domingo, 31 de marzo de 2013

Operación susto a la hermana





  • OPERACIÓN SUSTO A LA HERMANA

    THOMAS BREZINA

    PABLO TAMBUSCIO

    EDICIONES SM

    COLECCIÓN: TODOS MIS MONSTRUOS.

  • Nº de páginas: 130.

  • ISBN: 9788467556186




Por José R. Cortés Criado

El jovencito Max es amigo de muchos monstruos que viven en un antiguo tren fantasma, pero las condiciones de tan viejo y abandonado tren no son las más adecuadas para que puedan vivir en él esa caterva de seres extraños.
Preocupado por encontrar una solución para que sus amigos vivan mejor, al chico se le complican las cosas con el castigo, que injustamente, le ponen sus padres; pero, a pesar de todo, se las ingenia para ayudar a los monstruos y de paso darle un susto a su hermana Dola; el resultado fue tan satisfactorio, que la hermana confesó su culpa y Max fue perdonado por sus padres.
Paralelamente, Max lleva a cabo su trabajo, que consiste en alquilar monstruos monstruosos para dar un buen susto y la persona que lo contrata es un niño rico que se comporta despóticamente con los demás, éste chico es el que quiere asustar a su hermana, pero Max, que no comparte su forma de actuar, decide asustarlo a él para que cambie su actitud para con los demás.
La historia es divertida, amena e ingeniosa; a las ideas de Max, hay que añadir las travesuras de sus amigos los monstruos, que nos harán pasar un rato entretenido y a todo ello hay que añadir las muy buenas ilustraciones que acompañan al texto.
El libro se presenta con pasta duras flexibles y en relieve el título de la colección; en las gualdas podemos ver la galería de monstruos, todos ellos retratados y sus datos personales, peculiaridades y gustos.
El interior es semejante a un  álbum ilustrado, ambas páginas ocupan la ilustración y sobre ella aparece el texto.
Se trata de un buen libro que gustará a los lectores entre nueve y doce años.

martes, 26 de marzo de 2013

Sala de conflictos



Sala de conflictos.

Jordi Sierra i Fabra.

Edelvives. Alandar, 168 pp.


Por José R. Cortes Criado.


Jordi Sierra i Fabra vuelve a tratar el tema de la convivencia en las aulas en esta nueva entrega de la editorial Edelvives.

Desde el principio este libro te atrapa y está estructurado del tal forma que es imposible abandonar su lectura si no es imperiosamente necesario hacerlo. No decae la intensidad del relato y la intriga por saber el desenlace de la trama hace que lo leas rápidamente.

Los alumnos de segundo de ESO de un instituto se reúnen en la Sala de Conflictos un sábado por la mañana, porque deben tratar un tema espinoso ocurrido el viernes que no puede esperar hasta el lunes.

El asunto es bien fácil, un alumno llega a su clase después del recreo y encuentra a otro compañero con su móvil destrozado en las manos; sin más lo golpea y exige los trescientos euros que cuesta el aparato.

El agresor es uno de los alumnos conflictivos del centro, el agredido y supuesto culpable del destrozo del móvil, es un alumno que sufre las burlas del propietario del teléfono.

Desde el principio los encargados de resolver el conflicto saben que el tema es trascendental para la vida del instituto, por eso quieren llegar al fondo del asunto y descubrir qué hay tras ese atentado.

A lo largo de la sesión la trama se complica, hay alumnas que deciden criticar el comportamiento del propietario del móvil porque se dedica a grabarlas en el centro, sin importarle la intimidad de ellas.

De este modo se va conociendo el talante del personaje y se comprueba quienes lo apoyan y quienes lo rechazan, así como quien cree en la inocencia del acusado, que niega insistentemente ser culpable a pesar de haber sido sorprendido con el móvil destrozado en las manos.

Hay un momento en el que los mediadores temen no poder resolver el conflicto por falta de pruebas, con el consiguiente desprestigio para la Sala de Conflictos, pero un aviso anónimo les abre una nueva pista hasta que se conoce al culpable y los motivos por los que llevó a cabo la acción.

Al final el suceso sirve de catarsis al grupo y se demuestra que los propios alumnos, sin intervención de los adultos, pueden resolver sus problemas.

El tema de la falta de autoridad en los centros educativos, la violencia que generan algunos alumnos disruptivos y la importancia del papel que pueden llegar a desempeñar los propios alumnos en la resolución de conflictos fue tratado por Sierra i Fabra en libros como Las furias o Sin vuelta atrás.

El autor siempre ha manifestado su postura a favor de la convivencia pacífica y democrática entre las personas y en contra de los que se creen en posesión de la autoridad para imponer por la fuerza sus criterios y acosar a los compañeros.

Además afloran otros temas en el libro, por ejemplo, las relaciones familiares o la adaptación de los alumnos inmigrantes musulmanes a nuestra sociedad. Sierra i Fabra también trató este tema en Frontera.

lunes, 25 de marzo de 2013

El sueño de Iván


El sueño de Iván

Roberto Santiago

Madrid, Editorial SM, 2011

Rústica, 224 pp., 9,95 euros.


Por José R. Cortés Criado.   


El sueño de este niño de once años, fue el sueño del niño Roberto Santiago, este no lo alcanzó, pero su personaje sí.
Iván es un niño que desea con todas sus ganas jugar un partido contra los jugadores profesionales más importantes del momento. Su sueño cobra forma cuando ocurre una catástrofe en un país africano, Grissau es sacudido por un devastador terremoto, y la FIFA decide organizar un partido entre el equipo formado por los mejores futbolistas mundiales y una selección de los mejores niños de todo el mundo.
La trama se desarrolla desde que salta la noticia hasta que se celebra el encuentro en México. Los pormenores de la selección de los chicos y la convivencia de estos antes del encuentro, a las órdenes de su entrenador son el grueso del volumen.
A esta faceta deportiva hay que añadir las relaciones humanas entre los chavales y la nueva amistad que surge entre Iván y su amiga Paula.
La trama se desarrolla in media res, pues comienza con el intento de un grupo de jóvenes de alcanzar una gallina, para después seguir su desarrollo lineal con alguna que otra sorpresa en su desarrollo.
Al final del relato, los protagonistas han madurado y la vida les sonríe tras llevar a cabo una aventura inimaginable en pro de una causa humanitaria.
La novela es muy cinematográfica, se lee de un tirón gracias a su estructura: treinta y un capítulos, oraciones breves, abundantes diálogos y una acción trepidante que no cesa hasta llegar la final. No olvidemos que su autor es escritor de guiones cinematográficos y director de cine.
Es una buena obra que los jóvenes lectores devoran en pocas horas, incluso los que menos aman leer.
El sueño de Iván también ha sido llevado al cine con el mismo título.

Si quieres ver el trailer de la película, puedes hacerlo en este enlace.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Puede ser



Puede ser

María Valgo
Marina Martínez
Asociación de Cooperación Internacional “Ay Raiky Tsika” (Unidos por la vida)
2012

Por José R. Cortés Criado

Se trata de un libro para primeros lectores donde priman las ilustraciones, estas son de corte realista sobre fondos de color. El texto es breve y se presenta con un tipo de letra de gran tamaño con diferentes colores.

La autora nos dice que hay cosas que pueden ser y que hay cosas que pueden no ser; así nos pone ejemplos de situaciones cotidianas en las que los pequeños tienen puestos todas sus esperanzas y ganas de pasarlo bien, pero unos pequeños contratiempos pueden llevar al traste sus deseos.

En la segunda parte se tornan las cosas y lo que parecía que no podía ser, termina siendo y los ejemplos puestos en negativo en la primera parte se transforman en actos positivos y los pequeños disfrutan mucho con las nuevas actividades imprevistas.

Es un mensaje de esperanza y de ganas de buscar la parte positiva de las cosas cotidianas. En la segunda parte destacan con grandes letras palabras como divertido, asombroso, dulce o inolvidable; siendo este el mensaje positivo del cuento.

Como positivo también es que haya personas que sueñen  con cambiar las situaciones de injusticias sociales existentes en nuestro planeta, y deseen crear una escuela para niños desescolarizados, como la Asociación de Cooperación Internacional “Ay Raiky Tsika” (Somos uno).

A partir de este cuento se pueden hacer múltiples actividades, como  ser leído en familia o reinterpretado, de estas y otras actividades nos informan en esta asociación, que ha preparado un pequeño documento informativo sobre lo que se puede hacer con el cuento en clase o en casa. (morondava11@gmail.com)

La recaudación íntegra que se obtiene con la venta de este libro está destinada a la construcción de un colegio en Madagascar, en la provincia de Morondava.

lunes, 18 de marzo de 2013

Entrevista a Jordi Sierra i Fabra



Lo único que soy es escritor

por José R. Cortés Criado

Jordi Sierra i Fabra es un escritor infatigable que con sus 433 libros escritos, de los cuales cuatrocientos están publicados, continua escribiendo con la pasión de un principiante, porque para él la vida es la escritura y sin ella no sería nada.

