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miércoles, 18 de mayo de 2022

"Otro paseo de María Zambrano y Joaquín Lobato por la IV Bienal de Arte y Escuela de Torre del Mar" de José R. Cortés Criado



Por José R. Cortés Criado.






María se desperezó como si acabara de despertarse. Lleva todo el día quieta en su cartel observando el ir y venir del alumnado que no cesa de entrar y salir a este salón lleno de arte y solidaridad.

—Joaquín, ¡Joaquín! Haz el favor, Joaquín, baja, que ya se han ido todos y tengo ganas de estirar las piernas.

Joaquín seguía sin bajar, estaba absorto observando lo que hacía el maestro Pablo Picasso en su espacio.

—Joaquín, no te hagas de rogar y acompáñame en mi paseo vespertino.

—Ya voy, María. ¡Qué prisas te han entrado esta tarde!

—Prisas ninguna, es que estoy entumecida de tanto aguantar el tipo delante de maestros y alumnos. Y mira que me dieron ganas de cantar y plantar patatas con la Orquestilla del Vicente Aleixandre. ¡Qué bueno es ser maestro!

—Sobre todo si consigues que tantas voces infantiles sigan el compás.

—E iluminar las mentes infantiles. Tengo muy gratos recuerdos de mi colaboración con las Misiones Pedagógicas.

—¡Vamos, amiga! ¡Baja que nos vamos a da una vuelta por este espacio de arte y vida!

—Llevo todo el día observando este magnífico saurio y me tiene fascinada. Y más, si cabe, la atención y las caras de asombro de los pequeñuelos que lo rodean con la boca abierta.

—Normal, ellos conocen los camaleones, aunque cada vez hay menos. En esta zona de la Axarquía abundan, pero este, por su envergadura y colorido, es único.

—Además, Joaquín, sus cambios de color me hacen pensar en las veleidades de algunas personas que cambian de opinión cual veletas.

—¡De esos, no somos nosotros! Nosotros somos fieles a nuestras ideas y las mantenemos, aunque haya personas que nos señalen con el dedo.

—Como debe ser, amigo. En la vida es muy importante ser coherente con nuestra forma de pensar y actuar. ¡Bueno, dejemos de reflexionar y cuéntame por qué no bajabas!

—Es que… estaba observando al maestro Picasso cómo pintaba requetebién una cara de mujer y, después, cogía su pincel grueso y pintarrajeaba encima de negro.

—¿No me digas?

—Y, también, dibujaba de frente y de perfil el mismo rostro y le ponía la nariz en la frente o un ojo en el pelo. ¡Hacía cada cosa!

—Joaquín, hazle caso al maestro, no olvides que es un genio y que ha abierto las puertas a la modernidad en el arte.

—Si le hago. Desde que estamos aquí he llenado muchas hojas con anotaciones de su trabajo, me está haciendo ver el dibujo desde otra perspectiva.

—Subamos a verlo y charlemos un poco con él. 

María y Joaquín suben despacio las escaleras. De vez en cuando se detienen a observar el rosetón de manos infantiles que corona la entrada a la Azucarera y el pulpo rojizo que parece vigilar los globos-libros que cubren la nave. Por fin llegan a la primera planta y se paran a saludar a Jorge Guillén.

—¡Hola, amigo poeta!

—¡Hola, María! Aquí estoy dándole vueltas a unos versos que se vinieron a la mente escuchando al público juvenil hablar de mí, del mar y de mi maestro Juan Ramón.

—¡Ah! Juan Ramón Jiménez Mantecón. ¡Qué buenos ratos de charla con él y Zenobia tanto en Madrid como en Puerto Rico!

—Maestro, yo soy aprendiz de pintor y de poeta. Me encantan sus versos cortos, esas frases nominales. ¡Qué fuerza tiene sus poemas tan desnudos de adornos!

—Joven poeta, me gustan las oraciones nominales porque muestran la esencia de las cosas; los verbos hablan solo de su existencia.

