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viernes, 20 de mayo de 2022

"Historias de miedo en el faro" de Daniel Hernández Chambers

Historias de miedo en el faro

Texto: Daniel Hernández Chambers

Ilustración: Jorge del Corral

Editorial Edebé

ISBN: 978-84-683-5607-5

180 páginas, (+ 12 años)

10,35 €, 2022.



Por José R. Cortés Criado.

“La Chapelle pensó en hacer una demostración más de su crueldad. Sabía que no había cadenas más fuertes que las del miedo.” Daniel Hernández Chambers: Historia de miedo en el faro.


En esta novelita se cuentan historias de miedo, algunas dan más repelús que otras, pero la que estremece de verdad es el final; en el último párrafo, el que pone de manifiesto el verdadero pavor y sobresalta al lector.

La trama es bien sencilla y se ha utilizado en otras obras. Hernández Chambers la hace suya y nos atrapa a los lectores con su buen hacer; así que seguimos a estos cuatro jovencitos la noche que deciden pasarla en el faro del pueblo contándose historias horripilantes.

Llegan a él en un bote, se instalan y comienzan a contar relatos de miedo, pues ese es el motivo del viaje. Dos chicos y dos chicas que desean pasar una noche excepcional antes del fin del verano y la vuelta de tres de ellos a sus lugares de origen.

Las historias inventadas son únicas e intrigantes. La tipografía cambia para destacar los textos creados por los protagonistas y el lector se adentra en ellos y las vive como propias, porque tienen el poder de embaucarnos.

Entre relato y relato el narrador nos pone al corriente de la tormenta que se desata, conocemos lo que piensan los personajes y notamos que estamos ante unos buenos narradores capaces de hacernos sentir temor y recelo conforme avanzamos en su lectura.

Lo que no sospechamos, en ningún momento, es que el verdadero final forma parte de otra historia y no está contada por los jóvenes. Entonces nos sobresaltamos y terminamos de encajar la última pieza de este libro.

El autor termina por sorprendernos con su agilidad narrativa, la facilidad con que nos lleva a su mundo de papel y un final que nos coge desprevenidos. Libros como este hacen buenos lectores a pesar del miedo que contienen.

La trama se ve acompañada de unas buenas ilustraciones en blanco y negro de Jorge del Corral que nos muestran a los protagonistas del relato en determinadas escenas contadas.

Si quieres conocer otros libros de Daniel Hernández Chambers pincha aquí. 

Si quieres conocer otro libro ilustrado por Jorge del Corral pincha aquí. 

domingo, 18 de octubre de 2020

"Zlateh, la cabra y otras historias" de Isaac Bashevis Singer

Zlateh, la cabra y otras historias

Texto: Isaac Bashevis Singer

Ilustración: Maurice Sendak

Editorial Kalandraka

ISBN:978-84-8464-446-0

150 x 225 mm, 104 páginas

15 €, (+ 8 años) 2019.


Por José R. Cortés Criado.


Dedico este libro a los muchos niños que no han tenido la posibilidad de crecer por culpa de guerras estúpidas y persecuciones crueles que devastaron ciudades y destruyeron a familias inocentes. Confío en que, cuando los lectores de estas historias lleguen a ser hombres y mujeres, amen no solo a sus propios hijos sino a los niños buenos que hay en todas partes.” Isaac Bashevis Singer: Zlateh, la cabra y otras historias.


Nos encontramos ante una selección de cuentos judíos que nos acercan su folklore, su cultura, por medio de la palabra de Isaac Bashevis Singer, uno de los grandes autores yiddish, que se hizo con el Premio Nobel de Literatura. Nació en Varsovia y emigró a Estados Unidos huyendo de la represión nazi. Sus historias hablan de sus tradiciones y de su pasado europeo.

Acompaña al texto una colección de dibujos de Maurice Sendak, persona que renovó la literatura infantil con sus libros. En su haber tiene muchos galardones, destacar el Premio Andersen, el equivalente al Nobel de Literatura para la LIJ. Así que el lector tiene en sus manos un libro escrito e ilustrado por dos hombres muy importantes en el mundo de la Literatura.

Ambos autores son judíos de origen polaco. No vivieron la ocupación alemana de su país pero sí reflejaron sus tradiciones en sus historias. Los textos tienen ese aire anejo que recuerda los cuentos de tradición oral; las ilustraciones son unos estupendos grabados llenos de pequeños detalles.

