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jueves, 29 de enero de 2026

"La gata del bosque" de Angélica Gómez

La gata del bosque
Texto: Angélica Gómez
Ilustración: Ángel Idígoras
Editorial Enheduanna
ISBN: 978-8412931730
Tapa dura, 240 x 240 mm,
56 páginas, (+6 años)
15,95 €, 2024.



Por José R. Cortés Criado.


[María Zambrano] Preguntaba sobre el porqué de las cosas y un porqué la llevaba a otro hasta que cansaba a los mayores, que terminaban con dolor de cabeza y la mandaban callar o a su habitación a recoger los juguetes o…” Angélica Gómez: La gata del bosque.

Angélica Gómez nos acerca a María Zambrano niña para que los pequeños lectores descubran que los mayores alguna vez fuimos niños y que las mentes inquietas son las que hacen avanzar el conocimiento, de ahí la importancia de hacernos preguntas que nos servirán para comprender el mundo en el que vivimos.

Así nos encontramos a una niña que pasa las vacaciones de verano en casa de su abuelo, cerca de un bosque, donde, cierta mañana, conoce una gata negra que habla y no solo habla, sino que la acompaña por ese bosque en busca de las respuestas a sus miles de preguntas, así descubre que nunca se baña uno en la misma agua si lo hace en un río y que quienes más saben son la nada y el vacío, donde gata y niña se introducen en busca de soluciones a sus enigmas.

Aunque en un principio María se sorprende de que una gata hablase, más aún que supiese que la niña no paraba de preguntar el porqué de todo, después comenzaron unos amigables diálogos y la gata se ofreció a ser de guía para encontrar los claros del bosque donde se encuentran las respuestas, y, mágicamente, la gata aparece de color blanco en medio del bosque, cuando encontraron el vacío.

El texto se acompaña de unas simpáticas ilustraciones a todo color, en las que se distingue bien los trazos de los lápices que dan vida a nuestra protagonista, de Ángel Idígoras que nos muestran a una María Zambrano en sus últimos años y a la niña inquieta que deambula por el bosque en compañía de su gata en pos de respuestas a sus preguntas.

Un bonito libro para dar a conocer a tan singular pensadora veleña, que nunca dejó de cultivar el saber y de ahondar en ese amor por la sabiduría que nos anima a pensar críticamente, reflexionar sobre el bien y el mal y demás cuestiones que hacen nuestra vida más placentera.

sábado, 22 de abril de 2023

Feliz Día del Libro. Homenaje a María Zambrano de José R. Cortés Criado.


 Feliz Día del Libro. Homenaje a María Zambrano.





Por José R. Cortés Criado.









Este homenaje toma prestados los cuatro primeros versos del poema “Delirio del incrédulo” que la pensadora veleña escribió en 1950 en el Hotel d’Inghilterra de Roma, recogido en su libro El agua ensimismada: “Bajo la flor, la rama; / sobre la flor, la estrella; / bajo la estrella, el viento. /¿Y qué más?”, ycontinúa con una serie de preguntas buscando algo más en nuestra existencia.



Bajo la flor, la rama;

sobre la flor, la estrella;

bajo la estrella, el viento.

¿Y qué más?



Más allá, la luna.

Bajo la luna, el mar;

sobre la luna, el lucero;

bajo el lucero, las olas.

¿Y qué más?



Más allá, el velero.

Bajo el velero, el pez;

sobre el velero, la gaviota;

bajo la gaviota, el aire.

¿Y qué más?



Más allá, el horizonte.

Bajo el horizonte, la tierra;

sobre el horizonte, el sol;

bajo el sol, la vida.

¿Y qué más?



Más allá, la mujer.

Bajo la mujer, la esperanza;

sobre la esperanza, un hijo;

bajo el hijo, el futuro.

¿Y más allá?



Más allá está todo:

la luz,

la esperanza,

la vida

y tú.





María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, Málaga 1904 – Madrid, 1991) fue una intelectual, filósofa, y ensayista. Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX. Recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes.



CORTÉS CRIADO, J.R. (2023). 27 homenajes a la generación del 27, Servicio de Publicaciones, Ciudad Autónoma de Melilla.




miércoles, 18 de mayo de 2022

"Otro paseo de María Zambrano y Joaquín Lobato por la IV Bienal de Arte y Escuela de Torre del Mar" de José R. Cortés Criado



Por José R. Cortés Criado.






