martes, 31 de enero de 2017

El chico de la flecha de Espido Freire

El chico de la flecha.

Una aventura en Emerita Augusta

Espido Freire


Colección Narrativa Juvenil

140 x 210 mm, 240 páginas

(+ 122 años) 2016.





Por José R. Cortés Criado.


Espido Freire publicó su primer libro juvenil en 2001, La última batalla de Vincavec el bandido y ahora vuelve a publicar el segundo que lleva por título El chico de la flecha.

Esta novela está ambientada en la ciudad extremeña de Mérida en el siglo I d. C., y nos narra las vivencias de un chico, Marco, que como otros de su edad es sensible, inteligente, astuto y buena persona.

Este joven de clase noble vive en una casa típica romana, donde no faltan familiares, parientes, amigos… y esclavos; esta familia es respetable y dispone de medios económicos y políticos suficientes para vivir despreocupadamente.

Marco tiene una hermana menor y está bajo la tutela de su tío; sus padres fallecieron; el chico no presta mucha atención a su educador, está más atento a sus esclavo Aselo, de su edad, muy inquieto, listo, amigo de correr aventuras e inventar historias para evitar castigos.

La vida placentera de este chico se interrumpe cuando Aselo inventa una excusa que le acarrea más problemas que soluciones; como consecuencia el esclavo es regalado por el administrador de la casa.

Cuando regresa el tío de Marco a casa no está de acuerdo con ese regalo y comienza la búsqueda del joven, que había sido vendido por su nuevo amo a unos canteros.

Ese viaje es el de aprendizaje del joven, este madura por lo que ve, escucha y, sobre todo, por los consejos de su tío y por la forma de actuar de este ante los problemas cotidianos.

Con esta trama, Espido Freire recrea la vida en una ciudad importante del imperio romano en España e informa al lector de cómo se desarrolla la vida de los ciudadanos, de los esclavos, asaltadores de caminos, comerciantes, traficantes…, que poco a poco van formando el carácter del joven.

Además la autora recurre a las historias dentro de la historia contadas por otros personajes que enriquecen la obra.

Buen libro que demuestra que la vida de los adolescentes es similar en cualquier lugar o época, pues de lo que se trata es de una etapa de la vida en la que todos formamos nuestra identidad personal.




domingo, 29 de enero de 2017

Reo de Xesús Fraga

Reo

Texto: Xesús Fraga


Colección Algar Joven

130 x 205 mm, 160 páginas

(+ 12 años) 2016.








Por José R. Cortés Criado.

Reo es un chico al que le quedan pocos días para acabar segundo de bachillerato y es escritor, pero no de libro, es escritor de tag, piezas, potas, platas, grafitis y demás cosas que se dibujan sobre la pared, el muro, el puente, la señal de tráfico, el lavabo público o un tren.

Así se llama él y quiere dejar su firma en toda la ciudad, ser el amo del mundo, no quiere rivales, y en cuanto aparece alguno, intenta superarlo, aunque hay uno nuevo que tiene mucha fuerza y lo reta constantemente.

Su afán por ser recordado como el mejor “escritor” le hace perder el norte y todo su tiempo es para dejar su tag en cualquier parte y cuantos más mejor, descuidando sus estudios y su vida personal.

Esta actividad se mezcla con las relaciones familiares, una madre enfermera que trabaja a turnos, un padre poco comunicativo que es despedido y un abuelo que es la persona más serena y sensata que él conoce. El padre y el abuelo de Reo tienen dotes para el dibujo  y la pintura, descubriendo el joven cosas que desconocía de ellos.

Por otro lado está los amigos, esos que se reúnen en una discoteca abandonada, hacen música de hip-hop y comparten espacio con un vagabundo y su perro.

Además hay que añadir a Cora, una chica brasileña que lleva poco tiempo en España y que desea permanecer aquí y estudiar diseño. Reo la anima a cumplir su sueño y la ayuda a escaparse de casa con final no exitoso.

Reo además es sorprendido por la policía pintando en la calle y es detenido, pero como es la primera vez y menor de edad piensan que lo mejor es un trabajo extra durante el verano para resarcir su culpa.

Un profesor se hace cargo del joven y lo coloca en un estudio de un antiguo “escritor” para que abandone su arte callejero y aprenda otras facetas del dibujo y la pintura para su futuro.

Xesús Fraga cuenta esta historia de un niño de barrio con vivencias cotidianas y un incierto futuro, como tienen muchos jóvenes de su edad en este país.

La novela comienza presentado al protagonista y sus técnicas para dejar su marca en la ciudad, nos informa de los instrumentos utilizados y de colores con sus nombres comerciales de forma sencilla y amena que atrapa al lector que desea saber cómo será el desenlace, aunque pueda sospecharse.

Entretenida historia de unos días trepidantes de un chico corriente que desea ser alguien en la vida.


viernes, 27 de enero de 2017

Didi Keidy tiene un admirador secreto de Wanda Coven

Didi Keidy tiene un admirador secreto

Texto: Wanda Coven

Ilustración: Priscilla Burris


Colección Didi Keidy

140 x 185 mm, 132 páginas

(+ 6 años) 2016.






Por José R. Cortés Criado.

Didi es una niña muy despierta, que tiene sus amigos especiales en el cole y participa en todo cuanto allí acontece. Como ahora se acerca la feria de ciencias, debe elaborar un trabajo con un compañero de clase.

La profe no la deja escoger y los empareja como ella ve necesario y resulta que la separan de su amiga y la colocan con un chico que no le cae muy bien, pero como es obediente, se pone manos a la obra deseando terminar cuanto antes.

Lo que comenzó como algo impuesto va tomando otro giro, Didi se siente cada día más a gusto con su compañero Stanley y perfilan un trabajo interesante, se llamará las pasas bailarinas.

El padre de Didi es científico experto en refrescos y decide echarles una mano, para ello buscan en casa agua, vinagre, bicarbonato y pasas, para el experimento.

Toda la vida escolar gira alrededor de las ciencias, todos piensan ganar, incluso la alumna que le robó la primera idea a Didi pero al final gana la protagonista y su nuevo compañero.