Todas estas historias tienen un hilo conductor, transcurren en un lugar donde todos son tontos, a partir de ahí cualquier disparate nos parecerá adecuado a sus protagonistas, nos provocará risa o desconcierto a la par que nos informa de algunas festividades judías, sus celebraciones y las comidas típicas de esas efemérides.

El primer relato, El paraíso del necio, su protagonista, Atzel, tiene una enfermedad muy rara, se imaginaba que estaba muerto y como tal quiere ser tratado y hasta se cree que ha pasado a mejor vida.

El segundo, El cuento de la abuela, además de conocer el juego de dreidel, típico de las fiestas de Janucá, conoceremos al diablo que con apariencia humana quiere jugar con los niños de una familia hasta que descubren que no tiene sombra y...

El tercero, Nieve en Chelm. Chelm es el pueblo de los necios necios, ya sean jóvenes o mayores. Tan necios, que cierta mañana sus habitantes creyeron descubrir tantas riquezas que consultaron a los ancianos para mejor conservarla y sus ideas fueron la mar de disparatadas.

El cuarto, Los pies enredados y el novio lerdo. El novio era lerdo de verdad, todo regalo que recibía de sus suegros lo perdía, pero la novia y sus hermanas no se quedaban cortas. Como dormían en la misma cama, cierto día no pudieron levantarse porque no eran capaces de encontrar sus propios pies.

El quinto, El primer Shlemiel, era un vago redomado y un inútil. Su mujer no sabía qué hacer con él y cierto día que se fue al mercado le dio tres encargos: vigilar al niño, vigilar al gallo y no comerse un bote de mermelada. Todo lo hizo al revés y si esto fue poco, más estrafalarias fueron las conclusiones de los siete ancianos a los que acudieron a pedir consejo.

El sexto, La trampa del diablo, en este relato el joven David consigue atrapar la cola del diablo con la puerta de su casa y gracias a eso consigue que este le devuelva a sus padres; en esta ocasión el más lelo es el diablo.

El séptimo y último es el que le da título al libro, Zlateh, la cabra. Una pobre cabra ya vieja y seca que la familia quiso vender; cuando era llevada al mercado por un niño se perdieron en medio de una nevada, menos mal que la cabra era muy inteligente y se portó como una heroína.

Cada cuentecito tiene sus propias ilustraciones, cargadas de detalles, semejantes a los clásicos grabados. En todas ellas aparecen los personajes ataviados con la ropa adecuada a su época, a sus tareas y a su ambiente, ya sea acostado con su gorro en la cabeza, con sus animales, en la soledad del campo, en medio de la nevada o ante la presencia del diablo.

Bonito clásico de la Literatura Infantil y Juvenil, con más de cincuenta años, que la editorial Kalandraka ha tenido a bien presenta en esta cuidad edición de pastas duras, que gustará a los lectores ávidos de buenas historias.

sábado, 2 de junio de 2018

"La fuga de los personajes VIII. Lo que acaeció cierto día que se encontraron Jacob y Wilhelm Grimm con Charles Perrault" de José R. Cortés Criado

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VIII. Lo que acaeció cierto 

día que se encontraron 

Jacob y Wilhelm Grimm con 

Charles Perrault.







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Por José R. Cortés Criado.

Lo que acaeció cierto día que deambulaban por la Gloria de los Cuentistas estos insignes señores; por un lado caminaba despacito y meditando en su soledad un señor llamado Charles Perrault, de origen francés, ¡ay, lo que echaba de menos la ciudad de París! Es que los parisinos son así.

Por otro venían dos hermanos, Jacob y Wilhelm Grimm, platicando de sus recuerdos berlineses y de esos cuentos de hadas que todos conocen como los cuentos de los hermanos Grimm.

Cuando confluyeron en la plazoleta de la fuente de las tres gracias se pararon a contemplar los saltos de los surtidores  y la belleza de las tres damas, uno giraba de derecha a izquierda y los otros de izquierda a derecha, los tres mirando hacia el interior de la fuente y, como es lógico, se chocaron y en ese momento se reconocieron.

Jacob le dijo a su hermano:

-Ese que ves es Charles Perrault.

-Por supuesto que sé quién es, ¿qué te crees?- le espetó Wilhelm expresándole su malestar por considerarlo un despistado.