María se desperezó como si acabara de despertarse. Lleva todo el día quieta en su cartel observando el ir y venir del alumnado que no cesa de entrar y salir a este salón lleno de arte y solidaridad.

—Joaquín, ¡Joaquín! Haz el favor, Joaquín, baja, que ya se han ido todos y tengo ganas de estirar las piernas.

Joaquín seguía sin bajar, estaba absorto observando lo que hacía el maestro Pablo Picasso en su espacio.

—Joaquín, no te hagas de rogar y acompáñame en mi paseo vespertino.

—Ya voy, María. ¡Qué prisas te han entrado esta tarde!

—Prisas ninguna, es que estoy entumecida de tanto aguantar el tipo delante de maestros y alumnos. Y mira que me dieron ganas de cantar y plantar patatas con la Orquestilla del Vicente Aleixandre. ¡Qué bueno es ser maestro!

—Sobre todo si consigues que tantas voces infantiles sigan el compás.

—E iluminar las mentes infantiles. Tengo muy gratos recuerdos de mi colaboración con las Misiones Pedagógicas.

—¡Vamos, amiga! ¡Baja que nos vamos a da una vuelta por este espacio de arte y vida!

—Llevo todo el día observando este magnífico saurio y me tiene fascinada. Y más, si cabe, la atención y las caras de asombro de los pequeñuelos que lo rodean con la boca abierta.

—Normal, ellos conocen los camaleones, aunque cada vez hay menos. En esta zona de la Axarquía abundan, pero este, por su envergadura y colorido, es único.

—Además, Joaquín, sus cambios de color me hacen pensar en las veleidades de algunas personas que cambian de opinión cual veletas.

—¡De esos, no somos nosotros! Nosotros somos fieles a nuestras ideas y las mantenemos, aunque haya personas que nos señalen con el dedo.

—Como debe ser, amigo. En la vida es muy importante ser coherente con nuestra forma de pensar y actuar. ¡Bueno, dejemos de reflexionar y cuéntame por qué no bajabas!

—Es que… estaba observando al maestro Picasso cómo pintaba requetebién una cara de mujer y, después, cogía su pincel grueso y pintarrajeaba encima de negro.

—¿No me digas?

—Y, también, dibujaba de frente y de perfil el mismo rostro y le ponía la nariz en la frente o un ojo en el pelo. ¡Hacía cada cosa!

—Joaquín, hazle caso al maestro, no olvides que es un genio y que ha abierto las puertas a la modernidad en el arte.

—Si le hago. Desde que estamos aquí he llenado muchas hojas con anotaciones de su trabajo, me está haciendo ver el dibujo desde otra perspectiva.

—Subamos a verlo y charlemos un poco con él. 

María y Joaquín suben despacio las escaleras. De vez en cuando se detienen a observar el rosetón de manos infantiles que corona la entrada a la Azucarera y el pulpo rojizo que parece vigilar los globos-libros que cubren la nave. Por fin llegan a la primera planta y se paran a saludar a Jorge Guillén.

—¡Hola, amigo poeta!

—¡Hola, María! Aquí estoy dándole vueltas a unos versos que se vinieron a la mente escuchando al público juvenil hablar de mí, del mar y de mi maestro Juan Ramón.

—¡Ah! Juan Ramón Jiménez Mantecón. ¡Qué buenos ratos de charla con él y Zenobia tanto en Madrid como en Puerto Rico!

—Maestro, yo soy aprendiz de pintor y de poeta. Me encantan sus versos cortos, esas frases nominales. ¡Qué fuerza tiene sus poemas tan desnudos de adornos!

—Joven poeta, me gustan las oraciones nominales porque muestran la esencia de las cosas; los verbos hablan solo de su existencia.

—Ven con nosotros a visitar a Pablo —le propuso la filósofa.

—Prefiero seguir buscando el sustantivo exacto para estos versos que revolotean en mi mente.

—Como quieras. ¡Hasta luego!

Caminan hasta el lugar donde se encuentra Picasso con sus pinceles en la mano.

—¡Hola, maestro! Soy Joaquín, un aprendiz de pintor que se maravilla de su buen hacer. Llevo varios días observando su trabajo y, hoy, lo veo muy pensativo.

—¡Hola, Pablo! ¿Qué te ronda la sesera hoy?