Además ocurren cosas extrañas alrededor de Didi, le regalan una galleta, aparecen chupachups de uva que son sus preferidos, una tarjetita de regadlo de una tienda de chucherías, un mensaje secreto…, ella no puede dejar pasar esto, debe saber quién es su admirador secreto y decide acudir a su Libro de conjuros.

Con todos los ingredientes realizó el conjuro pero antes de llegar al final todo se echó a perder, así que se quedó sin saber quién es su admirador secreto, aunque Stanely la mira de forma especial.

Graciosa historia de la vida diaria en una clase donde los pequeños problemas son aumentados por los niños y todo se resuelve felizmente haciendo que ganen los que juegan limpio y son responsables de sus asuntos, creada por Wanda Coven.


Una originalidad del libro es verlo impreso con tinta roja. De ese color son las ilustraciones de Priscilla Burris que con gracia e ingenio colorea las páginas con simpáticos dibujos, onomatopeyas, estrellas, carteles y recuadros, dotando al libro de vida propia.

miércoles, 25 de enero de 2017

Esmeralda y yo de Juana Cortés Amunarriz

Esmeralda y yo

Texto: Juana Cortés Amunarriz

Ilustración: Bea Tormo


130 x 200 mm, 

152 páginas

(+ 10 años) 2017. 






Por José R. Cortés Criado


Ángela es la protagonista y narradora de esta tierna historia de amistad y solidaridad, y Esmeralda es su mascota, un pez. La niña se desahoga con Esmeralda cada vez que algo la apena, cree que el pez la comprende y que según  gire hacia un lado u otro su respuesta es sí o no a las preguntas que la niña le formula.

La historia comienza cuando Ángela con su familia llega a un nuevo pueblo donde su padre ha encontrado trabajo; echa de menos su cole anterior, sus amigos, su tía y todo aquello que la rodeó desde siempre.

La familia es numerosa de clase obrera que vive como puede e intenta adaptarse a las nuevas circunstancias, pero Esmeralda se resiste a los cambios, sobre todo cuando le toca como compañera de clase una niña un tanto estirada que controla y dirige la vida de más de uno; ella, que es independiente e imaginativa, no encaja en el perfil de amiga sumisa que Lucía quiere y comienzan sus problemas.

Si la cosa iba mal con las fantásticas historias que creaba de cualquier cosa, lo peor le pasó cuando le tocó hacer de mula en la obra de teatro que iban representar en el cole para Navidad, hasta que los animales, ella al frente, seguida de su compañera que hacía de buey, se sublevaron en medio de la representación contra Lucía, la protagonista indiscutible, que pretendía hacer algo injusto contra otro compañero actor.

Bonita historia, que ayuda a la niña protagonista a conocerse y a conocer a sus compañeros, es un proceso de aprendizaje y madurez que ella afianza con la ayuda de su madre, siempre en segundo plano pero haciéndole ver a su hija que la vida es bella, que otros pueden estar peor y que todo tiene solución en esta vida.

Juan Cortés Amunarriz escribe un buen libro que gustará a pequeños y mayores, con una acertada reflexión sobre los cambios que pueden afectar a una familia, lo ingrato que es para los niños cambiar de residencia, adaptarse a un nuevo centro escolar y hacer amigos, aunque siempre digamos que los niños hacen amigos rápidamente y sin problemas.

El libro está ilustrado por Bea Tormo que con gracia y humor refleja muchas de las situaciones vividas por sus protagonistas, indiscutible la presencia de Esmeralda y algunas escenas como la de la función teatral o su amiga Inés y su tía Nuria cantando a grito pelado.

La autora obtuvo con este libro el VII Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga, 2016.

Si quieres saber de otros libros ilustrados por Bea Tormo pincha aquí

domingo, 22 de enero de 2017

Valkiria. Game over de David Lozano.

Valkiria. Game over

Autor: David Lozano


Rústica, 360 páginas

(+ 13 años) 

2016.




Por José R. Cortés Criado.

La vida de unos jóvenes universitarios se ven alteradas por un suicidio, una desaparición…, pero sobre todo porque uno de los protagonistas ha recibido un mensaje en su móvil muy preocupante.

El remitente es desconocido, su invitación a jugar es rotunda, o entras en el juego o un vídeo muy comprometido para él llegará a su novia. Cunde el pánico, no puede romper esa relación que le gusta tanto; no sabe cómo pasó pero el vídeo lo muestra con otra chica, pronto recuerda que fue en una fiesta que…

Odín, el master del juego no quiere bromas, ni dudas, ni renuncias, cada vez cerca más a sus presas, a todas las busca por un motivo que desconocen, y todas las persona invitadas al juego ocultan algo, que Odín conoce y le sirve para chantajearlos.

Desde su inicio, David Lozano traza con suma habilidad la trama y el pánico ante el que sucumbe Unai, el protagonista, pronto se contagia al lector que se siente parte de la historia y sufre con los tres amigos que intentan descubrir quién se oculta tras el juego a través del móvil, Valkiria.

La angustia se contagia y las prisas por adelantarse a la siguiente jugada de Odín nos lleva página tras página al final del libro donde en unas pocas hojas se vislumbra la solución y se llega al final.

Intrigante novela, muy bien estructurada que te arrastra sin remedio a un mundo virtual donde lo esperado es más duro de lo que se esperaba.

No hay nada en contra de los juegos en red, ni de las fiestas estudiantiles, sino del uso que personas con otro tipo de problemas pueden hacer de las redes para intentar que las cosas sean como a él le interesan, o creen que deban ser.

Buen libro que se lee de un tirón.

sábado, 21 de enero de 2017

La novela infantil y juvenil de Juan Madrid de José R. Cortés Criado.


La novela infantil y juvenil de Juan Madrid.
Por José R. Cortés Criado.

Juan Madrid llevó a cabo la primera incursión en la llamada Literatura Infantil y Juvenil en 1987, cuando publicó Hotel Paraíso en la editorial Anaya, y la última, por ahora, en el año 2010, publicando El Rey del Mar en la editorial Edebé.