- ¡Buenos días nobles hermanos!- Fue la respuesta de ese señor con enorme pelambrera que estaba sentado en el suelo.

Lo ayudaron a levantarse y se acomodaron en un banco cercano que recibía los rayos del solecito primaveral, que tan bien le vienen a las almas benditas de este paraíso.
Y como una cosa lleva a la otra, después de los saludos, parabienes y mejores deseos, hablaron de cuentos, ¡por algo son cuentistas!

Y aquí salió Caperucita Roja, ¿cómo no? Si tanto el francés como los alemanes escribieron su versión de esa historia antiquísima y comenzaron las comparaciones y algún que otro dardo verbal cruzó el aire.

-No sé por qué escribieron una moraleja al final del cuento, a mí me llegó la versión en la que cada cual sacaba sus conclusiones y santas pascuas, pero ustedes tenían que marcarlo todo muy clarito como si los lectores fueran tontos.

- Pues sí, Monsieur Perrault, nosotros escribimos al final que la niña llamada Caperucita Roja, después de la experiencia, siempre hizo caso a su madre y nunca se desvió del camino ni caminó sola por el bosque.

- No me convence usted, Herr Jacob, no hay que dar consejos, ni medio consejo. – Levantó el dedo índice de su mano derecha-. Además, por qué sitúan a la abuelita en medio de un bosque, si vivía en un pueblo, en las afueras, pero en un pueblo, no sola en medio de muchos árboles.

- Es que nos pareció más adecuado. Igual que nos gusta más pensar que el lobo la engaña diciéndole que debería llevarle un ramo de bonitas flores a su abuelita, es más humano que solo decirle que siga por un camino nuevo, creo que es menos creíble- remachó Wilhelm.

- Bueno, menos creíble…, mejor será decir menos literario, yo procuré no adornarlo mucho y contarlo tal como llegó a mis oídos. También discrepo con ustedes en esa advertencia de la madre para que no abandone nunca el camino, me parece mucha enseñanza de la disciplina familiar.

- Señor, señor- meneó la cabeza de derecha a izquierda Jacob-. Hay temas que usted trata con suma frescura, como hacer que Caperucita se desnude y se meta en la cama con el lobo. ¡A dónde vamos a llegar! Eso sí que es muy literario y algo más que me callo por respeto a los pequeños que siguen este diálogo.

- Diga lo que piense, no sea cobarde. La vida es de los valientes. Yo acabé mi versión con la comilona del lobo. El final es que el lobo se come a la abuela y a la nieta y punto. Nada de consejos, que de sentencias estamos ya un poco cansados.

- Sí, muy bonito, pero en su cuento triunfa el mal. El malvado no recibe castigo alguno, y… ¡hasta ahí podíamos llegar! – elevó un poco la voz el tranquilo Jacob.

- ¿Y qué? ¿Es que en la vida real siempre triunfa el bien? Pues mire a su alrededor y comprenderá que eso es una falacia. Yo creo que el final sin castigo al lobo es adecuado, pero el que ustedes relatan es hacer a Caperucita cómplice del suplicio del pobre lobo.

- De pobre nada, que es una mala bestia- dijo con malhumor Wilhelm-, a nosotros nos parece muy bien que sea la pobre niña la que le llene la barriga de piedras al lobo y que este fallezca en el río próximo a la vivienda de la abuela.

- ¡Allá ustedes! No soy amigo de moralejas, pero esto no es nada comparado con las millones de versiones diferentes que se han escrito desde nuestros tiempos.

- En eso estamos los tres de acuerdo, ¿verdad Wilhelm? Creo que nosotros pasamos a papel la historia tal como nos llegó y la consideramos más adecuada para que, en este caso, las jovencitas no fuesen casquivanas y obedeciesen a sus madres.

- Bueno, si yo llego a sospechar la de versiones que se iban a hacer de este clásico hubiese escrito más de una, aunque no tan ingeniosas como las del siglo XXI. Es que la sociedad ha evolucionado de una forma que nunca llegué a sospechar, sino ya me hubiese encargado yo de hacerla viajar a lugares maravillosos, ya sea la ciudad de Nueva York, el río Amazonas o incluso enviarla a la luna- afirmó Wilhelm.

