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martes, 13 de enero de 2026

"Misterios en la gran ciudad 1. El tesoro del capitán Kidd" de Ana Campos

Misterios en la gran ciudad 1. El tesoro del capitán Kidd
Texto: Ana Campos
Ilustración: Álex Alonso
Editorial Anaya
ISBN: 978-84-143-4311-1
140 x 205 mm, 240 páginas
(+ 9 años), 12,95 €
2025.


Por José R. Cortés Criado.


“El mapa te dirá cuando la antorcha se enciende. Desde el origen de la llama, la verdad será revelada.” Ana Campos: Misterios en la gran ciudad 1. El tesoro del capitán Kidd.

En la ciudad de New York vive una niña de once años, Cornelia, hija de una fisioterapeuta que termina entablando amistad con un señor muy mayor, cliente de su madre, con el que aprende muchas cosas, se divierte, hace excursiones interesantes y la niña casi lo considera su abuelo.

Este señor, Niemann, tiene una tienda de antigüedades, más antigua que él, Cornelia la conoce a la perfección porque pasa mucho tiempo allí y es una esponja que asimila toda la información que le ofrece el anticuario. Llega a ser tan importante la relación, que cuando fallece, repentinamente, Niemann, la niña se convierte en la única heredera del negocio.

El notario le da toda la información del caso y le entrega un sobre que contiene una extraña llave y un mensaje en clave. Cornelia se siente perdida, por la ausencia de su mentor y porque no sabe qué hacer con esa tienda ni entiende el mensaje. Siguiendo consejos de Niemann, que insistía que él secreto siempre estaba en los libros, descubre que el mensaje cifrado está escrito siguiendo el modelo ideado por Alan Poe en El escarabajo de oro.

Cuando convierte los signos en letras se queda peor. No entiende nada. Menos mal que ha hecho amistad con un niño de su edad, hijo de los tenderos de enfrente y ambos inician una carrera llena sorpresas para descifrar este misterio que los invita a descubrir el tesoro del capitán Kidd, un pirata histórico.

Mil problemas, más dificultades, un ser vil que se hace pasar por amigo del fallecido y lo que quiere es el tesoro oculto, muchas horas de investigación, deducción, conocer personas muy interesantes que les van facilitando su investigación y termina por llegar al tesoro, que no es un montón de monedas de oro, es otra cosa más importante

La historia está contada con agilidad. Nos mantiene atentos a los sobresaltos durante la investigación y no queremos que termine, porque las pistas son verdaderas obras intelectuales, los lugares donde investigar están perfectamente documentados en la ciudad norteamericana, si conocemos Manhattan, sabremos por donde deambulan los dos niños.

Un buen inicio de la serie que nos muestra a dos jóvenes investigadores dispuestos a mejorar el mundo y avanzar en el conocimiento de nuestra civilización.

El libro tiene un prólogo, doce capítulos y un epílogo. Las últimas páginas nos muestran las claves de Poe para escribir mensajes cifrados, nos cuentan la historia de la estatua de la Libertad, el papel de Servicio de Referencia e Investigación de la Biblioteca Pública de Nueva York, nos explica la idea de Manhattanhenge y nos habla del fuego de los Juegos Olímpicos, todo ello aparece en el libro.

El texto se acompaña de unas buenas ilustraciones en blanco y negro de Álex Alonso que nos muestra a los personajes en el marco donde se desarrolla la trama.

miércoles, 20 de mayo de 2020

"Un recorrido por los Juegos Olímpicos" de Vicente Muñoz Puelles

Un recorrido por los Juegos Olímpicos
Texto: Vicente Muñoz Puelles
Ilustración: Jorge del Corral
Editorial Anaya
ISBN: 978-84-698-6572-9
205 x 260 mm, 64 páginas
9,50 €, (+ 8 años) 2020.



Por José R. Cortés Criado.

"En nombre de todos los competidores, prometo que participaremos en estos Juegos Deportivos, respetando y cumpliendo las normas que los rigen, comprometiéndonos a un deporte sin dopaje y sin drogas, con un auténtico espíritu democrático, por la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos." Juramento olímpico.