Acaba de cumplir cuarenta años como escritor, ha publicado sus memorias literarias: Mis (primeros) 400 libros-Memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra, SM; y sigue escribiendo a un ritmo trepidante. A lo largo de esta entrevista se ha mostrado tal como es: vitalista, sincero, con muchas ganas de vivir y de escribir, y de arriesgar y apostar por los jóvenes desde sus fundaciones, porque considera necesario fomentar el placer de la lectura y de la escritura y porque cree en el poder de los libros para cambiar a las personas.


Aunque hay quien dice que cuarenta años no son nada, quisiera saber qué han sido para ti.

No sólo son cuarenta publicando, sino sesenta y cinco de vida. Me parece una barbaridad, pero en el fondo han pasado como en un soplo. Sigo siendo un crío con un apetito voraz por viajar, inventar historias, escribir, hacer cosas... y de pronto eres mayor. ¿Cuándo y cómo ha transcurrido el tiempo? Escribiendo mis memorias me di cuenta de eso y resulta abrumador.

¿Qué queda del Jordi roquero?

Todo y nada. Sigo siendo el que era, de corazón y espíritu, porque eso es parte de mi aliento vital, y me sigo alimentando con un buen tema de Led Zeppelin o AC/DC, Dylan o Springsteen, pero ya no llevo el cabello largo ni visto como una estrella del rock. En la vida hay que ir quemando etapas. Igual que dejé la música para ser libre y poder viajar por Asia, África o Latinoamérica, sin ataduras, hoy asumo mi papel de simple escritor con un pasado que le marcó para siempre.

¿Qué hay de nuevo en tu literatura en comparación con tus inicios?

Eso tendrían que evaluarlo los críticos y los historiadores. Nuevo no creo que mucho. Escribo casi igual que a los 10 o 12 años, diálogos, frases cortas, capítulos vertiginosos, intensidad narrativa, buscando siempre la sorpresa, el riesgo... Es mi estilo, y uno nace y muere con él. Técnicamente sí, supongo. Siempre he tratado de aprender, evolucionar. En mis memorias hablo casi más  de los fracasos que de los éxitos, porque son los fracasos los que te ayudan a crecer y aprender. Los golpes te forjan. En 40 años cambia el mundo, pero si tú eres fiel a tus principios, lo que haces es eso: evolucionar. Escribo mejor ahora que a los 40, y ojalá a los 80 opine lo mismo de ahora. Eso significará que he crecido como humano y escritor.

¿Has cambiado mucho como persona y como escritor?

No creo. Los que me conocen dicen que sigo siendo el mismo burro de siempre (dicho en el mejor de los sentidos, el de pasarlo bien, ser optimista, soñador, reírme siempre...). No se me han subido los galones al ático, continúo hablando con la gente, escuchando a todo el que me dice algo, recibiendo a quien quiera verme en mi casa... Uno no hace una Fundación para encerrarse en una torre, sino para compartir. A las puertas de la vejez es lo que me toca y lo que me dicta mi corazón.

Acabas de publicar MIS (PRIMEROS) 400 LIBROS - MEMORIAS LITERARIAS DE JORDI SIERRA I FABRA. ¿Qué hay de relevante en sus páginas?

Es la historia de un niño que soñaba con ser escritor, desde los 8 años, y al que todo el mundo machacó. Y la historia de un joven que no se rindió, confiando ciegamente en sí mismo, y la de un adulto que, tras conseguirlo, ha tratado de ser fiel a los sueños que le empujaron, sin traicionarlos jamás. En el libro no hay chafarderías musicales, no voy de rockero, no hablo de giras ni entrevistas ni fiestas ni nada que no tenga que ver con mi vida de escritor, que es la que para mí significa algo. Ni siquiera ajusto cuentas con nadie. No vale la pena. También espero que tape la boca a más de un idiota que aún piensa que tengo a cincuenta chinos trabajando para mí desde hace 40 años —país...—. Todo lo hago solo. Siempre he trabajado solo. Amo escribir y respeto mi profesión. De niño le ponía fecha a todo, no sé por qué, y de mayor he seguido así. Tengo todas mis novelas documentadas, aparición de la idea o la motivación, dónde y cuándo preparé el guión, qué día las escribí, qué mes las publiqué... Cualquiera pueda hacer un diario tomando esas referencias que aparecen libro a libro. Ahí verán cómo ha sido mi existencia como escritor y viajero. Pero aún así, aún repasando mi vida de esta forma que parece muy densa, en el prólogo Victoria Fernández dice que se lee como una novela, y eso es lo mejor. Hasta haciendo un tocho personal se nota lo que siempre he sido: novelista.

En tus comienzo escribías novelas policiacas y la música tenía bastante presencia en tus libros, más tarde te enfrentaste a la realidad, dejaste un poco de lado la música y escribías sobre los problemas que afectan a las personas. Ahora se puede leer en tus memorias que estás en una etapa llamada “Los años de la luz”. ¿Qué quieres decir con ello?

Publiqué mi primer libro a los 25 años, la primera novela a los 28, supe que empezaba a escribir un poco bien a los 35, y el éxito masivo empezó en torno a los 40. Esto es una progresión natural, lo lógico, lo verdaderamente importante en una vida vivida paso a paso, sin alardes, sin Hollywood haciendo películas ni la Coca Cola regalando personajes tuyos en sus chapas. Y estoy feliz y orgulloso de ello, porque los cantos de sirena son constantes y amenazadores a lo largo de los años. Primero fui un “rockero que escribía”, luego un autor “juvenil que venía del rock”, después... Siempre me ha puesto etiquetas y lo único que soy es escritor, salto de un tema a otro, soy curioso. Escribo de todo y para todos. Punto. Pero sí es cierto que me adentré en la novela realista hace más de 20 años, cuando recorrí el mundo y me lo pidió el cuerpo. Eso definió mucho mi literatura. Yo llamo ahora “los años de la luz” a esta etapa que arranca con el siglo XXI porque ha sido la más feliz de mi vida, la de la realización plena, con algunas de mis mejores novelas, el reconocimiento nacional e internacional, los premios mayores y, sobre todo, sobre todo, la Fundació de Barcelona y la Fundación de Medellín. Yo creía que no se podía ser más feliz en la vida que escribiendo, hasta que en Colombia, con 100.000 niños a los que asistimos de promedio cada año, he visto algo más: el poder de un libro para cambiar a una persona, la sonrisa de un niño que lo recibe, la sensación de que estás en el lugar adecuado en el momento preciso haciendo algo que trasciende más allá del simple hecho de inventar historias. Esto es algo muy emocionante, impagable.

Actualmente, con sesenta y cinco años cumplidos, escribes y publicas con mayor asiduidad que antes, ¿Cuál es el secreto para tener esta capacidad creativa?

No hay secreto, es trabajo y placer, llevar la fábrica siempre encima, sin poder desconectarla, sentirte vivo y no perder nunca, nunca, la curiosidad. El día que dejas de ser curioso, empiezas a morirte. Pero también está el miedo a la muerte. Es una defensa. Cuanto más mayor me hago, más me gusta escribir, menos pierdo el tiempo, más ideas tengo, más vivo me siento, más feliz soy. Hace 5 años superé un cáncer “agresivo”. Al día siguiente de diagnosticármelo me levanté y me escribí 15 páginas de la novela en la que trabajaba, y al otro 16, y así todo aquel verano. Reflexioné sobre la muerte, aunque sabía que no iba a morirme. Comprendí que llegase hasta donde llegase, tenía que morir siendo lo que siempre he sido. Seré un romántico, o no, no sé, pero es mi manera de ser. A los seis meses el cáncer había desaparecido, pero yo ya pensaba en las memorias, como legado, para evitar el “ruido” que seguiría a mi muerte, las interpretaciones de mis libros, mis actos, mis gestos... Necesitaba poner orden en ese caos que representa (para los demás), haber escrito tanto. Uno también quiere dejar una carta a los hijos, los nietos, y como no sabe cuando va a morir, se muere sin hacerla. Mi carta han sido las memorias. Son muy simples, están escritas con lenguaje muy natural, y de momento ahí quedan. Si llego a los 100 años habrá una segunda parte, o a los 700 libros, pongamos por caso.

El otoño pasado ha visto la luz el primer número de la revista “La página escrita” dirigida al público juvenil. ¿Por qué la necesidad de publicarla?