- ¡Ea! Nos tocó vivir en nuestra época y lo hicimos lo mejor que supimos. Las nuevas generaciones de escritores, contadores o recitadores, ya sean abuelas, madres, padres,  o vete tú a saber quién sabrán cómo adornar esta historia que permanece en nuestro acervo cultural para que los nuevos lectores lo acepten como verosímil y la cadena creadora no se rompa jamás.

- ¡Exácto! ¡Correcto! Eso mismo pienso yo Monsieur Perrault, y creo que mi hermano también, porque asiente con su cabeza; así que no nos dediquemos a ajustar cuentas de algo que hicimos hace muchos años.

- Por mi parte está todo dicho, únicamente quiero añadir que solo espero que esta historia siga viva y se vaya enriqueciendo día tras día a lo largo de los siglos, como me llamo Charles Perrualt.

- Así sea. Esto solo depende de los lectores y de los contadores de historias, de ellos es la responsabilidad, ¿verdad hermano Wilhelm?

- Verdad verdadera, Jacob.

Los tres escritores siguieron platicando pero la temática era diferente, así que los dejamos charlar amigablemente bajo este sol primaveral.


miércoles, 30 de mayo de 2018

"El paseo de María Zambrano y Joaquín Lobato por la III Bienal de Arte y Escuela de Torre del Mar".


El paseo de la filosofo María 

Zambrano y del poeta pintor Joaquín 

Lobato por la III Bienal de Arte y 
Escuela de Torre del Mar.

Por José R. Cortés Criado.

-María, María, Maricuela, Maruja, Mariquilla… ¡¡¡María!!! Despierta de tu siesta que ya se fueron los últimos visitantes.

- ¡Oh, Joaquín!, ¿qué te pasa? ¿A qué vienen esas prisas?

- Vamos a dar un paseo que llevamos muchas horas aquí quietos pegados a estas cajas de fresas.

- ¡Ay, Joaquín, qué niño eres! Vamos, pero sin prisas que no estoy para muchos trotes.







-¿En qué piensas?

- En todo y en nada. Como decía mi madre mi cabeza es como la válvula de una olla exprés, siempre está dando vueltas y más vueltas a las ideas.

- ¿y?

- Pues eso, que recuerdo las palabras de un guía, de esos jubilados jubilosos que están toda la mañana dando vueltas con una troupe de niños zangolotinos intentando hacerles ver algo de arte, y es que el hombre ponía mucha voluntad, delante de mí les regañó porque no sabían quién era yo, como si yo fuese una diva de la canción o una estrella televisiva; menos mal que una niña sabía que la estación del tren de Málaga lleva mi nombre.

- Es que la filosofía nunca estuvo de moda y menos en estos tiempos que corren. Ten en cuenta que a mí me conocen algunos porque soy el nombre de su instituto.

- Anda, y a mí también, pero poco más, aunque los alumnos dicen que estudian en el María, se les olvida el apellido, cosa curiosa, ¿no?

- Vale, pero vamos a ver los sombreros.

- También me impresionaron los comentarios infantiles sobre el cuadro que está  frente de mí, la guía les decía: “aquí hay arte, se ve la fuerza del pincel”, y uno respondió, “parece una cebra”, otro que “debajo hay otra pintura, parece que han aprovechado un tablero viejo” y, por último uno expresó: “yo veo una cárcel”.






















- ¡Ay! ¡Qué pesimista te veo esta tarde!

- No es pesimismo es reflexión, me ha hecho pensar en los tiempos oscuros de nuestro país cuando la ideas vivían entre rejas, algunos en el exilio y otros ocultando sus pensamientos. Ojalá nunca más vuelvan tiempos tenebrosos y las cárceles no sean para las ideas, ni haya puertas que cierren el paso a la vida, a la libertad, a una sociedad mejor, como ese señor del piso superior que quiere cerrar la puerta a decenas de zapatos que llegan ante él.

- No sigas por ahí, que también tengo yo mi ración de tristeza, otra vez se fue abril y tampoco fui a París.

-¡París! ¡París! Ok là là.

- Vamos a ver los nidos hechos con tanto mimo, los sombreros elegantes y los zapatos mágicos.


- Vamos, pero no me hagas posar con ningún sombrero que mi coquetería ya pasó, solo vamos a pensar cómo será la persona que sea capaz de salir a la calle con él o con uno de esos pares de zapatos.

- ¡Ay, librepensadora! Eres más creativa que yo.

- Mira, Joaquín, ese magnífico cubo de colores. Volvamos a mirarlo, no me canso de hacerlo.

