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miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Quién puede vencer al viento? de Charo Pita


¿Quién puede vencer al viento?

Texto: Charo Pita

Ilustración: Marion Arbona


Cartoné, 25x23, 48 págs.

ISBN 978-84-9871-507-1

2014


Por José R. Cortés Criado.

Charo Pita escribe una historia con aires antiguos en los que personas, animales y fenómenos naturales conviven con total normalidad. Además nos ofrece una enseñanza, hay que ser humilde y aceptar la realidad para conseguir nuestros objetivos.

La trama es bien sencilla; se trata de una comunidad donde personas y animales comparten tareas comunes, una de ellas es acabar con la sequía que asola el poblado a pesar de los cantos y peticiones de los humanos para que el viento traiga la lluvia; para ello se reunieron el león, la hiena, el elefante, la tortuga, la liebre, la gacela, el mono, la lechuza... y decidieron enviar al rey de la selva en busca del viento para pedirle que traiga las nubes al poblado.

El viento le puso una sola condición, correr sin mirar atrás y se llega al poblado primero, el viento llevaría la lluvia. El león fracasó, al igual que la hiena y la liebre; fue la tortuga la que consiguió que el poblado recobrase sus cosechas. Gracias al tesón y a la paciencia, el animal más lento ganó la carrera al viento, y en agradecimiento a su hazaña, las mujeres de la aldea idearon unos cántaros con la forma de su caparazón que servían para hacer música.

Las ilustraciones son muy coloristas, predominan los tonos rojos, especialmente la luminosidad del rojo cadmio, la técnica empleada es el gouche, lápices de colores y tinta china, que se mezclan con el rojo y el verde, reflejo de la sequía y de la vitalidad de la vegetación con las lluvias.

Marion Arbona ha sabido reflejar muy bien el mundo animal e incluso el viento. Hay páginas que nos muestran un mundo abigarrado de animales y plantas y otras sencillas siluetas coloristas. La portada y contraportada son un fiel reflejo de su interior; las guardas reflejan con mucha gracia la imagen de los protagonistas del relato.


Un buen álbum donde texto e ilustración conforman un buen maridaje.

En este mismo blog puedes leer las reseñas de otros dos títulos de Charo Pita.




En este mismo blog puedes leer

domingo, 30 de marzo de 2014

La calle del puchero de Charo Pita



La calle del puchero

Texto: Charo Pita

Ilustraciones: Massimiliano di Lauro


2014 

Cartoné, 

40 pp., 25x23 cm.





Por José R. Cortés Criado.


La vida en comunidad se puede alterar en cualquier momento y por cualquier asunto, deviniendo en un caos y un desconcierto donde prima el mal humor, el enfado y las pocas ganas de convivir con el vecino, pero un poco de sosiego, unas palabras amables y un gesto cercano pueden hacer que la armonía siga entre ellos.

Esta es la trama de este álbum; todo comienza cuando un niño empieza a llorar, este enfada al vecino de abajo, este al gato, el gato al cartero, el cartero a la portera, esta al frutero, el frutero al guardia y el guardia al jardinero, que felizmente decide poner cordura y comienza otra cadena a la inversa, contrarrestando el ímpetu del enfado y devolviendo sosiego y tranquilidad hasta que el último eslabón de la cadena, el niño, es consolado por la lectura de un cuento, volviendo así la armonía existente entre los habitantes de la calle Puchero.

Al parecer el personaje que se enfada cuando oye al niño llorar y desencadena la cascada de acontecimientos está inspirado en el pianista italiano Giovanni Allevi.

Son las dos caras de una moneda, la fragilidad de la convivencia y la cordialidad entre los vecinos que Charo Pita ha sabido hilvanar con mucha gracia y habilidad, dotándola de una velocidad vertiginosa.

El final del relato es el del cuento de nunca acabar, finaliza con una pregunta: ¿Quieres que te lo cuente de nuevo?

Las ilustraciones de Massimiliano de Lauro son imitaciones de las que se realizaban en los años cincuenta; no hay línea que marque los contornos, salvo en la cara y en las manos,  están compuestos por colores y texturas.

Los dibujos son expresivos y están carentes de elementos innecesarios para crear el ambiente de la calle del Puchero que no es otro que el que se vive en la pequeña ciudad de Trani donde vive el ilustrador.

Junto a los protagonistas del relato, el dibujante recrea otras historias que tiene su lectura paralela, como la presencia de un caniche negro que se escapa y molesta a un gato azul, o la vecina que hace deporte en una bicicleta estática situada en el salón de su casa.

Un buen álbum que gustará todo tipo de público.

miércoles, 19 de junio de 2013

¡Magia!




¡Magia!

Texto: Charo Pita

Ilustraciones: Madalena Matoso

Editorial OQO

ISBN: 978-84-9871-320-6
36 págs. | cartoné | 25x23 cm |




Por José R. Cortés Criado

Para celebrar el Día de los abuelos.

¿Hay mayor magia que calmar la sed y el hambre de un bebé amamantándolo?

Esa es la trama de este cuento. El pequeño Óscar ha de cuidar de su primo, un bebé, mientras su mamá sale de compras. Todo fue bien hasta que el pequeño comenzó a llorar; como no se calmó cuando lo acunó y le cantó una nana, supuso que tendría hambre pero como en la nevera no había nada decidió buscar la comida en la pastelería, como no había dulces para bebés, se fue al huerto, como tampoco había fruto que se pudiese comer el bebé, se dirigió al granjero, a la pescadera y al carnicero, sin conseguir nada que calmar el hambre del pequeñuelo.

Al regresar a casa, Óscar le contó al abuelo todas sus peripecias y su pena por no poder saciar el hambre del bebé. El abuelo sonrió y le dijo mientras salía de casa: “¡Haremos magia!”.

Óscar esperó impaciente esa magia, vio llegar a su tía con el abuelo, esperó que esta mostrase el alimento comprado para el bebé cuando se sentó tranquilamente y se lo acercó al pecho y… ¡Magia! El bebé se calmó.

Madalena Matoso vuelve a hacer uso de la técnica del collage para ilustrar esta historia. El resultado es una galería colorista y original de collages donde predominan los colores rojos, verdes y grises.

Se aprecian muy bien la textura y los distintos elementos utilizados para las ilustraciones, siento el lector deseos de tocar o alisar los trozos de papel pegados.

El resultado es un libro de gran belleza visual, donde restos de cartón, bolsa de pan, códigos de barras, sellos, etiquetas… se aúnan para recrear los distintos escenarios donde transcurre la obra.

De la ilustradora también se ha publicado en esta revista la crítica de “Los mil blancos de los esquimales”.