—¡María, ¡qué bien me vienes! Llevo todo el día dándole vueltas a un tema y seguro que tú, que eres más reflexiva que yo, me das la solución.

—Dime, ¿en qué te puedo ayudar?

—María, ¿crees que hice bien el pintar el Guernica?

—Sí, sin duda alguna que fue un acierto ese mural. Así queda constancia de la barbarie y la destrucción de esta guerra que ha roto nuestro país.

—¿No crees que debería haber dibujado otro de la Desbandá?

—Pues sí, tu tierra también se merece un mural épico que recuerde el dolor y el sufrimiento de esas familias que pasaron por aquí, por esta playa de Torre del Mar, camino de Almería. 

-¡Qué dolor la desbandá o juía como se le dice por aquí! -añadió Joaquín.

—Ese pensamiento es el que me ronda estos días, amiga filosofa.

—Madura tus ideas y, si lo ves necesario, ponte a la tarea.  Nosotros seguimos nuestro camino y nos pararemos ante los fractales a pensar en lo que hemos hablado. ¡Vamos, Joaquín!

—Mira María, este móvil que parece inacabado. Me recuerda las naves espaciales del cine.

—Sí, Joaquín, podría ser una ciudad del futuro en cualquier punto del espacio. Es verdad, está inacabado. Parece una invitación a los visitantes para que continuemos la extensión de esta ciudad única.

—¡Qué imaginación y qué calidad hay en esta exposición! Me llama la atención cómo con piedrecitas, material de desecho, cascarones de huevo, recortes, libros viejos, goma eva, cartulinas, retales de tela y demás materiales sencillos se puede hacer arte.

—Sí, Joaquín, el arte está en nosotros, el ser humano, solo debemos saber sacarlo de nuestro interior y mostrárselo a los demás, y de eso, tú eres capaz; yo, lo puedo hacer con la palabra, no con el pincel. Todos tenemos un arte, solo debemos encontrárnoslo y trabajarlo.

—María, siempre aprendo de tus palabras. ¡Qué sabia eres!

—¡Anda, zalamero, déjate de alabanzas y sigamos el paseo! —María siguió hablando— Pobre Frida Kahlo, ¡qué dolores tuvo que padecer durante su vida tras aquel fatal accidente! Fue una gran persona de ideas muy avanzadas. Rompió con la imagen de la mujer sumisa y más de un tabú de su época. En sus cuadros reflejó sus dificultades para vivir.

—Sí. Tuvo que ser dura su existencia, una mujer con tanta fuerza y con tan poca movilidad...

—Sigamos, amigo. ¡Vamos a ver si queda algo de la cena tan espectacular que han montado con tan singulares personajes!

—¡Yo me tomaría una copita de Anís del Mono si es que no lo han terminado ya!

—Yo prefiero un cafelito junto al alemán de la cerveza, la menina, Marilyn, y Charlot. Sin duda, mantendríamos una conversación muy interesante.

—Para eso, María, deberías invitar también a Robert Harvey, para que traduzca lo que diga la Monroe.

—Vamos a bajar y charlamos un rato con él, que lo veo muy feliz contemplando las recreaciones de sus obras.

—Un momento, antes entremos a visitar estas señas de identidad tan interesantes.

—¡Ay, Joaquín! Ayer me pasé la noche recordando lo que ahí vimos, esas manifestaciones de la diferencia que tan magistralmente han traído estos profes y alumnos. Dan para escribir un tratado sobre la autoestima, las relaciones humanas, la fuerza de la unión de todos, las caretas que usamos para salir al mundo y lo mejor, que asumamos que todos somos diferentes y todos somos necesarios e importantes.

—Continuemos. Que me entristece ver ese mendigo en el suelo. ¡Parece mentira que hallamos evolucionado tanto y que sigan viviendo personas en la calle!


—Ha sido un acierto esta obra. Es un aldabonazo en las mentes de los que vivimos con las necesidades básicas cubiertas. ¡Hay que mirar a nuestro vecino y arrimar el hombro para que esto no siga existiendo!

—Sí, María y podemos crear nuestra bandera para ese movimiento que acabe con la pobreza.

—Yo le pondría un limón y un gato.

—Y yo, un trocito de mar y de sol.

—No nos quedará mal. Vamos a preguntarle a Robert antes de retirarnos.