En Hotel Paraíso se narra el encuentro en un  hotel de cuatro delincuentes, tres de ellos buscan al cuarto compinche que se fugó con el botín. Paralelamente se  desarrolla otra trama en el hotel. Un joven que realiza pequeños trabajos a cambio de su alojamiento es acusado de robar un broche a una clienta, todos sospechan de él por sus antecedentes. Al final resultó que la señora lo había cambiado de lugar, quedando el chico libre de culpa; además, salvó su vida y la de la hija de la señora denunciante cuando el jefe de los hampones pensaba eliminar a ambos. Para alcanzar este objetivo contó con la ayuda de su perro, Sombra.

Veintiún años más tarde, en el 2008, Juan Madrid publicó Huida al Sur, obra con la que ganó el Premio Edebé de Literatura Juvenil y cuya trama es la misma que en Hotel Paraíso, pero mucho más elaborada. Se repite el marco donde se desarrolla gran parte de la historia, los personajes… e incluso la figura del perro que salvó la vida de los dos jóvenes. Como dijo el escritor, es una vieja historia con caras nuevas.

En la primera los personajes son planos y escasean las descripciones, todo a favor de la acción, que se presenta de forma muy sencilla; se trata de una obra dirigida al público infantil y tiene una estructura que recuerda los cuentos tradicionales. En Huida al Sur  la trama está más elaborada, en esta ocasión se presentan los hechos desde su origen y sabemos que el robo de brillantes y documentos está relacionado con la mafia italiana y la corrupción urbanística en la Costa del Sol; los personajes están mejor creados, sus acciones y sus diálogos los van mostrando tal como son; las descripciones de lugares y hechos son más minuciosas y el resultado es una obra juvenil en la que se entrecruzan varias historias interesantes que embaucan al lector y lo llevan con rapidez hacia el desenlace y, por fin, el lector sabe a quién pertenece la tumba del jardín que es mencionada al inicio; se trata de una novela merecedora del premio obtenido, con un perfil de novela negra y social tan acorde con el estilo del autor.

En la novelística de Juan Madrid llama la atención que los personajes sean presentados con unos pocos rasgos físicos, como si la prosopografía no fuese importante, aunque lo que persigue el autor es que el lector complete la fisonomía del personaje; sin embargo va dando detalles de la etopeya definitorios de su personalidad, en Huida al Sur, el lector sabe del joven protagonista que vivió en Tetuán, que tenía miedo a la oscuridad, que añora su infancia junto a su madre, que le gusta el mar, que pinta, sabe incluso el tipo de papel y la marca del lápiz con el que realiza los bosquejos de sus cuadros… y sin embargo hasta la página 64 no sabemos que es un joven alto, guapo y fuerte, además de tranquilo.

Si analizamos los personajes de sus obras infantiles y juveniles, junto a los niños aparecen una serie de hombres y mujeres corrientes y otros que pueden ser considerados atípicos, como el viejo pescador que vive en la playa, el niño marroquí sin madre, otro hijo de un delincuente, uno dado en adopción, otro que no se considera ni marroquí ni español, el joven que se escapó de un centro de acogida de menores, algunos personajes con malformaciones y minusvalías que actuaban en el circo… y es que Juan Madrid da “voz y voto a las pobres gentes, a los que no salen en la historia ni en la literatura, los currantes, las putas, los chóferes de taxis, los ladrones, los policías o los porteros de discoteca”[1].

Sin embargo cuando describe los lugares es muy minucioso, incluso escribe los nombres de las calles por donde deambulan sus personajes. En Huida al Sur también se puede leer: “A unos setenta kilómetros de Granada, descendiendo las tortuosas estribaciones de la cordillera Penibética en dirección a la costa, se encuentra el pueblo de Salobreña, encaramado en un cerro cortado a pico sobre la llanura costera”. (p. 7)  En Cuartos oscuros se describe el paseo por Nerja de uno de los protagonistas de este modo: “llegó hasta la plaza Cantarero y bajó la calle. Se compró un helado de "tutti-frutti" en una heladería, llamada La Ibicenca, de la calle Pintada, llegó al Balcón de Europa, de aquí se fue a la calle Carabeo. (pp. 128-129) En El Rey del Mar describe el viaje en tranvía desde el centro de Málaga hasta la barriada de El Palo: “Dejamos a la izquierda la plaza de toros y el castillo de Gibralfaro, lleno de casuchas, [...]Después, el balneario Los Baños del Carmen y La Caleta, donde vivían los ricos de Málaga” ( pp. 155-156)

A lo largo de estos veintitrés años Juan Madrid ha publicado, además de sus novelas para adultos, una serie de títulos dedicados a los jóvenes lectores, en los que deja constancia de sus aventuras infantiles, de los recuerdos de su ciudad natal, de su ideología y homenajea a Emilio Salgari, emulándolo en algunos de sus relatos. En todas sus obras expone su forma de pensar porque considera que “la labor del escritor es mostrar cómo está camuflada la realidad, cómo se engaña, cómo se oscurece. Nosotros no debemos oscurecer la realidad que ya está oscurecida. Debemos mostrar, desvelar, dar luz”[2].

La trama en las obras infantiles y juveniles tiene una estructura similar: el narrador presenta a los diferentes protagonistas y los distintos acontecimientos que se desarrollarán paralelamente. Al avanzar el relato, protagonistas, antagonistas, hechos y sucesos se entrelazarán, creando una compleja ficción hasta alcanzar el final de la historia donde todos los asuntos se aclaran dando por finalizada la historia.

El narrador suele ser omnisciente, intercalándose, en ocasiones, con la presencia del protagonista que relata en primera persona, diluyéndose ambos en determinados pasajes de sus primeras sobras, como se puede comprobar en las obras de personajes fijos. Los piratas del Ranghum, En el Mar de China, El fugitivo de Borneo o El Rey del Mar.

Esta tetralogía que recrea su infancia malagueña cuenta lo que le sucede a un grupo de niños, que disfrutaban de la calle como lugar ideal para los juegos y pequeñas travesuras. La narración de estas estampas cotidianas se presenta interrumpida por las historias inventadas por Salvador, el viejo marino, y Juan, el joven protagonista, que las amplía y las recopila.

La infancia malagueña de Juan Madrid.

