benito cuyo protagonista argumenta en defensa de la libertad de prensa utilizando un símil entre esta y la supresión de una corrida de toros a la mitad de su desarrollo; y en Los bisoñés de don Ramón, su protagonista, Cuchín, cuando veía preocupado a su jefe de partido por los problemas de la patria, “cambiaban de tema para hablar de toros”[39]; o las palabras de un tabernero en la novela Con el viento solano: “Yo, desde luego, esta tarde estoy pegado al bardal. No me pierdo los toros por nada”[40].

Pero un símil muy elaborado entre toro y barco es el que se lee en el cuento Rol del ocaso: “El Ispaster estaba fatigado de proa a popa, herido de estribor a babor, exactamente como un toro que embiste, que guarda la cabeza, que tiene energía en sus cuartos traseros, pero que ya está llamado por la muerte y da los bandazos de la agonía. Las dos luchas del toro mantenía el Ispaser. La lucha por herir de proa y la lucha por aguantar su propia herida”[41].

Siguiendo el argumento del cuento del niño pescador, este se marcha a su casa y al llegar comienza un diálogo con su madre sobre hechos cotidianos: cómo fue la pesca, que encima de la hornilla hay pan y pescado frito, que coma sin olvidar que es para todos… y por último le pregunta por su padre y sin esperar respuesta, ella ya la sabe, refleja rápidamente la forma de vida de los pescadores: “Estará tomándose copas. Lo mismo da sacar buen jornal que malo. Hoy juerga, mañana de queja. Así va todo”[42], como si de un mal atávico y perpetuo se tratase.

Después continúan el diálogo de tal forma que más parecen dos monólogos intercalados.
El joven dice que a su padre le fue bien la faena porque el señor Feliciano tiene ojo de gato para la pesca.

La madre responde que el señor Feliciano no tiene familia que mantener como su padre y puede gastarse lo que gane con quien quiera.

Pedro le habla de la promesa de trabajo.

La madre sentencia: “Los hombres debían pensar más las cosas cuando se casan. Creerá que os voy a alimentar de aire”[43].

El hijo insiste en que cuando Pedro se marche al servicio militar él empezará a trabajar.
La madre habla del marido cuando afirma que vendrá cuando quiera y bebido.

Pedro le cuenta que lo invitó a un pintao.

La madre lo manda a la cocina porque sin comer no se puede trabajar queriendo finalizar así el diálogo.

El chico mira la mar pensando en su futuro y su madre le dice: “Aviva, que ya te quedará tiempo para trabajar durante toda la vida”[44].

En estos diálogos y en otros muchos Ignacio Aldecoa muestra una gran habilidad para agilizar el relato y para trasmitir sentimientos, ideas o formas de vida con mucho detalle, para ello reproduce fielmente muchas conversaciones oídas a terceras personas respetando sus modismos e incluso las jergas empleada por determinados personajes.

Cuando el padre llega a casa viene acompañado de dos hijos pequeños y con dos buenas noticias, se les dio bien la pesca y Pedro se enrolará esa noche en la traíña Tres Hermanos para encargarse de los faroles de petróleo, como deseaba, y la madre resignada ante el devenir sentenció en voz baja: “A ver si ahora te haces un zángano como los otros, Pedro”[45], ella teme que su hijo termine como los mayores del poblado, uncido a su destino como si de una fatal carga se tratase.

Pedro no la escuchó, solo deseaba saber si el señor Feliciano había dicho algo de él, se desilusionó al saber que solo dijo que podía ir a trabajar, entristecido marchó hacia la orilla, tentó la traíña, aspiró los olores salobres de redes y de brea, se tendió al sol, cerró los ojos y escuchó la mar, mezcla de estertor y gruñido.

Pedro representa al trabajador que ama su oficio por humilde que sea y le otorga una dignidad que lo ennoblece, es un prototipo que Aldecoa muestra en muchos otros textos para dotar de una épica especial cualquier oficio por modesto que sea.

