Adriana y el Bosque de los Susurros
Texto: José Molero Fernández
Ilustración: 978-84-124243-9-3
Editorial Strogoff
148 x 210 mm, 180 páginas,
(+ 8 años), 14,50 €,
2026.
Por José R. Cortés Criado.
“…pero ahora me escondo en el armario no por miedo, sino porque en él vivo momentos de fantasía. Me gusta meterme en él para soñar e imaginarme cuentos fantásticos.” José Molero Fernández: Adriana y el Bosque de los Susurros.
Estamos ante un cuento donde la fantasía es el centro. Me recuerda los clásicos libros que se preocupan porque la fantasía está desapareciendo, la vida se vuelve gris y los niños andan algo perdidos, pero envalentonados frente al aburrimiento.
La protagonista, Alicia, tiene su agujero por donde entrar en un mundo fantástico, el armario ropero de su dormitorio, lo descubrió en su primera infancia, cuando temerosa se ocultaba entre los abrigos y su imaginación volaba a mundos únicos.
Así, la niña está deseando llegar a su casa para introducirse en esa máquina mágica que la transporta a lugares de ensueño. Cada día es una travesía única que tiene sus antecedentes en lo aprendido en clase por esta alumna espabilada con una imaginación extraordinaria.
En sus primeras entradas conoce los susurros del bosque, protege a un cervatillo herido, hace amistad con un viejo roble que tiene mucho humor, es capaz de hablar con árboles, pájaros y demás habitantes de su bosque imaginado; también se encuentra con un conejo que no es el de la otra Alicia, este es el de la chistera del mago; sabe cuantos metros de seda genera un gusano, charla con un ingenioso espantapájaros y hasta con un robot que recoge información sobre las plantas, traba amistad con mariposas y ardillas voladoras, con el famoso rey Midas, visita casas abandonadas y celebra una Navidad muy especial para finalizar el libro.
Alicia evoluciona a través de esos viajes que la animan a charlar con ella misma y sus amigos imaginarios, a escuchar los silencios del bosque y a soñar con mundos paralelos mientras deja de ser esa niña medrosa, elimina sus miedos y madura emocionalmente al poner en práctica algunas de las cosas aprendidas en clase.
El libro, más que una historia infantil, presenta una recopilación de cuentos escritos con maestría y suficiente sensibilidad como para llegar a las mentes infantiles y transportarlas a lugares mágicos donde disfrutar mientras se lee.
Esta Adriana y su bosque susurrante me recuerda los cuentos clásicos que pueden contarse con voz serena o leer sosegadamente dando rienda suelta a la imaginación de las almas infantiles.
El libro muestra algunas escenas de la trama dibujadas al carboncillo por José Molero Fernández que, gracias a los tonos grises se rodean de un halo de misterio, en contraste con la luminosidad que muestran la portada y contraportada.

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