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sábado, 28 de diciembre de 2024

"Los sabios hipopótamos" de Peter Svetia

Los sabios hipopótamos
Texto: Peter Svetia
Ilustración: Francisco Tomsich
Editorial: Malinc
ISBN: 978-84-120236-6-4
Tapa dura, 108 páginas
(+ 6 años), 2024.





Por José R. Cortés Criado.



“Las palabras son como piedras de río: no son todas igual de redondeadas, no son todas igual de grandes, no son todas igual de blancas.” Peter Svetia: Los sabios hipopótamos.

El escritor es un sabio y sus dos protagonistas, también. Huberto y Marcelo, dos hipopótamos, no tiene prisas, les gusta sentarse a la sombra de un plátano y lanzar bolitas de barro al río, mientras filosofan, charlan con sus vecinos, ayudan a los necesitados y se hacen preguntas interesantes e importantes.

La lógica de ambos amigos es asombrosamente sencilla y profunda a la vez. Lo elemental de sus razonamientos, su lenguaje sencillo de frases escuetas y sus pensamientos únicos hacen que los lectores nos enfrentemos al texto de manera diferente.

Los pequeños lectores se sentirán cerca de los animales que protagonizan el libro, se reirán de sus ocurrencias y compartirán sus formas de pensar; los adultos, además, sonreiremos con socarronería ante tanta capacidad filosófica en las cuestiones más simples, como saber cuán ancho es el verano, cómo contar pingüinos o cómo desgrana guisantes un hipopótamo.

Los veintiún cuentos cortos que recoge este volumen y los numerosos animales que en él aparecen no solamente nos entretienen si no que despiertan la curiosidad de los pequeños lectores en medio de las ingeniosas y estrafalarias ideas filosóficas de estos animales.

El libro está ilustrado por Francisco Tomsich que, con trazos finos de lápices de colores, temperas diluidas y estampaciones de hojas nos envuelven en este singular volumen, donde los animales forman parte de la trama en uno escenarios naturales de trazos simples.

Un excelente libro que, entre otras cosas, nos hace pensar. Ha sido una delicia su lectura.

jueves, 2 de abril de 2020

Día Internacional del Libro Infantil. 2 de abril de 2020.


Día Internacional del Libro Infantil. 2 de abril de 2020.


Por José R. Cortés Criado.

El día  2 de abril, coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, el IBBY anima a la celebración del Día Internacional del Libro Infantil para promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes desde el años 1967.

Cada año, una sección nacional del IBBY patrocina el Día del Libro Infantil y selecciona a un escritor representativo y a un reconocido ilustrador de su país para que elaboren el mensaje y el cartel dirigido a todos los niños del mundo.

Este año le corresponde a la sección de Eslovenia, que difunde el mensaje de Peter Svetina, «Hambre de palabras», que está ilustrado por Damijan Stepančič.

Este es el mensaje publicado en la web de la OEPLI.

Hambre de palabras

Donde yo vivo, los arbustos se vuelven verdes a finales de abril o principios de mayo. Al poco tiempo, se llenan de crisálidas de mariposas, que lucen como vetas de algodón o algodón de azúcar. Las orugas devoran los arbustos hoja tras hoja, hasta dejarlos despojados. Cuando las mariposas salen de sus crisálidas, echan a volar, pero los arbustos no quedan arruinados. Al llegar el verano brotan de nuevo, y así una y otra vez. 
Esta es la imagen de un escritor, la imagen de un poeta. Son carcomidos, agotados por sus historias y sus poemas, las cuales, una vez finalizadas, emprenden su propio vuelo, refugiándose en los libros y encontrando a sus lectores. Esto no deja de repetirse.
¿Qué ocurre con estas historias y estos poemas?
Conozco a un chico al que tuvieron que operar de los ojos. Tras la operación, pasaron dos semanas donde solo se le permitió permanecer recostado sobre su lado derecho, y después de aquello, otro mes donde no pudo leer nada. Cuando volvió a coger un libro, mes y medio después, sintió como si estuviera recogiendo palabras a cucharadas, casi comiéndoselas.
Y conozco a una chica que ahora es maestra. Me dijo: pobres de aquellos niños a los que sus padres no leían libros.
Las palabras en los poemas y en los cuentos son alimento. No alimento para el cuerpo, nada que pueda llenar el estómago. Son alimento para el espíritu y para el alma.
Cuando el hombre tiene hambre o sed, se le encoge el estómago y se le seca la boca. Busca encontrar algo para comer, un trozo de pan, un plato de arroz o de maíz, un pescado o un plátano. Cuanto más hambriento se encuentra, más se le estrecha la mirada; ya no ve otra cosa que aquello que pueda saciarle.
Sin embargo, el hambre de palabras se manifiesta de forma distinta: como una tristeza, una apatía, una arrogancia. Las personas que sufren de este tipo de hambre no son conscientes de que sus almas están tiritando, de que están pasando junto a sí mismas sin haberse percibido. Una parte de su propio mundo se les va de las manos sin ellos darse cuenta.
Este tipo de hambre es la que sacian los poemas y las historias.
¿Existe, no obstante, esperanza para aquellos que nunca han satisfecho esta hambre con palabras?
Sí. Aquel chico lee casi cada día. La chica que es maestra lee cuentos a sus alumnos cada viernes, cada semana. Si alguna vez se olvida, los niños no tardan en recordárselo.
¿Y qué ocurre con el escritor, con el poeta? Con la llegada del verano, volverán a verdecer. Y una vez más serán engullidos por sus historias y poemas, que acabarán volando en todas las direcciones, igual que las mariposas. Una y otra vez.
Texto original: Peter Svetina.
Traducción: Barbara Pregelj