Esta imagen de la madre que, en silencio, lleva la carga que le supone vivir de un pobre jornal que a veces se gasta en vino, tiene alguna similitud con la madre de Young Sánchez[46], que queda retratada de la siguiente manera: “La madre tenía demasiado cansancio en la mirada para que fuese dulce. Era una mirada vidriosa, vaga, vuelta ya de la desesperación o de la rabia o del deseo de conseguir algo”[47].

El joven pescador, Pedro, siente la llamada del mar y se sabe abocado a su destino, Young también quiere ser boxeador como tabla de salvación, Leocadio se ve como cobrador de tranvía como su padre en El aprendiz de cobrador, el protagonista de Chico de Madrid…, son personajes tristes, resignados, tiernos, que siguen la senda que les marcó la vida y su entorno. Ana Casas escribe que “sus personajes aparecen presentados en su historicidad, presos de su entorno y de su origen social”[48] y otros escritores, como Martín Gaite, manifiestan que sus relatos se acercan a la intrahistoria de Miguel de Unamuno.

El asesino.

Este cuento está dedicado a una serie de vecinos de Torre del Mar.
…y este tengo el gusto de dedicárselo a Manolo el de La Cueva[49], a su compadre Cristino[50], al cantaor profesional Antonio El Canillero[51], a Aurelio[52], el prodigio de Torre, a Atienza[53], el del huerto de las guindillas, y a Federico[54], a los que estuve escuchando…

Un elemento en común de estas personas con Ignacio Aldecoa era el gusto por beber unos vasos de vino en el bar La Cueva y escuchar buen cante ya fuese de algún aficionado como Mayoni o de un profesional como Antonio de Canillas, este último solía vérsele en La Cueva animando la velada de algunos señoritos o comiendo en el bar de Juan Peralto Jiménez que estaba situado en la calle del Mar número 23.

El protagonista de este cuento es Anthony, un barbero muy dicharachero, según dice, español nacido en Inglaterra. Atiende a sus clientes con el lema “Afeitar instruyendo” y me recuerda a otro personaje singular de Aldecoa, Faisán, del cuento Un artista llamado Faisán que “inventaba versos mientras limpiaba zapatos y si se lo pedían; cantaba ópera”[55].

Anthony, cuando afeita a un cliente, le da a elegir la navaja con la que quiere ser afeitado, todas tienen nombre de mujer y son presentadas al usuario, para finalizar alabando las cualidades de la elegida, normalmente comparadas con una caricia e incluso con una poesía, para ofrecerse seguidamente a recitar unos versos al cliente.

Anthony es un charlatán al que el progreso no le hace mucha gracia, que memoriza fragmentos literarios para entretener con su plática a su público y a otros señoritos en fiestas y saraos alrededor de una botella de vino, y, por supuesto, habla de temas de actualidad relacionados con el progreso científico y de nuestra historia, centrándose en el pasado glorioso de conquista allende los mares.

Como el primer cliente del día prefiere una buena prosa, el barbero comienza a recitar El Quijote, hasta que interrumpe el relato para preguntarle al interlocutor qué significa “lanza en astillero”; como ninguno de los dos lo sabe, el barbero cambia de tema y le explica a su cliente por qué considera una obra del diablo el invento del avión, un invento inglés, por supuesto; y como el parroquiano lo tacha de poco patriota, responde como un resorte: “No me gustan la bromas, don Simón, yo soy un español muy español”[56] y para compensar su admiración por el avión refiere que el submarino lo inventó Isaac Peral, pero insiste en que el avión es invento de un diablo inglés.

Pero el barbero de las que habla con pasión son de sus navajas, las trata como a damas maravillosas, suaves, encantadoras, dulces, idílicas féminas a las que ama con la pasión del que gusta afeitar y algo más.