—Ven con nosotros a visitar a Pablo —le propuso la filósofa.

—Prefiero seguir buscando el sustantivo exacto para estos versos que revolotean en mi mente.

—Como quieras. ¡Hasta luego!

Caminan hasta el lugar donde se encuentra Picasso con sus pinceles en la mano.

—¡Hola, maestro! Soy Joaquín, un aprendiz de pintor que se maravilla de su buen hacer. Llevo varios días observando su trabajo y, hoy, lo veo muy pensativo.

—¡Hola, Pablo! ¿Qué te ronda la sesera hoy?

—¡María, ¡qué bien me vienes! Llevo todo el día dándole vueltas a un tema y seguro que tú, que eres más reflexiva que yo, me das la solución.

—Dime, ¿en qué te puedo ayudar?

—María, ¿crees que hice bien el pintar el Guernica?

—Sí, sin duda alguna que fue un acierto ese mural. Así queda constancia de la barbarie y la destrucción de esta guerra que ha roto nuestro país.

—¿No crees que debería haber dibujado otro de la Desbandá?

—Pues sí, tu tierra también se merece un mural épico que recuerde el dolor y el sufrimiento de esas familias que pasaron por aquí, por esta playa de Torre del Mar, camino de Almería. 

-¡Qué dolor la desbandá o juía como se le dice por aquí! -añadió Joaquín.

—Ese pensamiento es el que me ronda estos días, amiga filosofa.

—Madura tus ideas y, si lo ves necesario, ponte a la tarea.  Nosotros seguimos nuestro camino y nos pararemos ante los fractales a pensar en lo que hemos hablado. ¡Vamos, Joaquín!

—Mira María, este móvil que parece inacabado. Me recuerda las naves espaciales del cine.

—Sí, Joaquín, podría ser una ciudad del futuro en cualquier punto del espacio. Es verdad, está inacabado. Parece una invitación a los visitantes para que continuemos la extensión de esta ciudad única.

—¡Qué imaginación y qué calidad hay en esta exposición! Me llama la atención cómo con piedrecitas, material de desecho, cascarones de huevo, recortes, libros viejos, goma eva, cartulinas, retales de tela y demás materiales sencillos se puede hacer arte.

—Sí, Joaquín, el arte está en nosotros, el ser humano, solo debemos saber sacarlo de nuestro interior y mostrárselo a los demás, y de eso, tú eres capaz; yo, lo puedo hacer con la palabra, no con el pincel. Todos tenemos un arte, solo debemos encontrárnoslo y trabajarlo.

—María, siempre aprendo de tus palabras. ¡Qué sabia eres!

—¡Anda, zalamero, déjate de alabanzas y sigamos el paseo! —María siguió hablando— Pobre Frida Kahlo, ¡qué dolores tuvo que padecer durante su vida tras aquel fatal accidente! Fue una gran persona de ideas muy avanzadas. Rompió con la imagen de la mujer sumisa y más de un tabú de su época. En sus cuadros reflejó sus dificultades para vivir.

—Sí. Tuvo que ser dura su existencia, una mujer con tanta fuerza y con tan poca movilidad...

—Sigamos, amigo. ¡Vamos a ver si queda algo de la cena tan espectacular que han montado con tan singulares personajes!

—¡Yo me tomaría una copita de Anís del Mono si es que no lo han terminado ya!

—Yo prefiero un cafelito junto al alemán de la cerveza, la menina, Marilyn, y Charlot. Sin duda, mantendríamos una conversación muy interesante.

—Para eso, María, deberías invitar también a Robert Harvey, para que traduzca lo que diga la Monroe.

—Vamos a bajar y charlamos un rato con él, que lo veo muy feliz contemplando las recreaciones de sus obras.

—Un momento, antes entremos a visitar estas señas de identidad tan interesantes.