- Sí, pero con una condición, un ratito solamente, que luego te quedas extasiada ante tanto color y tanto ingenio, nos cansamos, volvemos a nuestro espacio y no vemos nada, que te conozco.

- De acuerdo, un momentito nada más.

- Luego no me digas de recrearte en la observación de los globos multicolores llenos de lunares, que ya casi los he contado todos, ¡hay que ver el ingenio de esa japonesa y lo bien que lo han hecho los niños!

- Pero en el corral de Antonio Hidalgo sí, ¿eh? Que tu barroco amigo tiene mucha gracia con sus pinceles.

- Sí, es verdad, desde siempre Antonio destacó por su estilo tan peculiar de reflejar lo que ve. Me encanta su colorido.


- ¿Y este móvil con los cuadros de Eugenio Chicano?

- Maravilloso, Eugenio es un gran pintor y una buena persona; está muy bien representado en esta bienal, tengo entendido que ha trabajado mucho con los niños de un colegio.

- Enseñar, educar, alumbrar las tinieblas del desconocimiento, ¡qué trabajo tan interesante el de maestro!

- Vamos, María, no te detengas con el movimiento del móvil de alambre y telas, que sí, que es motivo de reflexión y análisis de la vida, pero ahora no tengo ganas de hablar de eso, sigamos el paseo.

- Tú tienes ganas de verte en los otros dos dibujos tuyos, a mí me encanta el que hay que ver desde lejos, creo que ha sido el montaje más fotografiado de toda la exposición.

- Bueno, guapo que es uno, ¿qué quieres que te diga?

- Anda vamos a las carpas, que sé que quieres llegar al pasero y ver si se cumplió alguno de tus sueños, y de seguir viendo las cadenas de imágenes o las fotografía retocadas por pequeños artistas, pero no me hagas meternos bajo el dragón que yo ya no estoy para esas cosas.

- Vale, te prometo que estaré tranquilo.

- Eso no me lo puedo creer, si sigues siendo un chiquillo inquieto y curioso.

- También veremos las maquinarias construidas con palillos y cartones, y los bancos hechos con materiales de desecho y esa medusa y…

-  Después prométeme que iremos a ver la jungla de la clase, ¡qué graciosas esas sillas transformadas en animales!, y las decenas de grullas de la paz, y esa montaña de libros y esos trabajos históricos…

- Para María, que te veo más lanzada que yo, que luego dices que si yo soy…como soy.

- También hemos de reflexionar sobre las emociones, hay muchos espacios donde hacerlo y eso nos ayuda a ser mejores personas.

- ¡Pero si nosotros ya somos buenas personas!

- Pero siempre podemos mejorar, Joaquín, no lo olvides, amigo.

- María, ¿y si tocamos un poco el cajón flamenco y la guitarra?, seguro que a Juan Breva le encanta que lo recordemos en el centenario de su nacimiento.

- Juan Breva, el de cuerpo de gigante y voz de niña que decía Federico…

- Yo canto María, tú…tú…me escuchas que ya es bastante.

- Pero hazlo con el tubo de susurrar que es más tierno y emotivo.

- ¡Sí que me lo pones difícil, pero lo intentaré!

- ¡Vengan unas malagueñas o unos verdiales!

- Bueno, lo que me salga.

- ¡Qué bien lo has hecho, Joaquín!

- Vamos que nos quedan muchos espacios por visitar, ¡qué pena que los talleres estén 
cerrados, con lo que a mí me gusta pintar y colorear y la arropía!

- Sí, regresemos a nuestros “azulejos”, en otro momento seguimos la ruta por las carpas.

- ¿Ya, María, ya quieres volver? Bueno, pero antes nos sentamos a ver volar al dragón y a la medusa flotar, que algo se nos ocurrirá.

-Sí, y mañana volvemos a visitar el fondo del mar, el homenaje a la mujer y esos maravillosos dibujos en tiras de papel que adornan el pasillo de arriba, y desde allí observamos los veleros naranjas sobre el mar.

- Y las estampaciones, y los botijos decorados y el palmeral intervenido por los artistas plásticos y...

- ¿Sabes, Joaquín? Todavía espero que me digas cuál es la mejor parte de ti. Yo lo tengo muy claro, mi cerebro, sin él no sería quién soy ni podría analizar el pensamiento de los seres humanos.