—Yo le pondría un ángel —propuso el americano.

—No me extraña, así todos sabrán que vives en La huerta del ángel. Amigo Harvey, quién te iba a decir que un hippie norteamericano como tú iba a acabar viviendo en la Axarquía.

—María, si alguien me lo hubiese dicho cuando nos oponíamos a la guerra de Vietnam, lo hubiese tomado por loco, pero cuando llegué aquí y vi esta luz y esta gente, lo tuve claro. Mi sitio estaba en Macharaviaya.

—¡Hola, soy Joaquín!

—Sí, ya te conozco y conozco tus dibujos y tus versos. Vivo en el campo, pero no desconectado del mundo. Me gusta tu forma de ser y expresarte.

—Desde pequeño me gustaba pintar y montar teatrillos en mi casa.

—¡Ah! ¿Vosotros sabéis que con siete años yo ya dije que era pintor?

—¡Con siete años! Ya me hubiese gustado a mí haber dicho que era filósofa a esa edad.

—Yo tampoco fui tan precoz, aunque seguro que los tres ya apuntábamos maneras desde muy pequeños.

—Cuando lo dije, los mayores se rieron. A mí no me hizo gracia, pero aquí estoy, siendo uno de los pintores de Pop Art reconocidos.


—¿Qué le pasa a Salvador Rueda que esta tarde está tan pensativo? —quiso saber Joaquín.

—No lo sé. Suele ser un buen compañero de tertulia —aclaró Robert— Charlamos mucho, sobre todo él y Lobillo. Tienen muchas cosas en común.

—Con Antonio Segovia Lobillo yo he pasado muy buenos ratos hablando de versos y pintura. Sabe mucho de ambas cosas —aclaró Joaquín.

—¡Hola, Salvador! Todavía resuena el eco de tus palabras en media América. Nadie olvida a este precursor español de Modernismo —expuso María.

—Gracias, amiga. Ahora estoy intentado componer un poema, tengo ya los dos primeros versos: “Torre del Mar, alegre y peregrino / pueblo a la orilla de la mar riente”. Ya me falta menos para acabarlo —dijo con humor.

—Os escuché hablar de la creación de una bandera nuestra, quiero unirme —apuntó Antonio Segovia Lobillo—. Yo le añadiría una pluma y un pincel. No creo que haga falta aclarar el porqué. Si alguien lo duda que se pase por Moclinejo, por el Museo de Arte Contemporáneo que lleva mi nombre.

—Yo no voy a ser menos —habló Salvador—. Propongo que tenga un manojito de boquerones y, si me apuras, una tajada de sandía.

—¿Os parece que lleve como lema “La paz es un modo de ser persona”? —Propuso María.

Todos alabaron la idea y después de platicar un buen rato, Joaquín y María siguieron su vuelta. Revisaron qué nuevos deseos se habían cumplido de la Fuente de la Gloria, saludaron a los atrapados en la pantalla, al pulpo gigante y se detuvieron a conocer el secreto de tantas miradas atrapadas tras las ventanas.


—¡Qué tiempo más duro el del confinamiento por la pandemia! Esperemos que no vuelva.

—Sí, Joaquín, será mejor.

—Veo que los frutos axárquicos están en sazón, siempre hemos sido tierra de agricultores.

—Ahora te propongo callarnos para sentir los latidos de nuestro planeta y, después, sentarnos un rato a contemplar este móvil mágico que ha hecho el alumnado con la ayuda de Antonio Hidalgo.

—Mi amigo Antonio es un genio, su pintura es inconfundible, domina los recursos técnicos como pocos, el color es un factor imprescindible junto a esos otros elementos que le dan un toque mágico a su obra.

—Sin duda, Joaquín, estamos ante un artista que sabe reflejar perfectamente aquello que lleva en su imaginación.

—¡Hola, paisanos! Me alegra saber que os gusta lo que creo. Yo lo paso en grande en la soledad de mi estudio delante de un lienzo, pero he de confesaros que me lo pasé genial con los niños haciendo esta muestra para la bienal.

—Es para sentirte orgulloso. Esa cantidad de pequeños detalles, esa mezcla de tonalidades y esas formas hacen de El carro de la ilusión una pieza digna de cualquier museo de arte moderno—afirmó María.

—¡Ah! A propósito de la bandera, le añadiría una gaviota y un pulpo multicolor y me presto a pintarlo para la V Bienal Internacional de Arte y Escuela de la Axarquía.