—¡Ay, Joaquín! Ayer me pasé la noche recordando lo que ahí vimos, esas manifestaciones de la diferencia que tan magistralmente han traído estos profes y alumnos. Dan para escribir un tratado sobre la autoestima, las relaciones humanas, la fuerza de la unión de todos, las caretas que usamos para salir al mundo y lo mejor, que asumamos que todos somos diferentes y todos somos necesarios e importantes.

—Continuemos. Que me entristece ver ese mendigo en el suelo. ¡Parece mentira que hallamos evolucionado tanto y que sigan viviendo personas en la calle!


—Ha sido un acierto esta obra. Es un aldabonazo en las mentes de los que vivimos con las necesidades básicas cubiertas. ¡Hay que mirar a nuestro vecino y arrimar el hombro para que esto no siga existiendo!

—Sí, María y podemos crear nuestra bandera para ese movimiento que acabe con la pobreza.

—Yo le pondría un limón y un gato.

—Y yo, un trocito de mar y de sol.

—No nos quedará mal. Vamos a preguntarle a Robert antes de retirarnos.

—Yo le pondría un ángel —propuso el americano.

—No me extraña, así todos sabrán que vives en La huerta del ángel. Amigo Harvey, quién te iba a decir que un hippie norteamericano como tú iba a acabar viviendo en la Axarquía.

—María, si alguien me lo hubiese dicho cuando nos oponíamos a la guerra de Vietnam, lo hubiese tomado por loco, pero cuando llegué aquí y vi esta luz y esta gente, lo tuve claro. Mi sitio estaba en Macharaviaya.

—¡Hola, soy Joaquín!

—Sí, ya te conozco y conozco tus dibujos y tus versos. Vivo en el campo, pero no desconectado del mundo. Me gusta tu forma de ser y expresarte.

—Desde pequeño me gustaba pintar y montar teatrillos en mi casa.

—¡Ah! ¿Vosotros sabéis que con siete años yo ya dije que era pintor?

—¡Con siete años! Ya me hubiese gustado a mí haber dicho que era filósofa a esa edad.

—Yo tampoco fui tan precoz, aunque seguro que los tres ya apuntábamos maneras desde muy pequeños.

—Cuando lo dije, los mayores se rieron. A mí no me hizo gracia, pero aquí estoy, siendo uno de los pintores de Pop Art reconocidos.


—¿Qué le pasa a Salvador Rueda que esta tarde está tan pensativo? —quiso saber Joaquín.

—No lo sé. Suele ser un buen compañero de tertulia —aclaró Robert— Charlamos mucho, sobre todo él y Lobillo. Tienen muchas cosas en común.

—Con Antonio Segovia Lobillo yo he pasado muy buenos ratos hablando de versos y pintura. Sabe mucho de ambas cosas —aclaró Joaquín.

—¡Hola, Salvador! Todavía resuena el eco de tus palabras en media América. Nadie olvida a este precursor español de Modernismo —expuso María.

—Gracias, amiga. Ahora estoy intentado componer un poema, tengo ya los dos primeros versos: “Torre del Mar, alegre y peregrino / pueblo a la orilla de la mar riente”. Ya me falta menos para acabarlo —dijo con humor.

—Os escuché hablar de la creación de una bandera nuestra, quiero unirme —apuntó Antonio Segovia Lobillo—. Yo le añadiría una pluma y un pincel. No creo que haga falta aclarar el porqué. Si alguien lo duda que se pase por Moclinejo, por el Museo de Arte Contemporáneo que lleva mi nombre.

—Yo no voy a ser menos —habló Salvador—. Propongo que tenga un manojito de boquerones y, si me apuras, una tajada de sandía.

—¿Os parece que lleve como lema “La paz es un modo de ser persona”? —Propuso María.

Todos alabaron la idea y después de platicar un buen rato, Joaquín y María siguieron su vuelta. Revisaron qué nuevos deseos se habían cumplido de la Fuente de la Gloria, saludaron a los atrapados en la pantalla, al pulpo gigante y se detuvieron a conocer el secreto de tantas miradas atrapadas tras las ventanas.