-Pues yo…aún no sé qué decirte, tengo mis dudas si mi cabeza o mis manos, tengo que madurar la idea, ya te responderé antes de irnos de la bienal.

- Buenas noches María, que sueñes con la belleza que nos rodea.

- Buenas noches, Joaquín, descansa, que mañana todavía podemos seguir disfrutando de estos ratos tan agradables.

sábado, 26 de mayo de 2018

"La fuga de los personajes VII. Lo que acaeció al leñador de Caperucita Roja cierto día que…" de José R. Cortés Criado.


La fuga de los personajes VII. 

Lo que acaeció al leñador de 

Caperucita Roja cierto día que…




Texto: José R. Cortés Criado.





Sí, yo soy el leñador, ese que algunas veces también llaman cazador, soy el mismo aunque me llamen de las dos maneras, porque ya sabéis que los cuentos populares cada uno los cuenta como le da la gana y a mí me tienen cambiando de vestuario según el narrador de turno.

¿Qué tú siempre oíste que soy un leñador? Estupendo, pues mejor para ti que no has conocido otra forma de llamarme.

Pero a lo que iba, que yo también estoy cansado de mi papel en este cuento. Porque a mí me ha tocado uno muy tonto, debo esperar y esperar hasta el final para solucionar el problema de esa niña traviesa y esa abuela tontorrona que no distingue un lobo de una nieta y ambas se dejan comer como si tal cosa.

Llega el lobo y dice ¡hala! Y las dos para adentro, cómo si no hubiera otra cosa que hacer, y se quedan tan tranquilas esperando que yo llegue y las saque sanas y salvas, pues yo me estoy cansando un poco, porque luego todo son alegrías y risas pero a mí no me dan las gracias de forma especial, se supone que lo hago porque eso es lo que debemos hacer los leñadores buenos, pero…cualquier día me porto como un leñador malo y a ver qué pasa, que ya está bien.

Esa Caperucita cada vez me mira con peor cara, yo comprendo que en el estómago del lobo no debe de estar muy cómoda, que no soporte ese baño en los jugos gástricos lobunos y que esté deseando salir y lavarse, pero de eso yo no tengo la culpa, que yo no escribí este cuento, ni me lo inventé, que yo me lo encontré tal como está.

Y esa abuela, bueno, la abuela tiene un algo especial a pesar de sus pocas luces al vivir sola y no distinguir dónde está el peligro, pero tiene algo singular, y es que me mira mucho, se fija en mi ropa, está pendiente de que me salga bien todo lo que tengo que decir y hacer, a veces, creo que hasta mueve la cabeza de arriba abajo para indicarme que lo hago bien.

Además pone esa sonrisa picarona que me desconcierta, me hace sentirme especial, sí, ya sé que no debo hacerme ilusiones, que esto es un cuento y cada uno representa el papel asignado, pero no, te digo yo, que hay algo especial en mí que le gusta y por eso me mira de esa manera y me sonríe como nadie me ha sonreído nunca.

Yo considero que es un poco mayor para esas cosas, pero me hace ilusión que alguien se fije en mí de forma cariñosa; por eso estoy deseando que acabe la historia y cada vez corro más en mi papel de abrebarriga, para tenerla enfrente y verla cómo me mira; pero a veces me sonrojo porque siento algo de vergüenza hacerme ilusiones de vivir en pareja con la abuelita del cuento.

Sí, ya sé que tiene más años que yo, pero bueno, no sería el primero ni el último en casarme con alguien a pesar de la diferencia de edad; aunque yo comprendo que hago mejor pareja con la hija, pero esa ya tiene marido y no me voy a dedicar a enviudarla, que eso sí que no está bien, además, ella no me mira como la madre, ella me mira con preocupación por si al rajar la barriga del lobo hiero a alguna de las dos, seguro que no me perdonaría que le hiciese un pequeño corte a su hija; respecto a la madre no sé qué pensará, pero soy yo el que pone todo el cuidado del mundo en que no le pase nada a la abuela.

Y así, lectura tras lectura, aguardo mi turno con la ilusión de que esta vez la abuela me va a decir algo bonito y yo no voy a poder resistirme y me lanzaré de rodillas para declararle mi amor por siempre jamás, a pesar de que desbarate el cuento y me echen de sus páginas.