Cuando cree las Fundaciones en 2004 ya diseñé la revista como herramienta de formación para futuros escritores y soporte para maestros y bibliotecarios, lo mismo que escribí mi método, con idéntico título, que publiqué en 2006. Pero en 2004 no tenía gente para tanto. En Medellín éramos tres, y en Barcelona estaba solo. Han pasado estos años y ahora tengo un equipo maravilloso, más las personas que se ofrecen a colaborar, profesionales o amateurs, como los ganadores de mi premio. En la revista nadie cobra, es artesanal, todos creen en el proyecto y entienden muy bien su función. No hay nada igual en el mundo de habla hispana. La respuesta ha sido maravillosa tanto en España como en América Latina. Un ejemplo: ¿Qué revista publica poemas y relatos en tres franjas de edad con el aval de una Fundación, siempre motivando a los jóvenes a escribir?

¿Crees que la Fundació Jordi Sierra i Fabra ha cumplido sus objetivos?

La impulsé como una necesidad vital y estamos en camino. Si la vida te ha dado un don, devuélvele a la vida un 10%. Eso es muy normal en el mundo de la música, donde las estrellas apoyan muchas causas solidarias, pero en literatura... Durante años, yendo a escuelas, me encontraba con chicos y chicas que me recordaban a mi mismo a su edad, con sueños sin aparente salida, por falta de confianza en sí mismos o, como en el caso de mi padre, porque los suyos no les dejaban escribir. Me di cuenta de que no había nada ni nadie que les apoyara, y es en la adolescencia cuando los sueños nacen y se hacen fuertes. Yo tuve perseverancia, pero ¿cuántos la tienen hoy, en que todo parece ir muy rápido? Necesitaba un marco para crear un premio literario para jóvenes, y para desarrollar ideas, programas formativos... Bueno, siempre me ha guiado el instinto. El único problema era el dinero, porque de pedir ayudas nada, todo sale de mis derechos de autor. Y no soy rico. Simplemente aporto lo que puedo. Los mayores hemos de comunicar nuestros conocimientos a los jóvenes, es ley de vida. Sería amargo morirse llevándote todo lo que sabes, egoístamente. Después de 8 años creo que las dos Fundaciones han dado más de lo que esperaba inicialmente. Y seguimos siendo modestos. La finalidad sigue siendo formar futuros escritores, pero también comunicar el placer por la lectura. Por eso fue maravilloso que en 2010 nos dieran el Premio Ibby-Asahi de promoción de la lectura, el más importante del mundo en la materia, compitiendo con proyectos de Estados Unidos, Japón, Canadá, México... También es importante que 50 escritores e ilustradores españoles hayan ido a trabajar a Medellín y todos hayan vuelto enamorados de la ciudad y de mi gente. A algunos les ha cambiado la vida. Alfredo Gómez Cerdá escribió “Barro de Medellín” gracias a su primera visita y con esa novela ganó el Premio Nacional. Eso es motivación. Y si puse en marcha dos sigue siendo por una razón simple: la de Barcelona es por mis raíces, la de Colombia para devolver sólo un poco de lo que América Latina me ha dado siempre en todos los órdenes.

Vas a inaugurar sede en Barcelona, por fin.

Sí. En Medellín tenemos dos pisos y el Banco de Colombia nos regaló un local (sin pedirlo) para impulsar la escuela de escritores e ilustradores. Allí trabajan casi 80 personas. En España en cambio... nada. Allí un euro rinde mucho. Aquí no. Hace dos años comprendí que, o ganaba un premio gordo, o nunca tendría una sede. Me presenté al Torrevieja y gané. No fue fácil, había 524 libros de 11 países. Con los 360.000 euros (bueno, lo que me dejó Hacienda) me compré un local en el barrio de Sants de Barcelona. Lo inauguraremos en el primer trimestre de 2013. Las obras también han sido muy, muy costosas. Será biblioteca, centro de estudios, espacio multimedia, habrá una sala para charlas y por supuesto albergará una exposición con mis originales, guiones, libros de infancia, dibujos, mis viejas máquinas de escribir, las mesas en las que trabajé, premios, recuerdos... Mi manía de guardarlo todo.

¿Por qué ese empeño en que los jóvenes escriban? ¿Hay futuro?

Porque creo en ello. Y sí, hay mucho futuro. Les mata la impaciencia, querer comerse el mundo antes de hora, así que lo esencial es también prepararles para esa larga espera. Hace poco una chica de 15 años me escribió diciendo que “iba a dejarlo, desanimada, porque tres editoriales le habían devuelto su primer libro”. Le pegué una bronca... Le dije que tenía que escribir diez libros, a uno por año, probablemente sin dárselos a leer a nadie —esa manía de colgarlo todo en Internet buscando que te digan lo bien que lo haces...—, para poder publicar, con suerte, a los 25. Es muy difícil que entiendan eso. Todo es prisa, hacerse famoso a la primera a lo Gran Hermano. ¿Formarse? ¿Prepararse? ¡Nada! Y no, eso no es ser escritor. Escribir uno, dos o diez libros no es ser escritor. Ser escritor es algo más. El arte no se mide por el dinero que ganas o el éxito que tienes, sino por lo que sientes al hacerlo. Esa es tu recompensa. Pero claro, a los 15 años no piensas que tienes toda la vida para escribir, hasta que te mueras, que eso no es jubilable, y que por lo tanto hay tiempo. Por esta razón llamo por teléfono a los 30 primeros de mi premio, para que entiendan eso, y escribo una carta a todos, animándoles a seguir. Vivimos en un mundo de locos y alguien ha de poner un poco de cordura, que es lo más difícil.

Este año se ha fallado el VII Premio Jordi Sierra i Fabra para jóvenes, que ya se ha consolidado como un premio esencial en el panorama literario y no sólo juvenil. ¿Era necesario un premio así?

Para el VII premio llegaron 92 libros. Para el VIII, que se falla en febrero, hemos recibido 111. ¿Hay que preguntar el por qué de un premio así? Las cifras lo dicen todo. Este verano de 2012 han sido 111 chicos y chicas que se han puesto a escribir una novela, en muchos casos la primera, y sólo porque tenían un lugar al que mandarla. Si no se les dan a los jóvenes oportunidades, luego no nos quejemos. El chico que ganó el primero, Arturo Padilla, ya va por la cuarta novela editada. La chica que ganó al año siguiente, Jara Santamaría, es periodista en Madrid... Y colaboran en la revista La Página Escrita. No todos los 111 de este año o los 92 del pasado serán escritores, pero el simple hecho de atreverse con una novela es un premio, el placer de escribir es único. Toda forma de arte, desde saber tocar un instrumento, pintar o escribir, es un regalo que nos hará mejores personas. Hay países de Europa donde un 4% de los jóvenes estudian música. Aquí son un 0,4%, y encima se quitan horas en las escuelas porque “eso no sirve para nada”. Así nos va. Si no cultivamos el espíritu... ¿qué, todos materialistas? Por eso ayudo a los jóvenes y los aliento a escribir, porque ni siquiera hay escuelas de formación (a no ser pagando cursos muy caros en plan privado).

Acabas de recibir el Premio Cervantes Chico, es tu premio número treinta y uno. ¿Por ser “chico” es de menor importancia que los anteriores?

Cuando te dan un premio por votación de cientos de estudiantes, más de 4.000 en este caso de Alcalá de Henares, no puede hablarse de premio menor. De los 31 ganados hasta hoy (octubre de 2012), hay varios concedidos a una obra o una carrera, sin concurso previo, y son maravillosos. No hay más interés que premiar una labor.

En el año 2009, el IES María Zambrano de Torre del Mar, Málaga, “bautiza” su biblioteca con el nombre de Jordi Sierra i Fabra. ¿Qué supuso esta distinción?

Cuando te mueres le ponen tu nombre a una biblioteca o a un colegio. Genial. Pero a ti ya ¿qué más te da? Que en vida a alguien se le ocurra algo así es mágico. Para mí fue un regalo. De todas formas hay lugares de España donde, por la razón que sea, tienes una relación especial, y Málaga es uno de ellos. Allí presenté una de mis primeras novelas en 1977, “Campos de fresas” lleva una década siendo el libro más pedido en bibliotecas de la provincia, yo llevo años siendo el autor más solicitado en ellas, ¡por encima de Lorca y Unamuno!... Lo mismo sucede en Extremadura, Asturias, Catalunya y más sitios, pero cuando todo coincide en un mismo lugar es fantástico. En Málaga también hiciste tú mismo la primera tesis doctoral sobre mi obra, que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado en la universidad. Nada es casual.

Y eres el 8º autor más leído en escuelas de España.