Tiene el autor cuatro novelas publicadas actualmente en Edebé que recogen muchas de sus vivencias infantiles en Málaga, se trata de Los piratas del Ranghum, En el Mar de China, El fugitivo de Borneo y El Rey del Mar. Están escritas en primera persona, los personajes son comunes en las estas obras, siendo el protagonista, Juan, al que acompañan en sus aventuras su hermano Carlos, su amigo Mohamed y Clara, la hija de la amiga de su madre; también es clave un personaje adulto, Salvador, viejo marinero que vive en una caseta en la orilla de la playa junto a la desembocadura del río y su perro Rayo. Las tres primeras fueron anteriormente editadas en la editorial Alfaguara entre los años 1996 y 1997.

A lo largo de las páginas Juan nos irá mostrando la sociedad en la que le tocó vivir, la ciudad de Málaga durante la posguerra. Los primeros recuerdos tienen que ver con la calle, lugar donde se desarrollaba gran parte de la vida diaria; con los otros muchachos, unos más amigos y otros menos, sobre todo los del otro barrio colindante al río, el Perchel; con la gran libertad de movimiento que tenía en su zona, aunque se quejaba porque otros niños no iban a sus casas nada más que para comer y dormir y su madre era más estricta en el tema de horarios; y con las historias que escuchaban del viejo Salvador.

De esa primera infancia recuerda muy intensamente los expediciones que hacían al río Guadalmedina para buscar “tesoros” de chatarra, cascos de vidrio, cartones y demás que vendían al trapero del barrio para alquilar libros o tebeos, y comprar caramelos, altramuces, palotes de palodú, es decir, regaliz, o chicle americano Bazoca, “siempre en la boca”, y su habilidad en el juego del pincho, que consiste en clavar un objeto punzante el en suelo, se solía practicar en las zonas húmedas del río.

A través del joven protagonista conoceremos la existencia de bandas rivales; por un lado la que forma el autor con su hermano, su amigo Mohamed y Clara, y, por otro, los niños del Perchel, barrio popular malagueño. Ambos grupos estaban separados por un río que atraviesa la ciudad, cuyo cauce es tierra de nadie, siempre repleta de “tesoros” y cuya soberanía era disputada por ambas bandas; la banda de Juan era la más temerosa, sus rivales eran niños de la calle con más experiencias en peleas y guerrillas a pedradas que los protagonistas de esta historia.

Juan solía darle de lado a las reyertas, pero cuando no le quedaba más remedio debía hacer frente a las consecuencias; como no era buen luchador no solía salir bien parado pero no podía ser tachado de cobarde, sobre todo si el adversario le tocaba la oreja con el dedo mojado en saliva, entonces la pelea era inevitable; pero antes de comenzar se recordaban las normas por las que se regía el combate, como gritó Mohamed en Los piratas del Ranghum: “Hay que cumplir las cinco reglas -dijo-. Primera, no meter los dedos en los ojos. Segunda, no estrangular. Tercera, no arañar ni morder. Cuarta, no agarrar lo huevos. Y quinta, no mentar a la madre ni a los muertos”.(p. 114)

Además del río, el autor realiza detalladas descripciones de lugares y sobre todo refleja los nombres de calles, plazas, alamedas, barrios, comercios…, todos ellos existentes, por donde deambulan los personajes y transcurre la trama de estas novelas, es un guiño a su infancia y como dijo a un periodista cuando le preguntó qué supone Málaga en su obra literaria: “Es la memoria. La única patria que reconozco. Aún creo que no he salido de los callejones de Málaga”[3].

Para estos chicos no todo era jugar en la calle y saltar al río, también debían acudir a clases que las impartía su madre en la cocina de la casa, era maestra represaliada después de la Guerra Civil y prefería educar a sus hijos antes que matricularlos en un colegio nacional. Toda la banda acudía; el más necesitado de material era Mohamed y la más abastecida, Clara, hija de matrimonio rico, según Juan, a la que compraban cajas con doce lápices de colores, pluma Waterman, lápices HB Castell y un plumier como no debía haber ninguno en Málaga y…, que era la envidia de todos.

Las lecciones en casa eran más amenas que en el colegio, porque su madre era estupenda, porque se impartían en menos tiempo y porque no había alumnos que creasen problemas o quisieran imponer su voluntad en el patio de recreo; a todo esto, había que añadir las suculentas meriendas de pan y chocolate que aportaba Clara todas las tardes.
Más adelante los hermanos Madrid debieron acudir a un colegio del que no guardan gratos recuerdos: “El asqueroso colegio se llamaba Colegio Academia Davó y habían cambiado algunas cosas en él: ya no estábamos juntos los pequeños y los mayores, ni nos daba las clases la madre de don Miguel, ni existía la banda de los Murciélagos Negros…  pp. 26-27.

El contador de cuentos.

Un personaje clave en esta tetralogía, que también aparecerá en otras novelas, es el viejo Salvador, que con trece años se embarcó en el puerto de Cádiz y recorrió medio mundo, aunque siempre añoró Málaga y volvió a vivir sus últimos años en la ciudad. El encanto de Salvador consiste en saber ser “Sherezade y seducir al sultán”, como gusta decir a Juan Madrid, autor al que le gusta recrear historias llenas de vida e interés que hipnoticen al lector y le haga esperar con impaciencia la continuidad del relato, siguiendo el patrón de la literatura tradicional. “Soy heredero de esos contadores de cuentos orales”[4].

Juan Madrid recuerda las historias de la ardilla viajera que le contaba su padre con cuatro años y las de Juan Perico cuando tenía trece; siempre esperaba impacientemente poder escuchar otra andanza de estos personajes, por eso escribió: “Con frecuencia, los escritores olvidamos un principio fundamental en la literatura: una historia debe subyugar al lector de forma que no pueda dejarla. Tal como hacíamos al escuchar a mi padre, el lector debe caer cautivado ante lo que se le narra. Conseguido esto, lo demás son regalos” (Cuartos oscuros, p. 6).

Los niños acudían a la playa para poder disfrutar de las historias de Salvador, eran cuentos que nunca acababan y tenían a los oyentes pendientes de la continuación. Los deseos de conocer sus avances llevaron a Juan a idear la evolución de las mismas e inventarse finales acordes a sus deseos. Salvador sabía que el chico recogía las historias en su cuaderno de tapas negras y las ampliaba, e incluso intercambiaban ideas respecto a determinados aspectos.