Y estando esa mañana a mitad de la faena recibe el aviso por parte de un joven para que acuda a casa de la Pescadora[57] donde está esperándole la Peña de don Julián; como el chico insiste, el cliente se ofrece a volver más tarde para acabar el afeitado, pero el barbero echando mano del saber popular le responde con el dicho: la obligación es antes que la devoción. Y que pronto irá y les recitará El Piyayo[58]que hoy se aprendió de arriba abajo.

Anthony, como buen charlatán, sigue hablando de las navajas de forma un tanto especial: “Margaret es vieja, la heredé de mi padre; barbero en Brighton, Inglaterra, al costado de London, ocho millones y medio de habitantes, solo superado por New York, U.S.A... Margaret es vieja pero tiene alma de niña. Le tengo dedicado un madrigal”[59].

Finalizado su trabajo enumera las tres cosas necesarias para hacer un afeitado perfecto: un artista, un artista y un artista.

Contento con su labor no duda en alabar al cliente, don Simón, remachando lo orgulloso que debe sentirse con su don pues puede llevarlo antepuesto a su nombre porque ha hecho su bachillerato en Vélez[60].

Una vez terminada su tarea, Anthony llega a casa de la Pescadora, lugar de esparcimiento deshonesto donde Don Julián y sus amigos están en el reservado número tres. “La diversión consistía en beber montilla, devorar soldaditos de Pavía[61] y escuchar el cante por Palanca[62] de un señor, ¡Cosas del tiempo viejo! Las mujeres estaban proscritas por el qué dirán, y porque era temprano”[63].

Cuando el barbero entra, saluda, pide una copa y marca su diferencia económica con el resto de los señoritos allí reunidos, afirmando que cualquier día ha de empeñar el sillón para poder alternar con estos caballeros; además dice ser hijo de John Walker y doña Azucena.

El nombre del padre quizás sea un guiño a la famosa marca de whisky, y muy idóneo para un buen bebedor; el de la madre es una referencia a su pureza, puesto que ese es el símbolo de la flor además de ser una advocación de la Virgen María.

Anthony además habla despectivamente del último cliente, al que alabó por su título de bachiller ahora lo tacha de bestia sin conversación y amenaza con hacerle un artístico rasguño en la mejilla derecha la próxima vez que acuda a la barbería.

Don Julián lo jalea como hombre y lo anima a córtale la yugular porque así tendría un acreedor menos, finalizando su parrafada con un grito de ¡Viva España!

Ignacio Aldecoa, con una gran escasez de términos, une al señorito con el régimen franquista y recuerda que más de una ejecución tras la guerra civil fue llevada a cabo para condonar deudas económicas.

Ante tanto jaleo el cantaor protesta y pide respeto a su quehacer; Anthony le respondió con una barbaridad, al final debe intervenir don Julián pidiendo tranquilidad y gritando ¡Viva España!
Para romper el silencio, el barbero pide una botella a cuenta de don Julián, éste lo acepta porque “aquí, aunque no hay dinero, está todo el salero de la tierra de María Santísima. Una botella más y que corra el vino. ¡Viva España!”[64], pero el camarero le recuerda que don Julián ya gastó mucho, por lo que Anthony acepta pagarla, siendo vitoreado por saber gastarse los duros con sus amigos y piden un cante para él.

La profesión de rapabarbas no debía ser muy lucrativa porque otro colega de Anthony en la novela Con el viento solano[65] manifiesta con cierto humor: “Tráete una botella aunque tenga que vender el sillón de la barbería y tirarme a la carretera a dar sustos al mundo”[66].

El cantaor le devuelve la ofensa cantando el crimen que cometió el inglés:

“A la Torre[67] llegó un vapó
Y en el vapó un inglé
Con siete facas o dié
Y un crimencito de amor
Que en la mar se consumó”[68].

El barbero se ofende pero el cantaor le dice que “un crimen es algo que puede hacer cualquier hombre. Yo, sin ir más lejos, sé de uno de don Julián y don Julián sabe que yo lo sé y nunca me ha dicho esta boca es mía o toma diez duros y a callar”[69].