Eso es un “sambenito” de los que te caen encima y ya no los sueltas. El día que te dicen: “¿Sabes que eres el autor español vivo con más obra publicada?” te echas a temblar, porque desde ese momento te van a colgar esa etiqueta. Sucedió lo mismo hace diez años con lo de los autores más leídos. Los primeros eran Bécquer, Lorca, Galdós, Baroja... ¡todos muertos! Vivos estábamos Delibes, García Márquez y yo. García Márquez era el 7, yo el 8 y Camilo José Cela el 9. Fue un honor, pero eso es de 2002. Han pasado 10 años y allá donde voy me sueltan lo mismo. Hoy puedo ser el 27, o el 5, pero como no se ha hecho otra encuesta, soy y seré para la eternidad “el 8º autor más leído en escuelas”.

Volviendo al presente. ¿Qué sientes al saber que se han vendido más de diez millones de libros escritos por ti?

Hablamos de España, así que es una cifra abrumadora, casi alucinante, aunque haya sido en 40 años. Luego te dicen que J.K.Rowling vende eso mismo en una semana cuando saca un Harry Potter, y te pones a reír. Sea como sea pienso que es increíble, sobre todo porque cada cinco años el público joven se renueva, y los nuevos siguen leyendo mis libros, y algunos llevan 20 o 25 años siendo best sellers o libros de referencia. Una pasada. Pero en el fondo sigo siendo anónimo, debo ser el más famoso de los autores desconocidos de España o el más desconocido de los autores famosos. No soy de salir en la tele ni montar paripés ni ir a lugares para que me vean. Me gusta la discreción. No soportaría tener a un paparazzi pegado al culo o fotografiándome en taparrabos en una isla a las que suelo ir para preparar guiones. Lo importante es tener los pies en el suelo y saber cuál es tu papel en la vida.

¿Qué nos depara el futuro a los seguidores de Jordi Sierra i Fabra?

Trabajo, ilusión, más novelas, más historias, más amor, sinceridad, el mismo alud creativo mientras el cuerpo aguante y pasando de todo... Es lo que puedo dar. Como suelo decir, ya descansaré cuando me muera.



José R. Cortés Criado, es especialista en LIJ y Profesor de Enseñanza Secundaria en el IES María Zambrano, de Torre del Mar, Málaga, España. Su tesis doctoral: El compromiso social en la obra de Jordi Sierra i Fabra 1983-2003 se puede leer en este enlace:



 Esta entrevista ha sido publicada en el número 251 de la revista CLIJ. (enero-febrero 2013)



domingo, 17 de marzo de 2013

El jajilé azul




Autora: Ursula Wölfel

Ilustrador: Antonio Lancho

Páginas:   64

Encuadernación:    Rústica

Editorial SM


Por José R. Cortés Criado

¿Quién no ha querido cambiarse por otro alguna vez en su vida? ¿Cuántos adolescentes y personas de otras edades no ha deseado ser diferentes a como se ven delante del espejo?
Esto le ocurre al protagonista de esta historia, un jabalí que está cansado de vivir en la charca, de rebozarse en el lodazal y de ser gris y feo como sus congéneres. Por eso un día decide cambiar y como es un poco casquivano, pide el primer deseo que se le ocurre una y otra vez, y su cuerpo va adoptando los sucesivos cambios deseados.
Tras su primera transformación lo veremos azul como los lindos peces que ve en el lago, después se añade un bonito y esbelto cuello como el de las jirafas; más tarde tiene una melena de león; sigue transformándose y le salen patas de avestruz, y hasta alas.
Este ser que comenzó su andadura en un lago hubo de cambiar de residencia porque todos los animales se asustaban al verlo, nadie sabía a qué especie pertenecía, y así llegó a la ciudad y una niña lo llamó con el nombre de jajilé azul; este se alegró mucho al saber que tenía identidad y nombre propio, pero no le gustó ser animal de feria, ahora se sentía incómodo al haberse convertido en un personaje estrafalario al que todos querían ver dado su extraño aspecto.
Apenado por su nueva existencia en una jaula para diversión de visitantes, añora su estado primitivo y sueña con volver a su lodazal con sus hermanos, los gordos, feos, sucios y grises jabalíes.
Y al final…

Es un libro para primeros lectores, pero de su lectura disfrutarán grandes y pequeños; hará reflexionar a todos y no dejará indiferente a nadie.
El texto se ve acompañado de expresivas imágenes ideadas por Antonio Lancho que le sirven de complemento.
Ürsula Wölfel publicó por primera vez este libro en Alemania en 1969; SM lo editó en España  por primera vez en febrero de 1998, y en enero de 2013 ha aparecido su cuadragésima primera edición, con lo que se ha convertido  en un clásico de la Literatura infantil.
Suelo recomendar este libro a grandes y pequeños desde su publicación y noto como los nuevos lectores siguen sorprendiéndose de la gracia narrativa y de la reflexión que nos deja la trama.





viernes, 15 de marzo de 2013

T/. Error


T/. Error de Jordi Sierra i Fabra. Editorial Oxford, 2012. 268 pp.

Unos extraños y horribles sucesos les ocurren a unos jóvenes en una localidad tranquila donde nunca sucede nada extraordinario. La sospechas se dirigen hacia un joven, guapo, estudioso, trabajador…, que no pasa desapercibido para la pandilla.
El pueblo se conmociona, nadie entiende lo sucedido pero uno tras otros sufren un extraño mal los integrantes de la misma pandilla y la tía de una de ellas.
Poco a poco el relato avanza algunas pistas sobre los hechos, pero cada paso en una dirección parece equivocado en la secuencia siguiente, solo hay una joven, Aurelia, que parece ser capaz de enfrentarse al problema y resolverlo.
Se enfrenta, sale victoriosa y comienza una nueva fase en su vida, en relación con los demás. Nada sigue igual después de esa experiencia que sacude a todos los habitantes de la localidad.
El misterio se cierne sobre lo sucedido y al final descubrimos la verdadera identidad de la persona que causa el mal, el escritor nos dejará preocupados tras leer el desenlace.
La novela se lee rápidamente, los sucesos se suceden unos tras otros sin dejar tiempo para el sosiego y el terror se va mascando paso a paso, cuando se siente el miedo a lo desconocido que nos invade página tras página.

José R. Cortés Criado




martes, 12 de marzo de 2013

Abdel


Abdel




Título: Abdel
Autor:  Enrique Páez
Editorial:  España-Ediciones SM-FSM
Edad recomendada:  Entre 12 y 14 años.
Precio con IVA:  8.40 €
Precio sin IVA:  8.08 €



Abdel es un chaval saharaui, descendientes de los tuareg; vive en el Sahara ocupado por Marruecos, tiene acceso a una hermosa biblioteca de libros escritos en español, es huérfano de madre y vive como cualquier otro joven del desierto; un día, su padre decide venirse a España, país amigo, para reiniciar una nueva vida en una sociedad libre.
Padre e hijo atraviesan el Sahara, llegan hasta las costas marroquíes y zarpan hacia España en una patera. Aquí descubren que la vida no es fácil, pero que es preferible a la que podrían llevar en el Sahara o en Marruecos, a pesar de todo.
Estas vivencias las conocemos gracias a Abdel, que ha aprendido a escribir en el centro de acogida para jóvenes de la ciudad de Málaga y escribe día a día su diario.
Los jóvenes lectores cuando conocen esta historia se siente identificados con el chico, incluso algunos llegan a creer que realmente existe y vive en Málaga.
Desde que apareció este libro, 1994, no ha perdido vigencia, el tema sigue siendo, por desgracia, actual; no han cesado de llegar inmigrantes ilegales a nuestras costas en busca de un futuro incierto, pero pensando que será mejor que el que les aguarda en su lugar de origen; el día que este flujo humano cese de llegar a nuestras costas, este libro envejecerá y, solamente ocupara un lugar en nuestras mentes y nos evocará tiempos pasados.
La dedicatoria de este libro ya es un alegato a favor de los otros, de los nacidos más allá del bienestar y de la riqueza: “Dedicado a los culpables de nacer en otro sitio”.

En Youtube puedes ver un corto de seis minutos donde se resumen los primeros capítulos del libro.




domingo, 10 de marzo de 2013

El grillo de colores de Antonio A. Gómez Yebra


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Gómez Yebra, Antonio A.: Estudios sobre el Patrimonio Literario Andaluz IV, Málaga. Sarriá, 2012, pp. 257-272


EL  GRILLO DE COLORES DE ANTONIO A. GÓMEZ YEBRA.