Las narraciones de Salvador se intercalan con las vivencias de los chavales. Así se puede leer en las páginas de Los piratas del Ranghum que Salvador viajaba en el barco denominado Ranghum por los mares del Sur cuando la tripulación decidió convertirse en una banda pirata para secuestrar a la adinerada sefardí Fátima Toledano y a su padre, que terminaron siendo prisioneros del rey de Somalia, aunque después la señora creó una sucursal de sus negocios en aquel lugar y se asoció con el monarca; además, el malagueño, estuvo a punto de ser alimento de los tiburones y sobrevivió a otras muchas peripecias.

En la novela titulada En el Mar de China, Salvador navegaba por aquellos mares de oriente cuando sus compañeros decidieron aliarse con Chen-Kai, el señor de la guerra chino, pero aquél, persona noble y desinteresada, no quiso formar parte de tal tropelía, se separó de sus antiguos compañeros y siguió haciendo el bien a los necesitados, como acostumbraba, y le salvó la vida a un señor que fue atacado por un grupo de personas, se trataba de Sandokán.

En El fugitivo de Borneo Salvador vive en la isla secreta del Tigre de Malasia, de allí sale cuando los ingleses la invaden y termina en una isla desierta donde los caníbales se comieron al maestro para así poder adquirir su sabiduría y ser más listos. Cuando el marino iba a ser introducido en la cazuela le vieron colgada al cuello la esfinge del tigre, que había pertenecido a Sandokán; ese hecho le salvó la vida.

Salvador es el alter ego de Juan Madrid y casi el heterónimo de Emilio Salgari; en el prólogo de Los piratas de Ranghum se puede leer que las aventuras infantiles son una mezcla de vivencias, recuerdos y fantasía sin saber el autor dónde están los límites de cada una de estas historias que le contaba a sus hijos cuando eran pequeños como si fuesen de Salvador. En El fugitivo de Borneo se puede leer la siguiente dedicatoria: A Emilio Salgari y a Sandokán, que me formaron y me deformaron a los once años”.

En la novela El hijo de Sandokán Juan Madrid crea la figura de Kamal, el hijo del tigre de Malasia, y presenta a un joven idealista que busca la liberación de su tierra de la opresión inglesa; los ingleses son presentados como los malvados que ideó Salgari y como los representantes del espíritu colonial en la zona; a este asunto se debe añadir la historia de amor que vive el protagonista del relato, Salvador, y los valores de libertad y solidaridad que representa el espíritu del joven libertador, más cercano a los protagonistas de Madrid que a los de Salgari.

La figura del padre.

La familia de Juan, el protagonista de la trilogía ambientada en Málaga, está compuesta por sus padres y su hermano Carlos. El padre es una figura ausente que inspira todos los actos del joven y hacia la que siente gran respeto y veneración. Siempre está presente a través del recuerdo de sus palabras y de los consejos recibidos; a él recurre Juan cuando tiene algún problema, imaginando qué haría su progenitor en tales circunstancias o qué diría.

En Los piratas del Ranghum,  Juan, desde su óptica infantil explica que vive con su madre y su hermano porque su padre está ingresado en prisión por sus ideas políticas. Este dato es fidedigno y lo deja explícito a lo largo de sus obras. También refleja que ambos hermanos deben escribir una carta a su padre, lo hacen porque se lo pide la madre y porque saben que las cartas le ayudaban mucho en la situación en que estaba.

También narra, desde su perspectiva infantil, la irrupción en su casa de dos policías, que con falsa amabilidad, hablaron con su madre. Los niños no entendieron bien el motivo de la visita pero escucharon expresiones como: “su marido…, es mejor por las buenas…, sindicato subversivo…, paz de España…” Esta visita lo angustia al temer por la suerte de su madre.

En  El Mar de China se puede leer: “A mi padre le indultaron de la pena de muerte y lo trasladaron de la prisión de Málaga al penal del Puerto de Santa María en Cádiz. Le habían conmutado la pena capital por treinta años de trabajos forzados. El delito de mi padre era el de rebelión militar, o sea que, según dijeron ellos, había ayudado a la guerrilla de los montes y había levantado en armas la fábrica donde trabajaba.
Una sarta de mentiras” (En el Mar de China, p.5).

En El fugitivo de Borneo nuestro joven protagonista es llevado a comisaría por un pequeño hurto en una casa, que resultó ser la Gerald Brenan, y encerrado en el cuarto de la limpieza bajo amenaza de cinco años de reclusión en un correccional. -Juan se vio impelido a realizar tal acto vandálico para poder ingresar en la banda de los Murciélagos Negros-. En tal situación de desamparo quiso pensar en sus héroes para darse ánimos, echando de menos a su familia, especialmente la figura paterna.

En primer lugar recordó a las personas conocidas que habían estado en mazmorras y no habían llorado: “mi padre, el Conde de Montecristo, Ivanhoe, Salvador... Sobre todo me puse a pensar en mi padre. ¡Cuánta falta me hacía en aquellos momentos! Necesitaba que mi padre llegara y me sacara de allí, que resolviera la situación. O al menos mi madre. Necesitaba a los dos, a mi padre y a mi madre. Y a mi hermano. Quería estar en mi casa” (El fugitivo de Borneo, p.125).

Juan y su hermano Carlos se sintieron muy felices el día que su padre salió de la cárcel y volvió a casa, como cuenta en El rey del Mar: “Saltamos sobre él y nuestro padre nos sujetó a uno en cada brazo. ¡Qué fuerte era! ¡Podía con los dos! Éramos plumas. Empezamos a besarle en el cuello y en la cara. Nunca he olvidado el olor de mi padre. Mi hermano empezó a llorar y yo me contagié y también lloré”. (pp. 188-189)

El hecho de tener realmente al padre preso quizás aumente la añoranza de su presencia o exagere sus cualidades, pero al margen de esta matización, el padre es una figura muy importante en la vida de Juan Madrid, y creo que esta ausencia influye en la creación de algunos de sus personajes.

Salvador en Los cañones de Durango es un joven que vive con su madre en Málaga, no conoce a su padre que se fue a hacer la revolución con Pancho Villa a México. La novela narra las peripecias del joven en busca de su padre, cuando lo encuentra siente ganas de llorar y “quería que me abrazara, que me tratara como un niño, que me diera la mano…” (p. 163). Es una novela de viaje y aprendizaje, no en vano el chico madura a lo largo de las páginas.