Don Julián sonríe, dice que un crimen está al alcance de cualquiera y se pregunta quién no ha tenido de joven sus más y sus menos con alguien, que eso no es un crimen propiamente dicho, es legítima defensa y que él lo hizo porque tenía que hacerlo, sospechando que a Anthony le pasó lo mismo y concluyó: “Y qué demonio, allá cada uno con su conciencia. Y ahora vamos a dejar el tema y a ponernos alegre. Otra copa y ¡Viva España!”[70]

Contrasta esta frialdad de don Julián al tratar de un crimen que cometió y su falta de remordimientos, con lo acaecido a Sebastián Vázquez, protagonista de Con el viento solano, que tras una noche de vinos y una mañana de aguardientes hirió a un camarero y mató a un guardia civil que lo perseguía, huyó durante cuatro días y al quinto fue a entregarse a la casa cuartel puesto que no podía vivir en perpetua borrachera para acallar sus problemas de conciencia.

El inglés justifica su crimen alegando que le fallaron sus cálculos porque solo quería malherirla pero Sheila estaba muy afilada y le falló el pulso, y que ya pagó con la cárcel su falta. Todos los presente lo comprenden y lo justifican; don Julián manifiesta que quien más y quien menos tiene una pena negra grabada en el corazón por descuido o por lo que sea y que como está triste se piensa emborrachar y grita ¡Viva España!

Este personaje es similar a otros señoritos reflejados en el cuento Caballo de pica[71] que utilizan a cantaores, toreros y demás personas de más bajo nivel económico para su divertimento, tratándolos como muñecos de juego sin pararse a pensar en las consecuencias de sus gracias, como le pasó al pobre torero retirado, Pepe el Trepa, que acaba “como los caballos de pica. El penco estira las patas”[72] para morir entre las risas de los señoritos mientras lo obligaban a beber, con un embudo en la boca, litros de vino. Los señoritos pronto abandonaron la fiesta y su amigo el cantaor Juan Rodrigo solo supo decir: “pero esto no puede ser, no puede ser”[73].

El barbero del cuento regresó a su negocio y los presentes le pidieron que volviese cuando cerrase porque continuarían en el mismo reservado. Mientras salía el cantaor tarareaba unas chuflas[74] por Cobos[75].

Anthony encontró a un cliente esperando y volvió al tema de los aviones y, por supuesto, les presentó a sus amigas las navajas y escogió a Sheila, la hija de Sheila la incomparable que se perdió en el mar, que es como una caricia y como un recuerdo de otro tiempo.

Este personaje está muy bien dibujado por medio de sus palabras; el lector pronto se hace una idea de su carácter, sobre todo cuando habla de conocimientos populares que estarían de moda en su época porque a su segundo cliente le habla de la vuelta al mundo en cuatro días que protagonizaron unos ingleses en avión y que ha leído en el periódico, aunque rápidamente gira la conversación sobre la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano y los dos años que invirtió en su viaje, y en la figura de Colón, afirmando que con cien como Colón a España otro gallo le cantaría y con mil seríamos los amos del mundo, para dejar claro su patriotismo.

Lo que Anthony olvida es que el primer avión lo diseñó y creó el francés Clément Ader; que los hermanos estadounidenses Wright son considerados los inventores del avión y que el brasileño Alberto Santos Dumont fue la primera persona que realizó un vuelo en un avión autopropulsado o que Juan Sebastián Elcano tardó prácticamente tres años en completar la vuelta al mundo en barco ya que inició el viaje junto a Fernando Magallanes, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), el 20 de setiembre de 1519, regresando Elcano al puerto de partida el 6 de setiembre de 1522.

Y volviendo al cuento, cuando el lector descubre su secreto, queda atrapado en el temor de lo que pueda sucederle en la barbería a cualquier cliente el día que le tiemble el pulso o le falle el cálculo al inglés dicharachero.