Existe una colección de libros infantiles que lleva por  nombre El grillo y como apellido un color, los hay amarillos, rojos y azules, todos ellos publicados por la editorial andaluza, Algaida.
Los colores indican la edad a quienes van dirigidos los libros: los amarillos están concebidos para los lectores de siete u ocho años; los rojos, para los de ocho o diez años; y los azules se editan para los lectores situados entre los diez y los doce años. Así que los hay para todos los gustos y colores: seis amarillos, seis rojos y cinco azules.
La persona que ha escrito todos estos grillos es Antonio A. Gómez Yebra, que según ha declarado es un hombre “que se ha hecho a sí mismo, poco a poco, sin ningún tipo de explosión, sin ningún ‘boom’, ningún premio importante que llame mucho la atención, sino pasito a paso, casi como las hormigas, empezando desde abajo y, bueno, no sé dónde voy a llegar, ni lo que soy ahora mismo, pero creo que tengo un puesto dentro de la literatura infantil actual, me conocen en toda España, me leen muchos niños, y lo importante no es que me conozcan y me lean, sino que les gustan mis libros, y se reeditan”[1].
Cada uno de los libros que componen esta colección está concebido con un estilo distinto, por lo que el escritor se acerca al lector de maneras diferentes, atendiendo la edad de los destinatarios. Los hay escritos en primera persona como Un conejo en el armario que comienza así: “Desde hace tres años, o sea, desde que tenía sólo siete, no hacía más que pedir a mis padres que me regalaran un conejo”[2].
En primera persona nos narra Monty, el saltamontes, sus peripecias. “Una hora antes de la tormenta yo, como el resto de mis amigos y parientes, sabía que…”[3] Sandra Burgueño García, alumna de Sexto A es la narradora de la vida de su hermano hasta ese momento: “Esto no es un cuento que yo me haya inventado, señorita. Usted lo sabe… Si quiere, puede leer el periódico del domingo. O puede venir a mi casa… Todo ha sido así con mi hermano…”[4]
En primera persona también detalla Ricardo su historia: “Papá y yo siempre tenemos muchas cosas que contarnos. Hacemos un repaso a todo lo que hemos hecho en las últimas semanas, y…”[5]; igual le ocurre a Anabel que empieza así el relato: “Yo no sabía lo que era un monstruo hasta hace poco, hasta hace quince días o así: hasta que me fijé en mi padre, y en las cosas que es capaz de hacer”[6].
Las travesuras de Miguel son contadas en primera persona por su hermano, que se presenta de este modo: “Cuando yo tenía ocho años me dio por entrar a mi casa por la ventana. Fue una manía como otra cualquiera”[7]. El protagonista de Mi amigo Listo comienza así su relato: “Yo soy un burro, y me llamo Torpe. Soy un burro joven y pequeño, de color gris, con el pelo suave y lanoso en invierno, un poco menos espeso y más fino en verano”[8].
En el resto de la colección el narrador es omnisciente, salvo en La marimorena, que está escrito en forma epistolar. Se trata de un texto estructurado en tres cartas que le envía el jovencito Alejandro Gómez López a su tío escritor, un hermano de su padre, para que le resuelva algunas dudas a cerca de la leyenda de una mujer apodada Marimorena.
El grillo de colores es una colección muy cuidada, en la que priman tanto el texto como las ilustraciones; evita descuidar la calidad literaria y procura que su lectura sea rápida y amena, para que los pequeños lectores no se aburran ante páginas repletas de grafías ni se dediquen exclusivamente a ver dibujos. Tras estudiar las tendencias literarias y reprográficas en este segmento de la población, la editorial decidió ofrecer un cincuenta por ciento de texto y otro tanto de imágenes, para contrarrestar las actuales tendencias hacia la profusión de imágenes en la sociedad.
El tipo, el cuerpo y el tamaño de letra han sido muy estudiados, y se han escogido de tal modo que resultan atractivos al público al que se dirige. Además hay que añadir otros pequeños detalles al margen de las ilustraciones, son la numeración a pie de página en color rojo y el encabezado de cada una de ellas con el nombre del escritor en las páginas impares y el título del libro en las pares, y en ambos encabezamientos, una pequeña ilustración alusiva al título.
Hay que destacar la profusión de letras capitales al inicio de cada capítulo con su detalle de color, bien una flor, un perrito, una abeja, una niña,  una mariquita, una nube o un grillo, siempre en consonancia con el contenido del libro y con los protagonistas de las historias.
Las ilustraciones de Estrella Fàges son muy bellas, recrean el mundo ideado por Gómez Yebra de un modo muy realista y lo complementa con multitud de pequeños detalles que engrandecen la imagen. El color es fundamental en ellas, predominan los colores vivos.
Como declaró el escritor, “en los libros se ha cuidado hasta el último detalle para ofrecer un producto atractivo a los más jóvenes. […] Lo que se ha pretendido con esta colección es hacer que desde pequeños no se les caigan los libros a los niños de las manos ni por su peso excesivo ni por ningún descuido editorial, por lo que los libros han sido concebidos para que se puedan leer de una sentada. Para ello, en su edición se han utilizado las últimas tecnologías de impresión, que han permitido que todas las páginas vayan ilustradas a todo color, en formato pequeño y de fácil manejo, con una letra asequible para los más pequeños”.[9]
La mayoría de los libros tienen entre  cincuenta y dos y cincuenta y cuatro páginas, aunque hay uno, Mi amigo Listo, que tiene dieciocho y otro, Las travesuras de Miguel, que tiene cincuenta y ocho. Casi todos los volúmenes tienen tres capítulos, algunos, cuatro y uno sólo, Las tres princesitas, que tienen cinco y Mi amigo Listo que no está fragmentado en ninguno.
En estos libros el lector se enfrentará a situaciones cotidianas de nuestro entorno, el escritor se centra en personajes sacados de la clame media española, con una problemática similar a muchos de nosotros, por ello los pequeños se verán reflejados en determinadas peripecias, y los adultos mostrarán una media sonrisa al verse retratados con gracia en algunas escenas.
Las relaciones familiares, los problemas escolares o de convivencia entre amigos, las normas de cortesía, los consejos paternos, los deseos de jugar en pandilla o los recuerdos son adecuados a la vida diaria de sus lectores, que se sentirán atraídos por la “normalidad” de esos personajes, que Gómez Yebra sabe retratar bien en sus libros.
Se vivirán situaciones familiares armónicas con sus vaivenes naturales entre hermanos, primos y amigos; se conocerá el divorcio en Oreja de abeja; el maltrato familiar en Trío de monstruos, el machismo en Los tiempos cambian, los problemas de salud cotidianos: una otitis en Oreja de abeja, un dolor de tripa en Patatas fritas de bolsa, la caída de los dientes de leche en Dientes relucientes, e incluso el nacimiento de un niño ciego en Mario y Pillo.
En Las travesuras de Miguel se presentan tres niños que son cuidados por su tía y los abuelos que viven muy cerca de ellos; en Oreja de abeja, el chico protagonista vive con su madre y pasa algunas temporadas con su padre, porque se divorciaron.
Los problemas de maltrato en el hogar están presentes en Trío de monstruos. El padre de Sole, una de las protagonistas de esta historia, es un yuppie al que acaban de despedir de su trabajo y busca consuelo a su desesperación en el alcohol, y cuando no se controla, grita a su mujer y golpea a su hija. Sole teme que se rompa su familia y que la aparten de su padre, al que quiere mucho. Al final la vida familiar vuelve a la normalidad.
Los padres son queridos por los protagonistas de estos cuentos, sirva como muestra lo que dice Ricardo: “Un padre y una madre son las dos caras de una misma moneda. Te quieren más que a nadie en el mundo. Y tú también los quieres, sin saber por qué. Quizás por costumbre. A lo mejor porque llevas oyéndolos desde antes de nacer, y viéndolos desde abres los ojos. Un padre es un padre, y una madre es una madre; y no hay forma de explicar por qué los quieres. Ni ellos lo pueden explicar tampoco. Los quieres, y ya está. Te quieren, y punto”[10].
Dientes relucientes, presenta una familia extensa, aunque casi toda formada por niñas. “Mi tía Lourdes tiene cuatro niñas; mi tía Mariví, tres niñas; mi tía Feli, dos niñas. Y en casa éramos ya dos: mi hermana Tere  -la mayor- y yo, que entonces era la mayor y ahora soy la mediana”[11]. Además aparecen los abuelos paternos: Magdalena y Yeyo. 
Narcisa, es una jovencita de doce años, que debe ir al colegio  escoltada por su hermano pequeño Álvaro y llevar de la mano a Macarena, la pequeña de la casa, en Patatas fritas de bolsa.
Irene, protagonista en Un meteorito muy particular, tiene una familia numerosa, tíos y primos pasan juntos los días de fiesta en el campo; Mario, personaje en Mario y Pillo, tiene dos hermanas; dos hermanos son los hijos de la pareja que aparece en Un conejo en el armario, y en Mi hermano y yo; una familia con un hijo aparece en El devorador de libros y en Oreja de abeja.
Todas las familias relacionadas hasta ahora son representantes del modelo habitual en nuestra sociedad, pero hay dos libros donde aparecen un príncipe y tres princesitas, que son en El cumpleaños de Shana-Taga  y en Las tres princesitas, respectivamente.
La vida de estas proles recogidas en la colección es semejante a la de muchas familias españolas. Hay madres amas de casa, pintora, bióloga; padre abogado, asalariados; los abuelos desempeñan un papel importante en algunas historias y los matrimonios suelen tener dos hijos o tres, aunque algunos sólo tengan uno.
Los protagonistas llevan a cabo acciones cotidianas, como desayunar, almorzar, cenar, lavarse los dientes, ducharse, hacer los deberes, asistir a clases extraescolares, ir al campo, celebrar algún acontecimiento familiar comiendo fuera de casa.
Así se puede leer: “Era domingo, y toda la familia había decidido pasar el día en el campo, como tantos otros domingueros[12], y “El día del padre de hace cinco años - me acuerdo como si fuera ayer- fuimos a comer a un mesón que habían abierto unos días antes. No era demasiado caro todavía, y aquel día papá estaba muy dispuesto a mostrarse generoso. Todos endomingados, nos presentamos en el mesón El cazador[13]