Bueno, esta vez no ha sido, me ha faltado valor, así que ánimo y abrir el cuento de nuevo que me voy a preparar para declararme al final de la próxima lectura.

Si te perdiste alguna de las opiniones del resto de los personajes de Caperucita Roja, pincha sobre este enlace. La fuga de los personajes.






sábado, 19 de mayo de 2018

"La fuga de los personajes VI. Lo que acaeció a la madre de Caperucita Roja cierto día que…" de José R. Cortés Criado.


La fuga de los personajes VI. 

Lo que acaeció a la madre de 

Caperucita Roja cierto día 

que… 







Texto: José R. Cortés Criado.

 Sí, yo soy la madre de la niña, sí. Y aquí me tenéis una y otra vez dándole consejitos a mi Caperucita, que si el lobo, que si los despistes, que si el camino, que si el frío, que si el calor, que si te puede pasar esto o lo otro, que si…

Y mi hija que me hace caso en todo, o eso creo yo, que a mis espaldas vaya usted a saber qué hace; aunque hay algo en lo que no me hace caso, creo que es lo más importante para esta historia, sí, ya sé que lo sabéis de memoria, pero las madres somos así de pesadas y no nos cansamos de repetir una y otra vez las cosas que creemos importantes.

Si me niña no le hubiese hecho caso al feo lobo sobre el camino más corto para llegar a casa de mi madre, ni la abuela ni la nieta habrían pasado por ese trance de ser comidas, regurgitadas y puestas en circulación como si no hubiese pasado nada.

Eso porque las buenas personas lo han querido así, que si no…mi hija habría terminado yo no sé cómo, y si es mi madre, esa vieja testaruda que se cree muy lista y la más joven de todas ya estaría más que perdida en ese bosque infernal donde le gusta estar, con lo bien que se está en el pueblo con tantas vecinas con las que poder chismorrear un ratito cada día.

Mira que es rara mi madre, y le está metiendo sus manías a mi niñita, que cualquier día me dice que se va al campo con su abuela y no vuelve más por aquí, porque ya me ha avisado, que si soy una pesada, que si sus amigas esto y lo otro, que si yo no la dejo hacer nada, que si en el pueblo se aburre, que si en la ciudad es diferente y que en el bosque se siente muy a gusto.

Ya me lo decía mi marido, que el pobre como siempre está trabajando nunca sale en el cuento, algunos pensarán que soy viuda, pero no, soy casada y bien casada con un hombretón, que es capaz de tumbar al lobo de un soplido, sí, no pongáis esa cara, que mi marido es muy grande y muy fuerte.

Y, además, muy listo, ya me avisó a mí de que ese lobo no era de fiar y de que mi madre está un poco perdida con esa manía suya de vivir sola en medio del bosque, como si no hubiese un lugar mejor en este pueblo para ella. Es que es muy rara, más todavía, ¿qué si lo sé yo?, pues claro que lo sé y muy bien.

Pero la que me preocupa es mi hija, veremos a ver cómo termina esta historia que se repite una y otra vez con final feliz para ella; espero que esto no cambie y me lleve una desagradable sorpresa el día que no salga más de la barriga de ese lobo tan persistente.

Mira que comérsela una y otra vez sabiendo que le van a rajar la barriga y se la van a llenar de piedras, ¡menudo estómago debe tener!, yo seguro que ya estaría más que muerta si me rajan una vez y más si me tengo que tragar a mi madre y a mi hija, ¡qué barbaridad!

Pero a pesar de todo ese sufrimiento y mis temores, siempre anhelo que alguien coja el libro del estante y abra sus páginas. ¡Me hace tanta ilusión ver una cara nueva frente a mí!

No sabéis la alegría que recibimos todos cuando alguien se asoma a nuestro mundo y más cuando vemos en las caras esa sensación de pánico al leer que el lobo está engañando a mi hija, y sobre todo, la angustia cuando se la come y leen que también se comió a la abuelita; a algunos pequeños se les escapa una lagrimita y hacen pucheros, a otros las lágrimas corren por sus mejillas a todo correr en una carrera sin fin.

Pues a pesar de eso, nos sigue gustando porque al final las caras recuperan su sonrisa y su alegría y todos celebran que Caperucita y su abuela están sanas y salvas y el lobo a buen recaudo.

Así que ánimo y a leer los cuentos clásicos, que así todos seremos algo más felices, los lectores y los protagonistas del cuento.