—Con una condición —dijo Joaquín—. Que no lo recargues de adornos, porque, entonces, parecerá el carrito de las chucherías.

Los tres amigos, entre risas, se despidieron.

María, antes de volver a su mural, se acercó a la emisora de radio escolar. Tocó los auriculares y los micrófonos, se sentó frente a uno. Su mente voló muy lejos y, con voz suave, recitó:


—Bajo la flor, la rama; / sobre la flor, la estrella; / bajo la estrella, el viento. / ¿Y qué más?

Después, en el silencio de la tarde, recordó la letra de Verde, blanca y verde de Carlos Cano, tan bien cantada por la Orquestilla del Vicente Aleixandre y el Coro Joven Stella Maris.

Al cabo de un rato se levantó y susurró:

—Todo arte es poesía o… no es.

 


miércoles, 16 de febrero de 2022

"Siempre estuve aquí. Vida en el exilio de María Zambrano" de Nadia Terranova

Siempre estuve aquí. Vida en el exilio de María Zambrano

Texto: Nadia Terranova

Ilustración: Pia Valentinis

Editorial Kalandraka

Traducción: Lola Barceló

ISBN:  978-84-1343-121-5

150 x 210 mm, 80 páginas

(+ 10 años) 14 €

2022

 

Por José R. Cortés Criado.

 “Don Blas (su padre) mira a la recién nacida y se dice a sí mismo que dará a su hija todo lo que posee: la Filosofía, la Poesía y la Política.” Nadia Terranova: Siempre estuve aquí. Vida en el exilio de María Zambrano.

Muy interesante obra que recoge la vida de tan singular pensadora a la que le tocó vivir, la mayor parte de su existencia en el exilio por ser republicana de izquierdas, tras la cruenta Guerra Civil española.

Su vida comienza en el sur de España, Veléz-Málaga, donde su padre es maestro de escuela, de ahí a Segovia, Madrid. Después vendría Chile con su marido, diplomático; en 1939, marchó a Francia, pasó la frontera junto al gran poeta Antonio Machado. Su vida sigue en París, Nueva York, La Habana, Puerto Rico, Roma, Ginebra y Madrid de nuevo, al fin de sus días. Nunca dejó de pensar en España, como muchos otros españoles exiliados.

Esta pensadora nunca se asentó definitivamente en ningún lugar, viajó y vivió en diferentes lugares, a algunos volvió a residir por segunda vez, pero nunca se sintió apartada de su país, y como ella dijo en una entrevista cuando le preguntaron si había perdido la esperanza de volver a España: “¡Oh, yo creía que siempre estuve aquí!”

La también filosofa, Nadia Terranova ha escrito este volumen de homenaje a tan singular mujer. Sus palabras cargadas de emotividad, sensibilidad y admiración rozan lo poético en determinados pasajes y nos invita a conocer la obra de María Zambrano, destacando Claros del bosque.

Hace hincapié en su valor como filosofa destacada de la segunda mitad del siglo XX unida a la intelectualidad de su época. Pensar, reflexionar y escribir esa es su vida, escribir y escribir para dejar constancia de sus ideas. Junto a su labor intelectual, su amor por su patria, la familia, el cuidado de su hermana, de su cuñado, de sus numerosos gatos. Una mujer como muchas otras con una capacidad especial para la poesía, la filosofía y la política.

Pia Valentinis ilustra el libro con mucha armonía. Desde el rostro de María Zambrano en la portada y el vagón del tren, alegoría a su vida errante y a la estación de tren de la ciudad de Málaga que lleva su nombre, a los árboles más significativos en su vida, pasando por las siluetas de escenarios conocidos cargados de simbolismo, todas las ilustraciones son de tonos suaves.

Excelente obra de la nueva colección de la editorial Kalandraka, Biografías, que pretende acercar a los jóvenes la obra de mujeres representativas de la Historia.

 

 

viernes, 8 de marzo de 2019

"María Zambrano. La música de la luz" de Luisa Antolín


María Zambrano. La música de 
la luz

Texto: Luisa Antolín

Ilustración: Antonia Santolaya


Colección Libros para crecer en 

igualdad

ISBN  9788493617868

230 x 285 mm, 30 páginas,

14,50 €, (+ 7 años) 2009.