Narcisa, protagonista en Patatas fritas de bolsa, es lenta en todos sus quehaceres salvo en el acto de comer. Una mañana se sentó en la mesa y “cayeron cuatro magdalenas (ella decía madalenas), cayeron otras tantas rebanadas de pan con mantequilla y mermelada de albaricoque, y cayeron tres pastillas de chocolate porque no había más. Zumo de naranjas y vaso de leche con cacao incluido. Total: dos minutos”[14].
Hasta las princesas cenan con normalidad, aunque están tristes porque su madre se fue a visitar a su prima, la Duquesa Ludovica, y nadie se preocupa de lo que comían, “así que se comieron –sin ganas- todo lo que les pusieron por delante en la mesa, mirando con ojos tristes el lugar donde solía sentarse su madre”[15], y hasta se comieron las natillas a pesar de que las odiaban.
También comen los seres fantásticos, así Monty, el saltamontes con luz propia de El devorador de libros, comenta que tras ingerir El Quijote, se sintió reconfortado, pero al ver el Refranero, no se pudo aguantar , se lo comió de principio a fin, “estaba a reventar. Más de sesenta mil refranes son muchos refranes. Demasiados de una sentada. Adquirí el tamaño de una calabaza de las grandes. No podía moverme”[16].
Algunos celebran su fiesta de cumpleaños como Shana-Taga, que para celebrar su séptimo aniversario invita a sus siete primos y a sus siete primas; o el abuelo Yeyo, que a pesar de ser su cumpleaños nadie se acordó de felicitarlo, menos mal que él comenzó a preguntar si alguien sabía qué día era, que el dolor físico se olvida antes que otros, que las cosas materiales se pueden sustituir por otras…, hasta que la abuela cayó en la cuenta y se fueron todos a comer al restaurante “Los dos hermanos”.
Además, hay madres “regañonas” como la de Narcisa que no la deja dormir todo lo que quisiera porque debe acudir al colegio, que le recuerda que debe ser ordenada, comer menos, cuidar las cosas y como es la mayor, debe ser responsable de sus hermanos pequeños y hacer los recados: “Niña, cuando salgas del colegio pasas por el supermercado y compras algo pata limpiarte los zapatos. Ten dinero. Y no vuelvas a olvidarte de Macarena, que ayer…”[17]
También hay una madre que no teme enfrentarse a Herminio, un policía municipal, con tal de defender a sus retoños. En La marimorena, la madre del protagonista no quiere entregarle la figura de barro hecha por su hijo para el belén del colegio porque cada noche regresa misteriosamente a su casa y entre otras razones esgrime: “No te doy la figura porque no tienes derecho a llevártela. La ha hecho mi hijo, y ni la figura ni mi hijo tienen nada extraño ni han hecho nada fuera de la ley. Puedo dártela, claro, pero no me da la gana. Simplemente eso: ¡no me da la gana! ¿Me oyes?”[18], aunque más tarde hubo de entregarla a instancias del juez.
Otros padres están muy ocupados y no pueden atender a sus hijas, como Argantonio III, Rey del Confín de los mundos conocidos en torno al Mar del Medio, que debe impartir justicia, recibir al nuevo embajador del Reino del Norte o anotar las cosas importantes del día en su diario.
Los hay con profesiones liberales como Luisa, la mamá de Ricardo, protagonista de Oreja de abeja, de la que dice: “mamá es un monstruo con los pinceles. (Iba a decir una “monstrua”, pero suena mejor “monstruo”). Lo mismo pinta el mar, con islotes o con barcos, que unas células pequeñísimas que se entretiene en estudiar por el microscopio”[19].
Y el papá de este protagonista “es un artista. Pero no con el pincel, sino con la pluma. Ha ganado infinidad de concursos (bueno, no tantos) de poesía y de novela, e incluso uno de teatro”[20].
Incluso hay papás monstruos. “Por fortuna yo tengo a mi padre, que es un verdadero monstruo, aunque he tardado bastante tiempo en darme cuenta. Seguramente porque era una cría y no hacía más que pensar en mí y en mis cosas: mi ombligo -lleno de pelusa-  era el centro del mundo, y yo, la única persona importante de la Tierra y del Sistema Solar[21].
Anabel cataloga de la misma manera al padre de su amiga Sole cuando éste supera su problema y vuelve a ser el padre cariñoso y divertido que siempre fue. Se convirtió en el hincha más chillón cuando su hija y sus amigas celebraban una exhibición de danza clásica. “El padre de Sole se desgañitaba gritando, y aplaudía con la mano libre sobre una carpeta. Más fuerte que nadie. ¡Es un monstruo!”[22]
Los abuelos también ocupan un lugar importante en esta colección. “Mi abuelo era sastre. Y tenía varios tipos y tamaños de tijeras: dos o tres pequeñas, otras tantas medianas, dos bastante grandes, y unas tijeras ¡enormes!, de más de medio metro, que le servían para cortar las telas de las chaquetas, de los pantalones, de las gabardinas, de los chalecos… Y vivía muy poco más arriba, en la misma calle”[23].
En Dientes relucientes podemos leer que cuando nació Lolo “mi abuelo Yeyo, aunque lo tenía terminantemente prohibido por el médico, se fumó un puro; según él, para festejarlo. Magdalena, la abuela paterna, se hartó de llorar, porque para eso se llamaba Magdalena. Y la abuela Pilar hizo una de sus famosas tartas de manzana, que todos nos comíamos sin rechistar, aunque a mí personalmente no me hacían mucha gracia”[24].
Los hermanos están muy presentes en casi todos los títulos, en Mi hermano y yo, se presenta la rivalidad entre estos, que a lo largo de las páginas demuestran su preocupación por los animales,  sus ganas de compartir sus cosas con los demás, el sentido de la amistad, pero sobre todo destaca el cariño que ambos siente recíprocamente.
En El quitamanchas, hay dos protagonistas mellizos, Marta y Ángel, niños rubios, estudiosos, que llaman la atención. “Ángel tenía dos coronillas, y eso significaba, según le habían enseñado la experiencia, que se trataba de un niño vivaracho, difícil de mantener sentado más de diez minutos”[25].
En Dientes relucientes los tres hermanos se llevan como hermanos, unas veces se hacen de rabiar otras se ríen o juegan juntos al fútbol, incluso con el perro León. “Las niñas íbamos perdiendo, porque Lolo es un figura. No hay manera de quitarle la pelota. Y León es un portero de mucho cuidado: las para todas”[26].
Otras veces las hermanas lloran. “Estaban tan tristes, tan tristes, tan tristes, que echaron a lloraaaaar, y lloraaaaar, y lloraaaaar… […] Y tanto y tanto y tanto lloraron las niñas, que de sus principescos ojos brotaron tres ríos, cuyas aguas empezaron a correr por el jardín jardinero, lleno de flores como un florero”[27].
También ríen. “Las tres princesitas se pusieron a reíííír y reíííír, y reíííír… Y rieron tanto, tanto, tanto, que les dolían las costillas, las barbillas, las mejillas, y hasta las pantorrillas. ¡Y eso que no tenían cosquillas! ¡Qué chiquillas! ¿Terminarían saliéndoles espinillas?”[28]
Y se pelean por cualquier cosa.  Berta se pelea con su hermano Nacho porque le ha arrebatado su mascota. “Le aticé con un cojín en la cara. Después me arrepentí, porque le hice un arañazo bastante profundo con la cremallera, y se puso a sangras, a gritar y a darme manotazos”[29].
Narcisa es la hermana mayor y ha de cuidar de los otros dos que son menores, no le hace gracia y cuando la madre le recuerda su obligación, esta refunfuña: “No me olvidaré más de la dichosa niña ésta. ¡Plasta de niña! ¿Por qué tengo que hacer yo de niñera? ¿Eh? [30]
Junto a aquellos personajes tan reales, aparecen en determinados títulos otros extraídos del mundo de la fantasía, como este ser: “un extraño hombrecillo verde de orejas puntiagudas y brillantes ojos ambarinos”[31] que salió de un huevo amarillo, que Irene, protagonista de esta historia, se encontró un día que estaba de excursión en el campo con sus padres, tíos y primos.
También es curioso ese conejito de peluche tan querido por la protagonista de Un conejo en el armario, que mágicamente se transforma en un “conejo de carne y hueso, un conejo “de película”[32], cuando se le tira del pompón que hacía las veces de cola.
Para curioso, Monty, un saltamontes corrientucho (sic) que una noche de tormenta, de esas que hacen época, fue alcanzado por la fuerza de un rayo que cayó a veinte saltos de donde él estaba y cuando despertó “ya no era un saltamontes como los demás. Era un saltamontes plateado que emitía luz, una luz mucho más brillante que la luz de las luciérnagas[33]”. 
Además de ser un “saltamontes-bombilla” (sic) era un saltamontes hambriento y cuando entró en la biblioteca del pueblo y descubrió el sabor de las páginas escritas de los libros, ese fue su manjar preferido.
Otro protagonista animal es Torpe, el burro miope al que le costaba aprender las letras y recibía castigos de la señorita Vaca; menos mal que su amigo el caballo Listo le enseñó a leer.
Así mismo, ocurren acontecimientos extraños o poco corrientes en bastantes volúmenes. En Patatas fritas de bolsa, la joven protagonista ingiere una extraña bolsa de patatas fritas que le produce espasmódicos hipidos y cada vez que le da uno, salta seis o siete escalones mientras sube las escaleras de su piso, o bate todos los records deportivos de su colegio; para esta chica con problemas dietéticos fue un sueño maravilloso poder deslumbrar al atlético profesor de Educación Física y no ser, por una sola vez,  la última en las competiciones.
Incluso León, el pero del abuelo Yeyo en Dientes relucientes, encuentra un colmillo de elefante enterrado en el jardín de un restaurante; y Mario, tiene un amigo, Pillo, que es un pájaro. “Este pico rojo, estas franjas blancas alrededor de los ojos, estas alas verdes, grises, rojas y amarillas, me hacen pensar que es un ruiseñor del Japón”[34], que le sigue a todas partes, le obedece cuando el niño le silba e incluso parece que hablan entre sí.
Hay muchos animales en casa de estas familias, en La marimorena, Lola es una perrita que además de acompañar a su propietario, retira todas las noches la figura del belén que elaboró este para su colegio dando lugar a todo tipo de habladurías y supercherías en el pueblo; un conejo especial, en Un conejo en el armario; un pajarito, Piopí, y un gatito, Dormilón, conviven con los niños en Las travesuras de Miguel, donde se cuenta además, que en su pueblo nació un ternero con seis patas, dos cabezas y dos rabos, y que vio una vez una serpiente de agua con dos cabezas.
