domingo, 8 de abril de 2018
Me llamaba Simbad de Francisco Castro
sábado, 7 de abril de 2018
"Apestoso tío Muffin" de Pedro Mañas
jueves, 5 de abril de 2018
"Precisamente así" de Rudyard Kipling
miércoles, 4 de abril de 2018
Luna de Patricia Hegarty y Britta Teckentrup
martes, 3 de abril de 2018
"Una cucharada de secretos" de Linda Chapman
En este volumen la protagonista, Hannah, hija de la dueña de la pastelería, nos cuenta en primera persona sus vivencias en el nuevo pueblo donde se han mudado una vez que su mamá se volvió a casar.
Ahora tiene dos hermanitas mellizas, un nuevo papá y una pastelería que poco a poco se van convirtiendo en un lugar muy concurrido por la vecindad.
Pero los problemas de Hannah, además de su preocupación por ser una buena repostera, se acrecientan con su amiga Mía, chica supertímida, que no sabe cómo encajar en la sociedad y que se dedica a imitar a la chica de su grupo de amigas que más le llama la atención, Misha.
Mia quiere ser una copia de la otra, quiere tener la misma ropa, el mismo corte de pelo, el mismo bolso...e incluso abandona el taller de pastelería porque cree que a Misha no le gusta.
Entre esta inseguridad, los problemas de otro amigo, George, con el tenis y su madre, el artículo que han de escribir para la revista del centro sobre pasteles y las travesuras de sus pequeñas hermanas se pasa el libro, que recoge los problemas de unas chicas en edad escolar relativo a su madurez y a su vida en comunidad.
Es una historia tranquila, de familias perfectas con pequeños problemas cotidianos que encuentran fácil solución entre dulce y dulce.
Para los amantes de la repostería es un libro excelente en el que, de vez en cuando, se intercalan recetas y trucos de cocina para principiantes.
Es un libro muy femenino, contado desde una óptica infantil, ambientado en una sociedad amable, educada y sin sobresaltos.
Una historia tierna como el pan recién hecho que se lee con suma facilidad y hace pasar un rato entretenido.
lunes, 2 de abril de 2018
Día Internacional del Libro Infantil 2018.
DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL 2018
Los libros hacen grande lo más pequeño
Las personas tienden al ritmo y a la regularidad, de la misma forma que la energía magnética organiza las virutas de metal en un experimento de física, de la misma forma que un copo de nieve crea cristales a partir de agua. Ya sea en un cuento de hadas o en un poema, a los niños les gusta la repetición, los refranes y los motivos universales porque pueden reconocerse una y otra vez; dan regularidad a un texto. El mundo adquiere un orden precioso. Aún recuerdo que de niña luchaba conmigo misma por defender la justicia y la simetría, la igualdad de derechos para la izquierda y la derecha: si tamborileaba con los dedos una melodía sobre la mesa, contaba cuántas veces debía golpear con cada dedo para que los demás no se sintieran ofendidos. Solía aplaudir dando una palmada con la mano derecha sobre la izquierda, pero pensé que eso no era justo y aprendí a hacerlo al contrario, con la izquierda sobre la derecha. Por supuesto, este afán instintivo de equilibrio resulta gracioso, pero lo que muestra es la necesidad de evitar que el mundo llegara a ser asimétrico. Tenía la sensación de ser la única responsable de todo su equilibrio.
La inclinación de los niños hacia los poemas y las historias surge, igualmente, de su necesidad de llevar regularidad al caos del mundo. Desde la indeterminación todo tiende hacia un orden. Las canciones infantiles, las canciones populares, los juegos, los cuentos de hadas, la poesía… son formas de existencia rítmicamente organizadas que ayudan a los más pequeños a estructurar su presencia en el gran caos. Crean la conciencia instintiva de que el orden en el mundo es posible y que todas las personas tienen en él un sitio único. Todo fluye hacia este objetivo: la organización rítmica del texto, las series de letras y el diseño de la página, la impresión del libro como un todo bien estructurado. La grandeza se revela en lo más pequeño y le damos forma en los libros infantiles, incluso cuando no estamos pensando en Dios o en los fractales. Un libro infantil es una fuerza milagrosa que promueve el enorme deseo de los pequeños y su capacidad de ser. Promueve su coraje para vivir.
En un libro, los pequeños siempre son grandes, de manera instantánea y no solo cuando llegan a adultos. Un libro es un misterio en el que se encuentra algo que no se buscaba o que no estaba al alcance de alguien. Lo que no pueden comprender lectores de una cierta edad permanece en su conciencia como una impronta y continúa actuando aun cuando no lo entiendan completamente. Un libro ilustrado puede funcionar como un cofre del tesoro de sabiduría y cultura incluso para los adultos, igual que los niños pueden leer un libro destinado a adultos y encontrar su propia historia, un indicio sobre sus vidas incipientes. El contexto cultural modela a las personas, estableciendo las bases para las impresiones que llegarán en el futuro, así como para las experiencias más difíciles a las que tendrán que sobrevivir sin dejar de ser íntegros.
Un libro infantil representa el respeto por la grandeza de lo más pequeño. Representa un mundo que se crea de nuevo una y otra vez, una seriedad lúdica y preciosa, sin la que todo, incluida la literatura infantil, es simplemente un trabajo muy pesado y vacío.