Por José R. Cortés Criado.

Ambas autoras acercan la figura de la pensadora andaluza a los pequeños lectores. El primer capítulo está dedicado a su nacimiento en Vélez-Málaga, pueblo de sur de España, donde vio la luz por primera vez en una casa con un limonero en el patio hasta donde llegaban los cantes flamencos de la taberna cercana.

Sus padres, maestros se trasladaron a Madrid, donde nació su hermana Araceli; ambas hermanas fueron inseparables a lo largo de sus vidas. Las dos amaban los gatos por demás, sobre todo Ara.

Blas y Araceli, los padres de María enseñaron a sus hijas a mirar, ver y escuchar, ya sea un geranio, la luna o el viento.

María siempre necesitaba más información, de su boca salía un por qué detrás de otro: ¿por qué el cielo es azul?, ¿por qué tenemos miedo a la oscuridad?, ¿por qué a veces los gatos te arañan cuando los acaricias?...

Así que decidió estudiar Filosofía el primer año que admitieron a chicas en la universidad. Ella que amaba saber, eligió la carrera cuyo nombre significa en griego “amor a la sabiduría” y desde entonces se dedicó a conocer y estudiar las respuestas que otras personas dieron a sus dudas.

Allí aprendió a estudiar, analizar, observar, y sobre todo, que si quería cambiar las injusticias que veía a su alrededor debía actuar. Le gustó aquello de pan y libertad que dijo García Lorca.

Cuando los sublevados dieron el golpe de estado en España ella se encontraba  en el extranjero y decidió volver a su patria para luchar con sus armas, las palabras, en defensa de la República.

Finalizada la guerra hubo de marcharse al exilio como gran parte de la intelectualidad de su época, tuvieron que pasar cincuenta años para que María Zambrano volviese a España tras un exilio inmenso, como decía ella. Su vida transcurrió entre Francia, México, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia, Suiza y vuelta a España.

María siempre buscó respuestas a sus dudas porque “la palabra saca las cosas del silencio”. Fue filósofa y poeta, o mejor dicho, una filósofa poeta y eso la hizo única y especial. Decía que cuando buscamos respuestas lo hacemos con la palabra de la poesía.
También decía que existe una música lejana, una razón poética oculta tras las sombras, que solo podemos escuchar abriendo bien los ojos, los oídos y el corazón.

El texto se acompaña de unas vistosas ilustraciones de gran modernidad, tanto por el colorido como por las formas de las figuras que nos acercan a la filósofa y nos ayudan a comprender su mundo íntimo, su pensamiento, ya sea mostrándonos a una niña sobre la cresta de una ola observando con un catalejo, rodeada de gatos o pensando en España. Son un acierto estos dibujos para complementar el texto.

Palabras e imágenes conforman este bonito libro que acerca a tan singular pensadora a los pequeños lectores y a los mayores, a quienes hará reflexionar sobre la palabra y su importancia en la vida cotidiana para pensar, contar, entender y comprender nuestra existencia.

La segunda parte del volumen se titula “María Zambrano. The Music of Light”, que es la traducción de la primera parte al inglés.





domingo, 17 de febrero de 2019

"Mujeres de la cultura" de Rosa Huertas


Mujeres de la cultura

Texto: Rosa Huertas

Ilustración: Eugenia Ábalos

Editorial Anaya

Colección Leer y Pensar

ISBN 978-84-698-5732-8

140 x 215 mm, 144 páginas

12 €, (+ 12 años) 2019.



Por José R. Cortés Criado.

La madrileña Rosa Huertas vuelve a las novedades con este libro dedicado a las mujeres de la cultura. Hace un repaso sobre sus vidas, sus logros y resalta su labor como agentes culturales de primer orden.

Darle visibilidad a estas mujeres imprescindibles de nuestra cultura es el objetivo de esta obra, para ello hace un repaso de sus vidas en la sociedad en las que les tocó vivir, finales del siglo XIX y principios del XX.

Todas ellas fueron pioneras en su campo, lucharon por conseguir que la mujer ocupase su espacio en la sociedad y por la cultura en general, fueron precursoras del feminismo e hicieron posible que los derechos de las mujeres fuesen reconocidos en todos los campos.