Esta mezcla de realidad y fantasía es la que nutre la imaginación del ser humano; si los textos solo mostrasen hechos reales y comprobables,  el lector joven terminará por aburrirse; mientas que esa chispa de imaginación hará que recupere el entusiasmo por la lectura y lo asombroso dejará de parecer anómalo y será considerado parte de esa realidad que el libro presenta.
Monótona sería una clase de música si no fuese porque la profesora, doña Batuta, es una estupenda comunicadora que sabe motivar a los niños y hace sus clases muy divertidas, como se puede leer en ¡Música maestra!; igual de aburrida sería una clase si los alumnos no pudiesen expresar sus ideas y visitar algún que otro museo, como sucede en El quitamanchas.
El primer libro de la colección, El quitamanchas, es una historia en un marco real donde se mezcla el elemento fantástico para hacer verosímil una anécdota increíble, aunque nos gustase que pudiese ser llevada a cabo.
Un hecho cotidiano es la presencia de veintiocho alumnos en una clase, que exista una profesora de pelo corto llamada Maribel y que entre el alumnado se encuentren dos mellizos, Ángel y Marta, y que tuviesen una linterna que perteneció a un tío de su madre.
Asombroso es que ese señor fuese un inventor al que todos calificaban de loco y hubiese creado una linterna que eliminaba toda imagen que fuese enfocada por su luz.
Este elemento fantástico utilizado en situaciones corrientes crea ambientes mágicos, transgresores, que en pequeñas dosis provocan la hilaridad del lector. 
Así todos se divierten cuando descubren las ventajas de tan genial invento, hasta la maestra se siente atraída por él y lo aplica, incluso defiende la inocencia del invento para que sus alumnos no sean reprendidos en el museo.
La luz blanca ejerce la misma función que la lejía, donde ilumina, desaparece todo rastro de color; para limpiar las pisadas de la pared de la clase es estupenda, pero si se pintan un corazón blanco sobre la ropa a la vigilante del museo, la cosa ya es distinta.
Pero este blanqueador le ofrece la posibilidad al escritor de jugar con las palabras y transformar mensajes; desde el clásico “Dejen a los niños solos en el ascensor” o “Tonto el que no lea” gracias al pintalabios de la seño que se usó para dibujar la n, hasta otros más complicados como los cambios ejercidos en la frase “Marbella independiente”, que dio lugar primero a “Bella dependiente”, después a “Bella pendiente”, a “El pendiente”, y “El diente” para terminar en “El té”.
También hace juego con las palabras en otros muchos títulos. En Las tres princesitas alarga sonidos como “El Jardinero Real, que además era el Peluquero Real, el Sacamuelas Real, y el Modisto Real, se había preocupado “muy mucho” por hacer un jardín por tooooodo lo alto”, o cuando nos narra que se rompieron los caballitos de arcilla y escribe: “... se fueron al suelo en pedazos de barro-¡jo, jo, jo! Y pegajo- ¡jo, jo, so!”, y cuando las princesas están tristes y “… de nuevo empezaron a lloraaaaar, y lloraaaaar, y lloraaaaar…”[35]
En otras ocasiones lo que intenta es crear un calambur y mofarse de algún inocente; así le ocurre a Lolo en Dientes relucientes. La familia acude a un restaurante, el padre pide para comer rabo de toro y los niños aprovechan para mofarse del pequeño, haciéndole repetir una frase sin sentido: “Toro gando para mí”; cuando el pequeño demuestra que es capaz de decirla, le ponen otra prueba, repetirla, pero cambiando la palabra toro por vaca y el pequeño no se percató de la broma hasta que la pronunció y todos se rieron de él.
En Mi amigo Listo, las letras son las auténticas protagonistas, aquí el lector se las encontrará de distinta forma, tamaño y color, incluso en letra cursiva de color azul frente al resto de letras negras. Y como de enseñar a leer a Torpe se trata, hay letras del abecedario que encontraremos dibujadas junto a un objeto que comience por ella y una serie de palabras que la lleven.
Además, el escritor, dando muestras de su condición de catedrático y recordando su pasado como maestro, comenta el uso y sonido de las letras. “La h parece una letra afónica, no hace ni un ruido. La pongas donde la pongas está siempre callada, no molesta a nadie: haba, helado, hilo, hoja, humo. Pero si le coloca una c a su izquierda, haciéndole compañía, se pone muy contenta y empieza a charlar, como Chicho que tiene un chucho que chilla mucho[36].
El devorador de libros disfruta con las palabras y se siente felicísimo cuando se almuerza el Diccionario de la Lengua Española, las pastas, no, porque estaban rancias. Gracias a las explicaciones que da de este banquete, el lector sabrá de la existencia de palabras poco usuales como chuzonería o zuzón y que el saltamontes aprende todo lo que ingiere.
Como la curiosidad es muy importante en su conducta, cuando escucha a la madre de su amigo y a éste decir varios refranes encadenados al modo de Sancho Panza:
“- Y date prisa… que al que madruga Dios le ayuda…
-          Sí, pero, no por mucho madrugar amanece más temprano, mamá. […]
-          ¡Pues rápido, que vienen por la calle Jorge y Domingo, y “el que espera, desespera!” […] Que “hormiga que no camina, mal convida a su vecina”[37].
El saltamontes Monty, que se siente atraído por ese juego de palabras, localiza en la biblioteca del colegio el Refranero General Ideológico Español, hecho que le posibilitó aprenderse más de sesenta mil refranes, incluso el número de orden da cada uno de ellos.
De boca del maestro también escuchó un refrán: “De saltamontes a chicharra, poco marra” y  así supo que el saltamontes y la chicharra son primos hermanos. Y a su amigo Raúl le enseñó algunos relacionados con la lectura: “Del leer sale el saber”, “Leyendo y escuchando, el necio se hace sabio”, “Contra la tristura, buena lectura”, “Dime lo que lees y te diré quién eres”.
También existen personajes que hacen rimas fáciles cada vez que hablan: “Ricardo, no seas petardo, ya sabes que te aguardo”,  le grita el padre a su hijo por el telefonillo en Oreja de abeja. El hijo le responde: “¡Espérame un segundo, que estoy arreglando el mundo!”, y recibe como confirmación un “¡No lo discuto, pero no te espero ni un minuto!”[38]
Al profesor de Educación Física que imparte clases a Narcisa en Patatas fritas de bolsa, le gusta hablar con palabras rimadas y apocopar el nombre de sus alumnos, así la protagonista es Cisa y él es Dom (Narcisa y Domingo) y dice cosas como estas: “¡Sí, vosotras tres, el trío de Rocío! ¡Venga un poco de más ritmo! […] ¿Qué te pasa, Leonardo? ¡No me seas petardo!”[39]
Anabel, protagonista en Trío de monstruos dice del padre de una de sus amigas: “Sí, muy elegante: por detrás y por delante”[40]. En otro momento le dice a su compañera: “Bueno, gracias a mí, nada, monada, que yo ni siquiera estaba”[41].
Además el autor hace numerosos guiños a la poesía, no en vano es poeta y dirige varias colecciones de libros de poesía para niños. Un personaje recita su poesía titulada al llegar la primavera, que finaliza así: “Al llegar la primavera / el pulso se nos altera / y se agita el corazón.  / ¡Qué estación!”[42]
En Dientes relucientes se rinde homenaje al poeta oriolano Miguel Hernández y se cita una estrofa de Nanas de la cebolla: “Al octavo mes ríes / con cinco azahares. / Con cinco diminutas / ferocidades. / Con cinco dientes / como cinco jazmines / adolescentes”, que es un regalo de la tía Lourdes para Lolo cuando nació con sus dos paletones. 
La canción popular también tiene su espacio cuando Amparo, la muchacha de la casa de al lado de Narcisa canta su canción favorita con su voz de pito: “¡Eres alta y delgada como tu madré, morená saladá, como tu madré… Pero tienes bigote como tu padré, morená saladá, como tu padré!”[43]
Incluso se cantan villancicos y podemos leer cuando Alejandro se pone a cantar a grito pelado: “¡Ande, ande, ande, la Marimorena, / ande, ande, ande, que es la Nochebuena!”[44]
Antonio Gómez Yebra deja constancia de su amor por la Literatura cuando recurre a expresiones como: “¡Jo, qué ciega puede estar una! Con razón el ciego del Lazarillo veía más que el chico”[45], pero sobre todo se aprecia cuando pone a su personaje Monty frente al Quijote y le cuenta a su amigo Raúl lo que sintió al leerlo/digerirlo “¡Qué historia, Raúl, qué historia! ¡No te puedes hacer una idea de lo que pasaba por mi cabeza según iba devorando cada capítulo! ¡Yo me sentía el héroe de la historia, y estaba dispuesto a luchar contra quien fuese para defender a los pobres, a los débiles, a las damas! ¡Ah, qué emocionante! ¡Fíjate cómo vibran mis antenas nada más pensarlo!”[46]
Y es que a los niños hay que ofrecerles buena literatura y hacerles presente las obras clásicas de nuestro acervo cultural, como hace este autor, porque la lectura es muy importante para llevar a cabo una buena labor formativa de las personas, ya que mejora sus relaciones interpersonales, mejora su vocabulario, amplia sus conocimientos y los ayuda a ser mejores personas.
Colecciones con El grillo de colores ofrecen la posibilidad de escoger, entre una variedad de títulos, historias adecuadas a los más pequeños, porque como dice Gómez Yebra, si un niño no comprende lo que lee difícilmente encontrará gusto por la lectura.
Algunos investigadores consideran la Literatura Infantil y Juvenil una especie de literatura de frontera, pero ha de tenerse en cuenta que es Literatura, al margen de la edad de sus protagonistas, del público al que se dirige o de la carga educativa que contenga, porque, en definitiva, es una forma artística de expresar la vida a través de palabras.
Toda obra narrativa infantil debe reflejar aspectos vivenciales que ayuden a formar la personalidad de los niños y adolescentes; la vida, en su sentido más amplio, se ve reflejada en una gran cantidad de libros. Numerosos autores han reflejado parte de la suya en sus textos,  a pesar de que “sabemos que nuestras vidas no son los libros, aunque en los libros no hayamos ido dejando buena parte de las mismas”[47].
La calidad literaria debe ser la característica que marque el valor de toda obra escrita, como ocurre en la colección aquí analizada.