—¡Qué tiempo más duro el del confinamiento por la pandemia! Esperemos que no vuelva.

—Sí, Joaquín, será mejor.

—Veo que los frutos axárquicos están en sazón, siempre hemos sido tierra de agricultores.

—Ahora te propongo callarnos para sentir los latidos de nuestro planeta y, después, sentarnos un rato a contemplar este móvil mágico que ha hecho el alumnado con la ayuda de Antonio Hidalgo.

—Mi amigo Antonio es un genio, su pintura es inconfundible, domina los recursos técnicos como pocos, el color es un factor imprescindible junto a esos otros elementos que le dan un toque mágico a su obra.

—Sin duda, Joaquín, estamos ante un artista que sabe reflejar perfectamente aquello que lleva en su imaginación.

—¡Hola, paisanos! Me alegra saber que os gusta lo que creo. Yo lo paso en grande en la soledad de mi estudio delante de un lienzo, pero he de confesaros que me lo pasé genial con los niños haciendo esta muestra para la bienal.

—Es para sentirte orgulloso. Esa cantidad de pequeños detalles, esa mezcla de tonalidades y esas formas hacen de El carro de la ilusión una pieza digna de cualquier museo de arte moderno—afirmó María.

—¡Ah! A propósito de la bandera, le añadiría una gaviota y un pulpo multicolor y me presto a pintarlo para la V Bienal Internacional de Arte y Escuela de la Axarquía.

—Con una condición —dijo Joaquín—. Que no lo recargues de adornos, porque, entonces, parecerá el carrito de las chucherías.

Los tres amigos, entre risas, se despidieron.

María, antes de volver a su mural, se acercó a la emisora de radio escolar. Tocó los auriculares y los micrófonos, se sentó frente a uno. Su mente voló muy lejos y, con voz suave, recitó:


—Bajo la flor, la rama; / sobre la flor, la estrella; / bajo la estrella, el viento. / ¿Y qué más?

Después, en el silencio de la tarde, recordó la letra de Verde, blanca y verde de Carlos Cano, tan bien cantada por la Orquestilla del Vicente Aleixandre y el Coro Joven Stella Maris.

Al cabo de un rato se levantó y susurró:

—Todo arte es poesía o… no es.

 


sábado, 12 de diciembre de 2020

“Somos más que dos, Mario Benedetti y Joaquín Lobato” de José R. Cortés Criado.

 Somos más que dos

 Mario      Lobato

Joaquín   Benedetti





Texto: José R. Cortés Criado.

 


En el paraíso de los poetas, estaba nuestro amigo Joaquín Lobato dando vueltas por una avenida empedrada que le recordaba su paseo por las calles de Roma:

 

Joaquín Lobato:       

                   “Recurriré a mi ángel de la guarda clandestino

                    porque tengo las plantas de los pies casi abiertas

                    por culpa de las gastadas suelas de mis sandalias

                    y de los durísimos adoquines de las calzadas”.

                    (Recurriré a mi ángel de la guarda clandestino)

 

Estaba más nervioso de lo normal, que no es raro, pero bueno, así estaba y, no era para menos, aguardaba la llegada de un poeta de los grandes, no por su tamaño, sino por la enormidad de su palabra. No todos los días llega a tan alta estancia una persona de la valía de Mario Benedetti.

Cuando lo vio subir por aquel camino pedregoso, luchando contra el firme y el viento, no pudo contenerse y declamó:

 

JL: ¡Por fin, maestro! ¡Llevo tanto tiempo esperando esta llegada!

 

El maestro es Benedetti y estaba muy sorprendido. Le llamó mucho la atención la ventolera que azotaba aquella zona. Llegó, atusándose su pelo canoso, con una franca sonrisa en su cara. Lo primero que dijo fue:

 

Mario Benedetti: “Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento, parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar.” (Primavera con una esquina rota)

 

Joaquín, que no quería importunar a tan ilustre personaje, se disculpó por la ventolina y lo invitó a tomar asiento bajo una frondosa higuera.