Vicente Muñoz Puelles nos acerca a los Juegos Olímpicos desde el punto de vista de la llama olímpica. Ella es la narradora y comienza recordándonos su origen en el templo de la diosa Hera, en Olimpia, cuando una sacerdotisa acercó una antorcha a un espejo cóncavo. Desde ese momento, el fuego de los dioses estuvo ardiendo, toda la Antigüedad, en un pebetero. No se podía apagar sin ofender a los dioses.

Cuando se acercaban los Juegos, unos mensajeros recorrían toda Gracia invitando a los griegos a acudir a Olimpia. Allí acudían deportistas, soldados, poetas, filósofos... Si había guerra, que era casi siempre, se detenía, para poder acudir a las competiciones, dada la trascendencia de los Juegos.

Para hacernos una idea de cómo se respetaban los Juegos, en el año 480 a. de C., Jerjes el Grande, emperador de los persas, invadió Grecia al vencer al pequeño ejército griego en la batalla de las Termópilas, porque el grueso de la tropa estaba en los Juegos Olímpicos. Los persas no entendieron que los griegos diesen tanta importancia a esos juegos donde el ganador se llevaba una corona de olivo.

Y así, poco a poco, nos recuerda los años en que se celebraron, las pruebas que se disputaban, los espacios donde se corría... hasta contarnos que las mujeres casadas no podían acudir a los estadios y, que una corredora, Ferenice, ganó una de las pruebas vestida de hombre. Desde entonces se acordó que los atletas debían participar desnudos.

Los Juegos Olímpicos empezaron a decaer cuando el Imperio romano se apoderó de Grecia; llegaron, incluso, a destruir todos los templos de Olimpia, incluso el de la diosa Hera, la madre de todos los dioses.

Habría que avanzar hasta el siglo XIX para que los Juegos Olímpicos volviesen a ser un encuentro de atletas de todo el mundo, dispuestos a batir récords y fomentar el deporte como opción de vida sana y respetuosa con los contrincantes. En 1896, gracias a Pierre de Coubertin, se celebraron los Juegos de la I Olimpiada, en el estadio Panateniaco de Atenas, que había sido reconstruido para el acontecimiento.

El libro reproduce anécdotas, datos históricos, recuerdos, acontecimientos singulares, nuevos juegos, incorporación de la mujer a las competiciones... y el regreso de la llama olímpica a los estadios, cuando, en 1928, los holandeses construyeron un faro con una llama en su sede olímpica; más tarde, para los Juegos Olímpicos de Berlín, se reconstruyó el templo de Hera, se volvió a obtener la llama de los dioses y desde entonces, viaja de Grecia a la ciudad donde se celebren. Sus viajes han sido variopintos, que si en barco, que si en avión, que si debajo del agua..., en fin, que la llama se lo pasó bien en sus viajes.

Además, la llama nos recuerda el espíritu olímpico, algunos hechos que lo confirman; nos informa de sus símbolos, como los cinco aros de su bandera; las mascotas, que la acompañaron cada cuatro años....

Por último, la llama recuerda que los Juegos Olímpicos modernos dejaron de celebrarse en tres ocasiones: en 1916, 1940 y 1944 debido al estallido de la Primera Guerra Mundial y la Segunda.

La pobre llama no sabía que iba a haber una cuarta ocasión sin Juegos Olímpicos, el año 2020 por culpa de la COVID-19. Este año debían celebrarse en Tokio, y se han pospuesto hasta el año que viene.

A pesar de este desafortunado desenlace, que el autor no podía sospechar, la obra merece la pena ser leída para conocer algunos detalles curiosos de los Juegos Olímpicos y, sobre todo, recordar la importancia de sus ideales, tan necesarios en nuestra sociedad, más hoy, tras esta crisis provocada por un virus que nos ha hecho recluirnos en nuestras casas.

La obra es muy amena de leer, seguro que los pequeños lectores aprenderán más de una cosa interesante; además, el texto de Vicente Muñoz Puelles está complementado con unas vistosas ilustraciones de Jorge del Corral, que nos ambienta muy bien las distintas épocas narradas, los distintos deportes comentados, los distintos atuendos de cada época y, más que nada, los símbolos olímpicos y su lema: citius, altius, fortius. (más veloz, más alto, más fuerte)

Buena suerte a los deportistas y, ojalá, el próximo año se celebre tan singular acontecimiento.