El primer nombre que aparece es el de la santanderina María Blanchard, la autora nos lleva de visita a una de sus exposiciones en la que sus cuadros compiten en calidad, atrevimiento y novedad con los de Pablo Picasso o Diego Rivera. Ella dijo: “Cambiaría toda mi obra por un poco de belleza”.

En segundo, lugar está la almeriense Carmen de Burgos. Está considerada como la primera periodista profesional de España y en lengua castellana. Pertenece por derecho a la generación del 98 aunque no figura en el listado de autores noventayochistas. Escribió: “No es la lucha de sexos, ni la enemistad con el hombre sino que la mujer desea colaborar con él y trabajar a su lado”.

La tercera es Clara Campoamor, esta abogada madrileña fue una gran defensora de los derechos de la mujer española; gracias a su tesón se consiguió reconocer el derecho de voto a las mujeres en España en 1931. Expuso: “Digamos que la definición de feminista indica la realización plena de la mujer en todas sus posibilidades, por lo que debiera llamarse humanismo”.

La escritora Elena Fortún, también madrileña, escribió la serie de libros dedicados a Celia, personaje femenino muy conocido en la década de los treinta del siglo pasado. Escribió: “¿Sabes por qué están tan tristes y aburridas las personas mayores? Pues porque nada les interesa. Como han visto mucha veces salir el sol, volar los pájaros y correr el agua, se figuran que todo ello es lo más natural del mundo”.

María Guerrero, la empresaria y actriz teatral, nacida en Madrid, dedicó su vida al teatro, de hecho su casa era el Teatro de la Princesa, que en 1931, tras su fallecimiento pasó a llamarse Teatro María Guerrero. Dijo: “No piensen que a los artistas se nos regalan una serie de dones por inspiración celeste: todo nos cuesta esfuerzo, trabajo y fatigas”.

María Teresa León, logroñesa, fue educada en un ambiente culto e ilustrado que la marcó de por vida. Tras su primer matrimonio se casó con Rafael Alberti, ambos forman parte de la generación del 27. Manifestó: “Escribir es mi enfermedad incurable. Escribir me salvó del miedo durante la guerra y de la nostalgia durante el exilio. Escribir nos salva del olvido”.

Concha Méndez, nacida en Madrid, unida a la generación del 27 como su marido Manuel Altolaguirre, siempre quiso ser poeta. El matrimonio dio a conocer la obra del grupo de escritores de su generación editando libros y revistas. Escribió. “Vine para algo más que para pasar como sombra. Dentro de mí una luz quiere salir fuera”.

María Moliner, o la tozudez de una zaragozana a la que no le gustaban las definiciones del diccionario de la RAE, por ello se dedicó durante quince años a elaborar un diccionario que forma parte de muchas bibliotecas familiares, el Diccionario de uso del español. Manifestó: “Un libro es una ventana maravillosa por la que uno se asoma al mundo. Es una puerta abierta al infinito”.

Emilia Pardo Bazán, esta aristócrata coruñesa destacó como novelista, periodista, feminista, ensayista, crítica literaria y catedrática. Desde siempre reclamó los derechos de la mujer. Enunció: “¡Hay que cambiar el mundo de las mujeres. Si mi nombre fuera Emilio, en lugar de Emilia, ¡qué distinta habría sido mi vida!”

María Zambrano, la malagueña es la filósofa española más importante del siglo XX, escribió sobre el compromiso cívico  el pensamiento poético. Su labor no fue reconocida en España hasta finales del siglo XX cuando volvió del exilio. Aseveró: “Escribir es revelar secretos. Se escribe aquello que no puede decirse porque alude demasiado a la verdad y las grandes verdades no suelen decirse hablando”.

Cada capítulo lleva una ilustración muy personal de Eugenia Ábalos representado a cada personaje con bastante fidelidad; todas tienen algo común que las distingue, esos cuerpos dotados de rotundez, peso y fuerza como el que estas señoras han tenido en nuestra cultura.

Si quieres conocer otros seis libros de Rosa Huertas comentados en el blog pincha aquí.

Si quieres conocer otro libro ilustrado por Eugenia Ábalos en el blog pincha aquí.

Sin duda, los jóvenes lectores disfrutarán de esta amena lectura y aprenderán de nuestro pasado y de la lucha de la mujer para ocupar el espacio que ocupa en el siglo XXI. Nada ha sido regalado a la mujer y nada ha sido conseguido sin el esfuerzo colaborativo de muchas personas.