Tomás, protagonista en Cuartos oscuros, vive con su madre en Madrid. Su padre está preso en Málaga por fraude inmobiliario. El joven viaja desde la capital a la costa del sol en busca de su progenitor, del que no sabe nada desde que fue encarcelado, es una ruta más corta que la del anterior personaje pero con una finalidad similar. El autor utiliza una metáfora para reflejar el paso de la infancia a la juventud del protagonista, cuando éste dice que el hecho de robarle el macuto fue como quitarle su infancia y atravesar una línea oscura.

Luis, en Los senderos del tigre es un joven de quince años, que fue abandonado por su madre biológica al nacer, adoptado por un matrimonio que fallece pronto y obligado a sobrevivir en la Málaga de 1905. Se embarca como marino en el trasatlántico Andrea Doria y termina sus días  en una aldea del Amazonas.

Abdul Saíd Torres, en Tánger, representa a un joven huérfano de madre. Ésta era una mujer berebere del norte de Marruecos, el padre era un policía español. Esta novela “participa del género policíaco, aspira a aportar al espectador más elementos sobre la manipulación, el desprecio y la deshumanización”[5].

El protagonista de Huida al Sur, Tomás, también lleva sangre española y marroquí. Su padre fue un atracador de bancos al que nunca conoció y su madre, española, se hizo cargo de él mientras pudo, antes de ser ella recluida en un psiquiátrico y él en un centro de acogida de menores.

La figura de la madre

El papel de la madre, cuya presencia física es permanente y soluciona los problemas cotidianos, evoluciona a lo largo de estas historias; comenzó siendo un ama de casa con grandes dificultades para sacar a sus hijos adelante, con el marido en la cárcel, y con su orgullo a pesar de las circunstancias desfavorables para su persona y su ideología. Capítulo a capítulo va cogiendo fuerza y mostrando su fuerte carácter y se descubre como lo que es, el pilar de la familia.

Pronto se sabe que es una maestra de escuela represaliada, que piensa que todas las escuelas públicas son fascistas aunque el nuevo régimen no acabó con todos los buenos profesionales, por eso da clase a sus hijos y a los amigos de estos en casa. Cuando decide enviarlos a una academia recrimina a su colega su dejadez en cuanto al trabajo docente.

Juan apreció realmente la valentía de su madre la noche que la policía fue a casa y no manifestó ningún temor ante su presencia. Los niños estaban asustados porque habían visto cómo golpeaban a su padre y se lo llevaron detenido. Hubo otra ocasión en la que la imagen de la madre se agrandó ante los pequeños, fue cuando el señor Valderrama, un mutilado falangista, propietario de una taberna, les dijo a ella y sus hijos que para ser rojillos eran muy finos y que había que darles aceite de ricino, además de mirarla con lascivia. La madre le respondió con dos galletas a pesar de considerarlo un fascista de cuidado.

Juan anotó en su cuaderno: “yo era muy joven y no lo sabía, pero mi madre había conducido tanques durante la Guerra, había fabricado municiones junto a mi padre en su fábrica, había sido enlace y enfermera en el frente y también, miembro activo de los batallones Culturales” (En el Mar de China, p 115).
En El fugitivo de Borneo los niños presencian la visita de una persona desconocida que alarma a la madre, sucedió cuando acaban de indultar al padre y esperaban su regreso a casa; se deduce que fue algún miembro del maquis que pedía ayuda, sobre todo medicinas. Ella las consiguió, pero el padre de un amigo de sus hijos, un capitán de la Guardia Civil, le recomendó no acudir a la cita prevista. Ella ese día se fue a la playa con los niños pero dejó el encargo a Salvador, que las entregó sin problemas. En este pasaje la figura materna alcanza tintes épicos y Salvador agranda su figura humana.

El capitán de la Guardia Civil que no quiso detener a la madre, también ayudó a Juan cuando fue detenido por asaltar la casa de Gerald Brenan, es el contrapeso a los policías que fueron a interrogarla a casa con un talante muy distinto. Igual ocurre con el jefe de la prisión donde está recluido su padre, frente al tabernero. Juan considera a ambos fascistas pero recuerda que aquel trataba con respeto a su madre y consideraba a su padre un caballero. “A mi hermano y a mí nos dio caramelos y nos dijo que él también tenía dos hijos y que a su hermano lo había fusilado en Madrid durante la guerra” (En el Mar de China, p.30).

El escritor retrata a unos representantes del poder instituido como defensores del régimen político, enfrentados permanentemente con los vencidos en la guerra civil y queriendo imponer sus ideas menospreciando las de los que piensan de manera diferente. Frente a éstos, nos presenta a personas que a pesar de formar parte del grupo de los vencedores no muestran rencor ni inquina contra nadie; son simples personas que hacen su trabajo lo mejor posible e intentan no hacer el mal a ningún semejante. Juan Madrid lo que hace es reflejar una realidad social.

El compromiso social.

Juan Madrid es considerado el padre de la novela negra en su vertiente urbana y social. Los problemas sociales, la corrupción, la falta de libertad, la insolidaridad, el desprecio…, son temas que denuncia constantemente en sus obras tanto infantiles como en las dirigidas al público adulto. La orientación política de sus padres debió influir en su carácter y las injusticias que sintió tanto en su persona como en su entorno han quedado patente en sus textos y en su ideología.

La novela Tánger comienza con un capítulo a modo de presentación en el que se puede leer una declaración de principios del escritor. “Todos los fascismos están alimentados por el miedo a los pobres y a la revolución. Y, sobre todo, por la irracionalidad, los nacionalismos, el fanatismo y la miseria sexual y moral. (Palabras escuchadas a mi padre, Juan Madrid Conejo).”

Hay un personaje en varios de sus libros que sufrió una acción salvaje del ser humano, es un perro que no puede emitir sonido. En las cuatro obras que narra su infancia, es el amigo inseparable de Salvador, que también ayuda a los niños en algunos momentos, se trata de Rayo; en Hotel Paraíso y en  Huida al Sur, se llama Mudo y pertenece a los jóvenes protagonistas.