Sirvan estos dos cuentos para actualizar el valor de la obra literaria del escritor vasco quien supo mostrar en sus cuentos, en sus novelas, aquello que se ocultaba tras una apariencia anodina, vulgar, a veces triste, a veces cruel, desvelando esas vidas que vemos pasar junto a nosotros sin apreciar su drama particular ni su sordidez.

Ignacio Aldecoa dijo que ser escritor es una actitud en el mundo, y fiel a su compromiso vio y observó a la pobre gente de España en esa sociedad en la que le tocó vivir y dejó constancia de su compromiso en sus obras, siempre preocupado por la realidad española cruda y tierna a la vez, y que hasta entonces estuvo fuera de nuestra literatura de posguerra.

Por último recordar que el escritor español añoraba para él el bello epitafio que en Samoa le habían escrito a su admirado Robert Louis Stevenson: “Aquí yace Tusitala, el narrador de historias”; en su honor se puede afirmar que en Torre del Mar, Tusitala escribió dos interesantes cuentos que reflejan dos diferentes formas de enfrentarse a la vida.






[1] Este cuento fue publicado por primera vez en la revista Ateneo, enero 1955, con el título inicial Pedro Sánchez, entre el cielo y el mar.
[2] Este cuento se publicó por primera vez en la revista Atlántica, enero-febrero 1955, con el título inicial Anthony, el inglés dicharachero.
[3] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995.
[4] Ibídem: p. 14.
[5] Realmente se llamaba Pensión La Española, estaba ubicada en la antigua Carretera Nacional 340, hoy Avenida de Andalucía, número 77, haciendo esquina con el Paseo de Larios. Era el lugar preferido de los camioneros para almorzar.
[6] Serían los únicos turistas porque por aquel entonces vivían en la pensión el médico Ernesto García Toré y el primer veterinario de Torre del Mar, José Agüera Méndez, según recuerda Juana Peralto Peralto, hija de la dueña de la pensión.
[7] ALDECOA, Josefina: En la distancia, Madrid, 2004, p. 91.
[8] Ibídem, p. 91.
[9] Pico: Pañal triangular de bebé, generalmente de tejido afelpado que se reutilizaba una vez lavado. Hoy en desuso gracias a los pañales desechables.
[10] ALDECOA, Josefina: En la distancia, Madrid, 2004, Ibídem, p. 92.
[11] En Torre del Mar no existía un casino, quizás se refiriera al bar de Ávila, sito en la calle del Mar número 28, donde por las tardes se jugaba al dominó y solo era frecuentado por hombres. Años más tarde existió en localidad un local llamado La Peña que funcionaba como un casino, en la calle Santa Margarita número 13.
[12] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 14.
[13] Ibídem, p. 13-14.
[14] ALDECOA, Josefina: En la distancia, Madrid, 2004, p. 91.
[15] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 5.
[16] ENCINAR, Ángeles y VALCÁRCEL, Carmen: Ignacio Aldecoa. Maestro del cuento: nuevas perspectivas sobre su obra y antología de cuentos. Madrid, Edaf, 2011.
[17] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 13.
[18] CABALLERO BONALD, José Mª: “Parte de una historia”, ABC, 11-11-1994. Consulta 29 agosto 2016
[19] MARTÍN GAITE: Carmen: “Amigo sin cuento”, ABC, 11-11-1994. Consulta 29 agosto 2016.
[20] El Copo es un arte de pesca tradicional y malagueño. Una cuadrilla de hombres lanza la red a unos cuarenta o cincuenta metros del rebalaje, tirando después de ella hacia la playa con la “tralla” (cordel con un corcho anudado en su punta que los marengos arrastran con el hombro) prendida en la “beta” (maroma que sale de la red hacia la orilla) hasta sacar la red de la mar.
[21] ALDECOA, Ignacio: Cuentos, Madrid, Cátedra, 19816, p. 57.
[22] Ibídem, p. 58.
[23] VILUMARA, Martín: “Los cuentos completos de Ignacio Aldecoa”, Revista Triunfo, consulta 20 de agosto de 2016. file:///C:/Users/Casa/Desktop/Ignacio%20Aldecoa/RTXXVII-N554-P55.pdf
[24] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 423.
[25] MATUTE, Ana Mª: Prólogo en ALDECOA, Ignacio: La tierra de nadie y otros cuentos, Navarra, Salvat Editores, p. 9.
[26] CONTE, Rafael: “Cuentos completos (1949-1968) Ignacio Aldecoa. ABC, 14-04-1995. Consultada 28 agosto 2016) http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/1995/04/14/007.html
[27] LLANOS DE LOS REYES, Manuel: “Ignacio Aldecoa, escritor de cuentos”, Universidad de Murcia. Consulta 29 de agosto de 2016.