Mario Benedetti no salía de su asombro. ¡Quién le iba a decir a este hombre de Paso de los Toros, Uruguay, que lo iba a recibir, en la gloria, otro poeta de un pueblo del sur de España, Vélez-Málaga!

Pues así fue, o al menos, así me lo contaron. Yo no soy quién para poner en duda tan grato acontecimiento.

Y esto es, más o menos, lo que pasó en ese encuentro del veleño y el charrúa.

 

MB: ¡Macanudo![1] ¡Joaquín Lobato, en persona, viene a recibirme! ¿Quién mejor para recibir a este hacedor de versos y militante de la palabra?

 

JL: Y no es para menos. Tenía ganas de platicar un ratillo con vos de versos y otros temas terrenales.

 

MB: Tranquilo Joaquín, ya no hay prisa, aquí, en este Olimpo de los poetas, tenemos la eternidad por delante.

 

JL: Sabias son sus palabras... es que

“Abro los ojos

encontrándome

con un cielo tan negro

esparcido de estrellas”,

(Abro los ojos)

que me siento feliz ante tan inmensa soledad, adecuada para la creación poética y

“Heme aquí solo con la noche,

besando poemas y recuerdos.”

(Heme solo aquí con la noche).

 

MB: Estoy de acuerdo. La oscuridad es mi segunda morada porque “Volver a tu casa todas las noches te dará un poco de confianza, no mucha, pero un poco, en medio de este mundo tan poco fiable.” (La borra del café) en el que nos ha tocado vivir.

 

JL: “Yo pregono

mis versos esta noche.

Voy a explicar la gramática del sentimiento.

Yo siento la almidonada tristeza de Neruda

y quiero arrancar la pena de mi costado a martillazos.

Voy

a

sentirme

solo

y a cantar mis propios versos”.

(1ª Antología de cosas”)

 

MB: Haces muy bien, mi amigo. No seremos gronchos[2], aunque seamos algo zapallos[3] a la hora de rimar. Yo también añoro a Bécquer, por eso escribí:

Sabes

gustavo adolfo

en cualquier año de éstos

ya no van a volver

las golondrinas

ni aún las pertinaces

las del balcón

las tuyas”

(Hagamos un trato)

JL: Pero a pesar de todo

“La noche ha sido demasiado cruel

para mis ojos. […]

Tengo sed de ternura.

¡Necesito un abrazo!”

(Necesito la sonrisa de un niño)





MB: Compadre, no se ponga melancólico. Hay que vivir y disfrutar de la existencia con regocijo y siempre, siempre, siempre, tenemos que

“Defender la alegría como una trinchera

Defenderla del caos y de las pesadillas

De la ajada miseria y de los miserables

De las ausencias breves y las definitivas

Defender la alegría

Defender la alegría

Defender la alegría

Defender la alegría como un atributo”

(Defensa de la alegría)

 

JL: ¡Sabias palabras, maestro! Me reconfortan sus versos y saber que usted tiene las ideas muy claras sobre lo que es importante en la vida, pero sigo preguntándome:

“¿Dónde un nolotil

para el alma?”

(Dónde un nolotil)

 

MB: No se atormente morocho[4]. La vida es un camino de ida y “después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida.” Atienda pues…

“Usted por fin aprende

y usa lo aprendido

para saber que el mundo

es como un laberinto

en sus momentos claves

infierno o paraíso

amor o desamparo

y siempre siempre un lío”

(Currículum)

 

JL: Me lo va a decir a mí

“Que me han roto mi inocencia

y vengo a que me la arreglen!”

(Mi primer dolor humano)

 

MB: Yo no soy hacedor de almas ni zurcidor de inocencias ni salvador de vates, pero quiero aclararte que si 

y te secas sin labios

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil

al borde del camino

y te salvas

entonces

no te quedes conmigo.”