Su historia es la misma en los cinco volúmenes: alguien se lo encontró con el cuello cortado, salvó la vida pero no pudo volver a ladrar. Este es un acto de solidaridad hacia un ser más débil que además no puede comprender qué le sucede. Juan Madrid cuenta que conserva en el recuerdo lejano la presencia de un perro que tenía una cicatriz en el cuello y que no ladraba, nadie supo explicarle por qué estaba mudo.

Con mayor intensidad deja constancia de su solidaridad cuando se refiere a personas. No permite que se menosprecie a nadie por su origen o situación económica, y, además, explicita que son valores que les transmitió su padre. La figura ausente ocupa un espacio importante en los relatos, marca la forma de vida familiar y deja claro los principios morales por los que se rigen. El escritor manifestó en la presentación de unos de sus libros, Cuentas pendientes, que entre otras cosas a él le deben especialmente “un mundo justo en el que no prevalezcan las relaciones de dominación, sino la utopía que abrazo desde niño”[6].

Así narra que cierto día los dos hermanos acudieron a casa de Clara y la criada los miró con desconfianza, Juan sospechó que la mujer cría que los pobres y los mal vestidos son golfos, de la misma manera que otras personas “desprecian a los árabes, negros, orientales o gitanos por no ser como ellos. Otra muestra de la estupidez humana, tal como nos explicaba nuestro padre antes de que lo metieran en la cárcel” (En el Mar de China, p. 51)

Y cuando opina de las personas que se lucran rápidamente escribe: “Papá dice que es muy difícil ser rico y no ser ladrón” (En el Mar de China, p. 53). En otra ocasión cuando Juan fue llevado a comisaría acusado de robar, Carlos dijo a los policías: “Nosotros no robamos. En mi casa nos han enseñado a no robar” (El fugitivo de Borneo, p.11).

También es significativo que el mejor amigo de los dos hermanos sea un marroquí; con esta relación el autor deja constancia de su rechazo a cualquier manifestación de racismo o xenofobia y hace un guiño al tiempo vivido en el norte de Marruecos cuando su padre salió de la cárcel. El marroquí acude a la casa de ellos con toda confianza, participa en todas las aventuras y es buscado por sus amigos cuando se ausenta alguna tarde. En el Mar de China, cuenta que cuando Curriqui les entrega una carta diciéndole que se la dio el moro, su hermano Carlos responde enfadado: “No es un moro. Es Mohamed”. En esa época los hermanos despreciaban únicamente a los que se echaban novias.

Una situación similar de desprecio por su origen siente Tomás, protagonista de Huida al Sur  cuando ha de identificarse o cuando es interrogado por un policía:
“-... Eres hijo de marroquí y de española, tu padre es... -consultó el carné-: Omar... Abdalá... Ib Larissi..., nacido en Tetuán, en Marruecos. Un moro.
- Mi padre es berebere del Rif.
-¿Eh? -exclamó Montoro-. ¿Berebere? Bueno, moro..., lo que sea”. (Huida al Sur p. 55)

Abdul Saíd, protagonista de Tánger, comenta: “En realidad, para los españoles soy moro, y para mis compatriotas, español” (p 139). Es hijo de una mujer berebere y un español, y a pesar de ser maestro y faltarle un año para ser policía nacional, no se siente de ningún país, en ambos lo miran con recelo por sus antecedentes familiares y su formación.

Otro retrato tipo de marroquíes se puede leer en Cuartos oscuros, Tomás, el joven protagonista es retenido en comisaría junto a un viejo español y dos jóvenes de Marruecos. El anciano emplea la coacción para sonsacarle a Tomás dónde se oculta su padre, los jóvenes lo protegen y entonces los insulta: “Moros de mierda, asquerosos -escupió el viejo-, meteros en vuestros asuntos. Iros a vuestra tierra. Venís aquí a quitarnos el pan y el trabajo -lanzó un salivazo al suelo-. Asesinos de Cristo” (p. 78), ante estos improperios los marroquíes invitan al chaval a sentarse junto a ellos y lo tranquilizan diciéndole: “Con nosotros tú no preocupación. Nosotros no ladrones, nosotros vender cosas por la playa, ¿comprendes?” (p. 78).

En el libro titulado En el Mar de China se narra que Mohamed fue secuestrado por el dueño del Teatro Circo Chino de Manolita Chen  y obligado a trabajar en él hasta que su padre saldase una deuda de juego que tenía pendiente. Cuando lo liberan, Juan se enfrenta al señor Chen y le reclama una indemnización económica para su amigo, alegando que todo trabajador tiene derecho a cobrar por la actividad llevada a cabo, y a pesar del miedo que siente cuando le responde el señor Chen, del temblor de las piernas y de su nerviosismo reflexiona: “mi padre estaba en la cárcel por pedir un salario justo para los obreros y tenía que demostrarle a ese bravucón chino que mi padre no está prisionero en vano” (En el Mar de China, p. 93)

La amistad es un tema muy presente en sus novelas, los jóvenes siempre terminan por encontrar algún amigo de verdad y descubren a los falsos, como dijo Durán al tío Paquito en Cuartos oscuros: “Tener un amigo es una riqueza, Paco. El que no tiene amigos es más pobre que las ratas”. (pp. 169-170)

De sus deseos de libertad, de independencia, autonomía personal, social, política y de cambios en las formas de gobierno deja constancia en citas y referencias a hechos históricos aunque cargados de fantasía literaria. En sus páginas se puede leer como Sandokán explica sus ideales políticos referentes a la liberación de los pueblos colonizados y afirma: “Mi delito es luchar por una Malasia libre de los ingleses” (En el Mar de China, p. 104.)

Juan Madrid nos presenta igualmente a Salvador, un joven malagueño que viaja hasta México para encontrarse con su progenitor, éste, que lucha junto a Pancho Villa, su preocupa más de la revolución que de su familia y cuando conoció a su hijo le dijo: “Después de México, será España. Y llegará la hora de la emancipación social. No habrá pobres ni ricos. Sólo hombres libres”. (Los cañones de Durango p. 164).