José R. Cortés Criado








[1]GAITÁN, Juan: Entrevista a A. Gómez Yebra, Málaga. Variaciones, nº 40, sept. 2000, págs. 32-33.
[2] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Dientes relucientes, Sevilla, Algaida, 1998,  pág. 5.
[3] GÓMEZ YEBRA, A. A.: El devorador de libros, Sevilla, Algaida, 1998,  pág. 5.
[4] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Mario y Pillo, Sevilla, Algaida, 1994,  pág. 52.
[5] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Oreja de abeja, Sevilla, Algaida, 1998,  pág. 11.
[6] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Trío de monstruos, Sevilla, Algaida, 1998,  pág. 5.
[7] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Las travesuras de Miguel, Sevilla, Algaida, 2010,  pág. 5.
[8] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Mi amigo Listo, Sevilla, Algaida, 2010,  pág. 5.
[9] Rafael Cortés, Entrevista a Gómez Yebra, Sur, 8/XI/94, pág. 54.
[10] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Oreja de abeja, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 9.
[11] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Dientes relucientes, Sevilla, Algaida, 1998,  pág. 5.
[12] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Un meteorito muy particular, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 6.
[13] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Mario y Pillo, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 5.
[14] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Patatas fritas de bolsa, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 11.
[15] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Las tres princesitas, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 37.
[16] GÓMEZ YEBRA, A. A.: El devorador de libros, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 44.
[17] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Patatas fritas de bolsa, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 12.
[18] GÓMEZ YEBRA, A. A.: La marimorena, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 29.
[19] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Oreja de abeja, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 12.
[20] Ibídem, pág. 13.                                    
[21] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Trío de monstruos, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 54.
[22] Ibídem , pág. 54.
[23] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Las travesuras de Miguel, Sevilla, Algaida, 2010, pág. 42-43.
[24] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Dientes relucientes, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 5-6.
[25] GÓMEZ YEBRA A.A.: El quitamanchas, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 7
[26]   GÓMEZ YEBRA, A. A.: Dientes relucientes, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 20.
[27] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Las tres princesitas, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 40.
[28] Ibídem , pág. 42.
[29] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Un conejo en el armario, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 30.
[30] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Patatas fritas de bolsa, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 12.
[31] GOMEZ YEBRA, A.A.: Un meteorito muy particular, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 52.
[32] GOMEZ YEBRA, A.A.: Un conejo en el armario, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 18.
[33] GOMEZ YEBRA, A.A.: El devorador de libros, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 14.
[34] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Mario y Pillo, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 34.
[35] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Las tres princesitas, Sevilla, Algaida, 1995.
[36] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Mi amigo Listo, Sevilla, Algaida, 2010, pág. 33.
[37] GÓMEZ YEBRA, A. A.: El devorador de libros, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 23-37.
[38] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Oreja de abeja, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 15.
[39] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Patatas fritas de bolsa, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 17.
[40] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Trío de monstruos, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 20.
[41] Ibídem , pág. 49
[42] GÓMEZ YEBRA, A. A.: El quitamanchas, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 14.
[43] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Patatas fritas de bolsa, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 6.
[44] GÓMEZ YEBRA, A. A.: La marimorena, Sevilla, Algaida, 1995, pág. 14.
[45] GÓMEZ YEBRA, A. A.: Trío de monstruos, Sevilla, Algaida, 1998, pág. 13.
[46] GÓMEZ YEBRA, A. A.: El devorador de libros, Sevilla, Algaida, 1994, pág. 42.
[47] GÓMEZ YEBRA, A.A.: “Literatura Juvenil: estado de la cuestión”, en La aventura de leer y escribir. Actas de las Jornadas sobre lecturas organizadas por el CEP de Málaga, 1999, pág. 30.