(No te salves)

 

JB: No sea tan duro conmigo, que tengo alma de niño. Muy bien sabe que

“Atiendo

si

dicen

mi nombre

las

anémonas. O

cuando

llaman

a mi puerta

las palomas.”

(Atiendo)

 

MB: Amigo Joaquín,

“y hay quienes se desmueren

y hay quienes se desviven

y así entre todos logran

lo que era un imposible

que todo el mundo sepa

que el sur

que el sur también existe”

(El sur también existe)

 

JL: Qué me va a decir a mí, que soy andaluz. Y sé lo que es sentirse del sur...

“Pero Andalucía tiene

sus cosillas. Soles de marzos

lunas de abriles

guerreros espartanos

Largos rosarios en vírgenes de llantos

Niños con hoyillos en sus manos.”

(Pero Andalucía tiene)

 

MB: ¡Ay, Joaquín!  Para mí el sur no son cristos ni beatas ni procesiones. Hay mucho más que “penitente, culo caliente / la botellilla del aguardiente.”  Para mí, el sur pobre existe frente al norte rico. Ya está bien que los de arriba custodien la llave de entrada al paraíso.

 

JL: Al paraíso se puede llegar por diferentes caminos, no solo de la mano de Dios.

 

MB: ¿Te imaginas que las cosas no sean como nos las han contado hasta ahora?  ¡Ay si Dios fuera una mujer!

Mario suelta una risilla picarona y haciendo un gesto con sus manos le dice en plan reto:

¡Chúpate esa mandarina![5]

 

JL: Difícil me lo pone, amigo. No estoy ahora para filosofar a ese nivel. A ver si viene mi amiga María Zambrano y platicamos de los divino y lo humano con otra veleña ilustre.

 

MB: Escucha Joaquín.

“Si Dios fuera mujer no se instalaría

lejana en el reino de los cielos,

sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,

con sus brazos no cerrados,

su rosa no de plástico

y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío

si hasta siempre y desde siempre

fueras una mujer

qué lindo escándalo sería,

qué venturosa, espléndida, imposible,

prodigiosa blasfemia.”

(Si Dios fuera una mujer)

 

JL: ¡Ay, maestro, no me haga blasfemar! Porque si eso fuese así entonces yo me lo imagino como una señora de mi pueblo que...

“Suprema y con perfil de diosa

bajaba la calle siempre

vestida de domingo

con perfecto escote calculado

y de escandaloso perfume a su paso.”

(Suprema con perfil de diosa)

 

MB: ¡Bravo, Joaquín! Escucha.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera un resplandor que da confianza

entonces dominguea el almanaque

vibran en su rincón las telarañas

y los ojos felices y felinos

miran y de mirar nunca se cansan.”

(Una mujer desnuda y en lo oscuro)

 

JL: Ahora me viene a la mente esas tardes de catequesis, pecados y reprimendas que sufrí desde pequeño. ¿Sabe?

“Muy de niño me

pusieron en un colegio de monjas

Aquí primero

el rezo Después deletrear O ramplonas

canciones de la Niña Virgen.”

(Establecerme una)

 

MB: De eso no nos libramos ninguno en nuestra infancia. Te recuerdo que...

cuando éramos niños

los viejos tenían como treinta

un charco era un océano

la muerte lisa y llana

no existía.

[...]

ahora veteranos

ya le dimos alcance a la verdad

el océano es por fin el océano

pero la muerte empieza a ser

la nuestra.”

(Cuando éramos niños)

 

JL: ¡Ay, la infancia! Mientras tanto crecemos, cumplimos años, imaginamos un mundo diferente, anhelamos cosas extrañas...

 

MB:

“Claro, mientras tanto

hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,

hay la ternura como un viento húmedo.

Sólo mientras tanto.”