En Huida al Sur el joven protagonista, que ha vivido en centros de acogida, es acusado de robar siendo inocente. Salvo uno de sus compañeros, todos cambiaron inmediatamente su actitud frente a él, lo menospreciaron e insultaron, basándose sobre todo en las identidades de la acusadora y del acusado. La policía no dudó un momento en condenarlo. Así es la vida, basta que despertemos los miedos atávicos para que afloren el odio o el racismo que llevamos en el recuerdo histórico para pasar del respeto al desprecio de una persona. Esto es lo que sintió Juan Madrid una noche, en una fonda, cuando fue testigo de una falsa acusación por robo de un marroquí, al que golpearon e insultaron hasta que apareció la billetera que había sido extraviada por su propietario en otro lugar.

En cada obra, Juan Madrid quiere dejar claras sus ideas respecto a la sociedad en la que vive, por ello se enfrenta a todo tipo de problemas de corrupción, explotación, abandono, desarraigo… porque como él dice: “Mis novelas son mi conciencia, y mi conciencia está en mis novelas. Cada novela es un viaje que hago junto al lector. Yo intento contar lo que no se cuenta, desvelar capítulos de la realidad que están oscuros, las relaciones obligadas entre suelo y subsuelo, relaciones a veces poco claras entre las cloacas y los despachos”[7].

Guiños literarios.

Juan Madrid no duda en fomentar la lectura y dar información a los lectores sobre obras y autores que a él le llamaron la atención en sus primeros años. “Mi hermano estaba leyendo El rey de la pradera de Emilio Salgari” (Los piratas del Ranghum p. 36). “Mi hermano Carlos leía nuestro libro favorito La isla del tesoro de Roberto Luis Stevenson”. (En el Mar de China, p. 15)

Si ambos hermanos piensan cómo sería la vida en una celda, recurren a su formación literaria. “Puede que sean como en El Conde de Montecristo. ¿Te acuerdas? […] También Ricardo Corazón de León había estado en una cárcel en Ivanhoe, una novela de Walter Scott que también nos gustaba mucho. Y en El prisionero de Zenda, de Anthony Hope, se describía otra horrible mazmorra”. (En el Mar de China, p. 15)

Cuando Salvador llegó al pueblo caníbal, donde se comieron al maestro para adquirir sabiduría dice que “se acercó más para ver si podía leer los títulos de los libros que había sobre la mesa. Estaban en español. Distinguió algunos: Mis lecturas favoritas y el autor, Saturnino Calleja, Enciclopedia del Grado Elemental y el catecismo del padre Astete”. (El fugitivo de Borneo, p. 94) Se alegró de saber que aquello había sido una escuela parroquial de misioneros españoles.

Tomás, protagonistas de Cuartos oscuros declara que le gusta leer porque le ayuda a viajar a donde quiera, ser testigo de feroces combates corsarios cuerpo a cuerpo, sentir el acre olor a pólvora, vivir el asalto a una fortaleza... y en su macuto siempre lleva algún libro.  El personaje cita títulos como La isla del tesoro, El último mohicano, La línea de sombra, Las aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral y autores como Julio Verne, Salgari, Stevenson….

Por ello no es de extrañar que el policía que se dirige a casa de Tomás se sorprenda al pasar “a un saloncito pequeño y modestamente amueblado. Parecía igual que cualquier otro del barrio, excepto por una pequeña biblioteca, que se apoyaba en la pared, tapizada de libros. Nunca, o casi  nunca, había visto Menéndez libros en las casas donde iba a interrogar”. (Cuartos oscuros p. 80)

En la novelística infantil y juvenil se aprecia la facilidad de fabular que tiene Juan, pues no sólo recoge por escrito las historias que le cuenta un viejo marino, sino que cuando éste no está, él inventa la continuación del relato y se lo cuenta a su hermano Carlos y a sus amigos, que a veces les  gusta más que los narrados por Salvador.

Juan manifestó esta pasión por la escritura a Isabelita, una vecina poco mayor que él, hija de un banderillero, y le contó que de mayor quería ser escritor, ella se sorprendió, porque le habían dicho que esos eran unos muertos de hambre no como los toreros que tenían cortijos y fincas y preguntó: “-¿Escritor? ¿Escritor de qué?” a lo que él le respondió: “- ¿De qué va a ser? Escritor de libros, como Julio Verne, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, Zane Grey...” (El rey del Mar,  p. 92)

A pesar de que su vecina no lo comprendía, el joven afianzó más su deseo cuando descubrió que para escribir no había que vivir las historias que se narran ni experimentar las sensaciones de los personajes, sino que “basta con imaginarlas y luego contarlas de tal manera que parecieran verdad” (El Rey del Mar, p. 145)

A modo de epílogo

Los designios del joven Juan se cumplieron y hoy podemos disfrutar de sus numerosos artículos periodísticos, novelas negras, ensayos, libros de viajes y libros destinados a los pequeños lectores.

Contar en una biblioteca con los libros de piratas y de jóvenes aventureros en busca de su identidad es enriquecedor para los jóvenes lectores que sentirán deseos de leer para conocer el desenlace de tantas peripecias y aventuras en lugares tan dispares como Méjico, Borneo, Sumatra, Singapur o Málaga.

Juan Madrid, al igual que otros escritores tiene una parte de su producción escrita dirigida a los nuevos lectores, estas incursiones en el campo de la Literatura Infantil y Juvenil enriquecen el canon de los libros de calidad dedicados a niños y a jóvenes.

                                                                                   
Bibliografía citada

MADRID, Juan:

Hotel Paraíso, Madrid, Anaya, Luna de papel, 1987.
Los piratas del Ranghum, Barcelona, Edebé, 2009.
El fugitivo de Borneo, Madrid, Alfaguara Juvenil, 1998.
En el Mar de China, Barcelona, Edebé, 2009.
Tánger, Madrid, Acento Editorial, 1997.
Los cañones de Durango, Madrid, Alfaguara  Juvenil, 1997.
El fugitivo de Borneo, Madrid, Alfaguara Juvenil, 1998.
Los senderos del tigre, Madrid, Alfaguara juvenil, 2005.
Cuartos oscuros, Madrid, SM, Gran Angular, 200515.
Huida al sur, Barcelona, Edebé, 2008.
El Rey del Mar, Barcelona, Edebé, 2010.
El hijo de Sandokán, Sevilla, Junta de Andalucía, Consejería de Educación, 2010.