[28] RODRÍGUEZ, Juan: “Novelistas españoles del siglo XX: Ignacio Aldecoa”, consulta 25 de agosto de 2016) http://web.archive.org/web/20111108053952/http://www.march.es/publicaciones/pasadas/ensayos/pdf/ialdecoa.pdf
[29] Venancio es un nombre que les suena a algunos pescadores mayores de Torre del Mar, aunque no recuerdan a ningún patrón con ese nombre.
[30] ALDECOA, Ignacio: Cuentos, Madrid, Cátedra, 19816, p. 58
[31] Esta mezcla suele llamarse palomita de anís y debe su nombre al color opalescente que toma la mezcla del agua con el anís. Se dice que es refrescante, tonificante y digestiva.
[32] Ibídem, p. 59.
[33] Traíña: Trainera.
[34] Me contó Miguel Guerrero Perdiguero que esta traíña vino de Castell de Ferro, Granada, su propietario se llamaba Manuel Canilla, llegó a Torre del Mar acompañado de sus hermanos Antonio y Jaime, de ahí el nombre del barco. Solía estar varada frente al Saladero y la Comandancia de Marina.
[35] El bar Sixto en aquella época estaba ubicado en la actual calle Acera de la Marina, cerca del Saladero y de la Comandancia de Marina. Era un bar de poca monta, tenía un gran escalón en la entrada y era visitado sobre todo por los pescadores.
[36] Vélez-Málaga.
[37] Bebida, mezcla de vino moscatel y vino blanco.
[38] ALDECOA, Ignacio: Cuentos, Madrid, Cátedra, 19816, p. 61.
[39] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 102.
[40] ALDECOA, Ignacio: Con el viento solano, Barcelona, Planeta, 19703, p. 36.
[41] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 437-438.
[42] ALDECOA, Ignacio: Cuentos, Madrid, Cátedra, 19816, p. 61.
[43] Ibídem, p. 61.
[44] Ibídem, p. 62.
[45] Ibídem, p. 62.
[46] Young Sánchez es el protagonista del cuento con igual título dedicado al escritor malagueño Manuel Alcántara, en el que se narra la vida de un mecánico que aspira a salir de la miseria por medio del boxeo aunque sabe que los de su clase no suelen tener buena estrella.
[47] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 447.
[48] CASA, Ana: “Actualidad de los cuentos de Ignacio Aldecoa,(consulta 26/08/2016) file:///C:/Users/Casa/Downloads/actualidad-de-los-cuentos-de-ignacio-aldecoa%20(6).pdf
[49] El primero es Manuel Díaz Granados, fue guardia civil y fundador del bar La Cueva en la calle San José número 3, hoy está situado en el Paseo de Larios número 12, debe su nombre a lo bajo que era el dintel de su puerta de entrada.
[50] El segundo es Cristino Guerra Gómez, compadre y hombre de confianza del primero, encargado de la cocina del bar La Cueva y creador de la tapa llamada Periana.
[51] El tercero es Antonio Jiménez González, cantaor de flamenco conocido como Antonio de Canillas, nacido el 21 de agosto de 1929 en Canillas de Aceituno (Málaga) de donde es hijo predilecto. Es el más veterano de los cantores malagueños.
[52] Aurelio Boza Aragüez era un peluquero con local abierto en la hoy Avenida de Andalucía número 81, a escasos metros del bar La Cueva, en su barbería siempre se escuchaban los cantes de Marchena, según me contó su primo José Aragüez Guirado. Pepe Marchena, también conocido como el Niño de Marchena, natural de Sevilla, llamado José Pérez Tejada, destacó por sus estilos en fandangos, tarantas y malagueñas, creó la colombiana, el único palo creado en el siglo XX.