(Sólo mientras tanto)

 

JL: Y he tenido otros miedos en mi infancia:


“los atardeceres y lluviosas

noches de invierno en secreto

la historia de la guerra contada

al brasero Aquellos

fusilamientos Aquellas historias

Aquellos malos ratos emociones

retenidas en la memoria…”

(Los atardeceres y lluviosas)

 

MB: Esos recuerdos tuyos me son cercanos. Yo tuve que salir de Uruguay por mis ideas Como perro en bote[6]. Sé de lo que escribes. E insisto:

“La consigna es vivir a pesar de ellos

al margen de ellos o en medio de ellos

convivir revivir sobrevivir vivir

con la paciencia que no tienen los flojos

pero que siempre han tenido los pueblos.”

(Ciudad en que no existo)

 

JL: Le informo que

“Yo nací un 18 de julio

España. Una grande y libre […]

la mirada clara, lejos

y la frente levantada

voy por rutas imperiales

caminando hacia Dios”

(Cantata para el que nunca tuvo cumpleaños)





MB: ¡La punta de un sauce verde![7] ¡Con el dictador hemos topado! ¡Cayeron piedras sin llover[8]!

¡Ay, Joaquín! Sé que escribiste de levantar tu patria en ese poema, pero

“Quizá mi única noción de patria

sea esta urgencia de decir Nosotros

quizá mi única noción de patria

sea este regreso al propio desconcierto”

(Noción de patria)

JL: Dejemos la patria tranquila que

“Puede que no tenga

yo

el gesto adecuado. O no

sepa sostenerme

en el alambre. Puede

que tenga el rostro

destartalado...”

(Puede que no tenga)

 

MB: Eso me da igual, has de saber que a mí “Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.” (La gente que me gusta)

 

JL: Me adhiero.

“Me pongo

de tu lado Ya estoy

en el mismo sitio de tu voz”.

(Balada plena para León Felipe)

 

MB:    Con tu puedo y con mi quiero

            vamos juntos compañero”

            (Vamos juntos)

 

JL: Gracias, Mario, por este ofrecimiento porque

“Voy solo. No me acompaña

ni mi sombra: Solo”.

(Necesito la sonrisa de un niño)

 

MB: Aquí estoy dispuesto a mostrar mi amistad desinteresada. Lo que digo no es

“sino para saber

y así quedar tranquilo

que usted sabe que puede

contar conmigo”

(Hagamos un trato)

 

JL: Muchas gracias. Sabía que nuestro encuentro nos iba a reconfortar mutuamente. Ha merecido la pena esperar su llegada a este espacio de vida eterna entre poemas y recuerdos.

 

MB:

No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.”

(No te rindas)

Y, por favor, no ceda, me siento agradecido por haber sido recibido por vos y nos quedan muchas tardes para platicar bajo esta higuera. No se rinda.

 

JL:

“Terminaré inventándome el alma nuevamente

para ganar los combates al aire y los colores.

Terminaré inventándome de nuevo los estambres de mi risa

para recuperarme de la sombra y su latido.

 

MB: ¡Bien dicho! Aquí me tenés para siempre, porque

No cabe duda. Ésta es mi casa

aquí sucedo, aquí

me engaño inmensamente.

Ésta es mi casa detenida en el tiempo.”

(Esta es mi casa)

 

Joaquín, con la mirada perdida en el horizonte sin fin, dijo, quedamente, a modo de despedida:

 

JL:

“Otra vez

se fue París

y

no

estuve

en

Abril.”

(Otra vez)

                                                                                             

 

Las notas son para palabras y dichos propios de Uruguay. 

[1]    Sorprendente, extraordinario.

[2]    Vulgar, de poca clase.

[3]    Torpe, lento en el aprendizaje.

[4]    Persona de cabello oscuro

[5]    Expresión que se dirige a alguien que recibe palabras que no puede responder

[6]    Alguien que tiene miedo

[7]    Una forma de no decir una mala palabra.

[8]    Cuando alguien llega que no fue invitado.