[53] Ninguno de los vecinos de aquella época recuerda este apellido, quizás fuese Atencia, patronímico conocido en Torre del Mar; si lo fuese, podría referirse a José Atencia Navas, panadero venido de Torrox, con obrador en la calle San Andrés número 10, que tenía un patio con árboles frutales, aunque sus familiares no recuerdan si plantaba guindillas.
[54] Federico Mayoni Calvo tenía una carnicería que daba a dos calles situada en la actual calle del Mar número 31, era conocido además por que cantaba muy bien.
[55] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 32.
[56] Ibídem, p. 347.
[57] La Pescadora era un prostíbulo de fama situado en la localidad de Vélez-Málaga, en una calle aledaña al Palacio de Beniel llamada Callejón del Palacio.
[58] El Piyayo es un poema de tono humorístico escrito por José Carlos de Luna en honor de Rafael Flores Nieto, malagueño de El Perchel, cantaor y guitarrista flamenco de origen gitano que aportó al flamenco unos tangos conocidos como “Cantes del Piyayo”; su guitarra se conserva en la Peña Juan Breva de Málaga.
[59] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 348.
[60] Ignacio Aldecoa ironizaba con el título del cliente o desconocía que el primer Instituto de Bachillerato en Vélez-Málaga se inauguró en el año 1963 con el nombre de Reyes Católicos. En el año 1954 el alumnado que quería estudiar bachillerato acudía a la academia de D. Manuel del Valle  en Vélez-Málaga y después se desplazaba a Antequera para examinarse por libre.
[61] Los soldaditos de pavía son unas largas tiras de bacalao remojado, empanadas en una pasta de freír, coloreadas con unas hebras de azafrán.
[62] José Lebrón López, más conocido como José Palanca, fue un cantaor payo de Marchena, Sevilla, muy famoso por su Fandangos, muy personales y creativos e imitados por otros artistas.
[63] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 349.
[64] Ibídem, p. 349.
[65] Con el viento solano fue llevada al cine con el mismo título en 1965 dirigida por Mario Camus.
[66] ALDECOA, Ignacio: Con el viento solano, Barcelona, Planeta, 1982, p. 11.
[67] Los vecinos de Torre del Mar suelen suprimir la segunda parte del nombre de la localidad cuando hablan entre ellos.
[68] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 350.
[69] Ibídem, p. 350.
[70] Ibídem, p. 350.
[71] Su primer título fue La muerte de un ex torero y fue llevado al cine bajo la dirección de José Antonio Páramo en 1974.
[72] ALDECOA, Ignacio: Cuentos completos, Madrid, Alfaguara, 1995, p. 130.
[73] Ibídem, p. 130.
[74] Las Chuflas, en el flamenco, son una modalidad de cante, baile y toque desenfadado, de carácter burlón y festero. Están disueltas hoy en las bulerías.
[75] Manuel Celestino Cobos (Jerez de la Frontera-Madrid) es conocido en el mundo del flamenco como Cobitos, fue un artista clásico, con un estilo inconfundible, que destacó en muchos cantes de variadas formas.


Este artículo es un capítulo del libro: GOMEZ YEBRA, ANTONIO A.:Estudios sobre el Patrimonio Literario Andaluz VII , Málaga, AEDILE, 2017, pp. 118 - 136.