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viernes, 2 de septiembre de 2016

La lectura, un arma cargada de futuro de José R. Cortés Criado




Hay artículos que no pierden interés a pesar del paso del tiempo.








Sin recetas mágicas, con un sentido común encomiable, el autor sigue todo un proceso para tratar de contagiar a sus alumnos el gusto por la lectura y por la literatura, para que las incorporen a su menú de ocio de manera permanente y duradera. Desde los juegos creativos a la narración de cuentos, pasando por la lectura en voz alta o la selección de las lecturas, todo tiene su lugar en este proceso, en el que lo más importante es tener claro el porqué y el para qué animamos a leer. (CLIJ)



LA LECTURA, UN ARMA CARGADA DE FUTURO

        
         Cuando hablamos de animar a leer, cada uno puede tener una idea diferente de lo que nos proponemos y de lo que queremos conseguir, de hecho hay compañeros que enlazan animación y lectura con cualquier preposición, y todas valen, es decir, todas tienen sentido, (animación con, de, ante, sobre, tras,... la lectura),  luego no existe un solo camino para fomentar la lectura, por lo tanto el primer paso será clarificar los términos.

         Entiendo la animación a la lectura como fomento de la lectura, es decir, como una actividad dirigida a conseguir que mis alumnos amen la lectura como yo y que ésta sea una actividad permanente en su vida, junto al juego, al deporte o a cualquier otra forma de diversión; para conseguirlo, procuro realizar una serie de actividades alrededor de los libros que hagan placentera su lectura y nos posibilite pasar un buen rato recordando lo leído o ideando cualquier treta para incitar a leer a los menos deseosos.

         Esto no quiere decir que todos mis alumnos terminen el curso devorando libros y pidiendo leer más y más; de esto debemos olvidarnos, no vamos a conseguir que el cien por cien de una clase sea lectora y disfrute de ello. Podremos conseguir que la lectura enraíce en bastantes alumnos, pero no debemos ser ilusos y pensar que en clase vamos a hacer milagros, no, no es posible. Tenemos que tener claro que competimos con las influencias familiares y sociales que no son pocas.
        
Enseñar a leer

La experiencia más gratificante me la dio el libro Las palabras mágicas (1995), de Alfredo Gómez Cerdá, conseguí que veintitrés alumnos de los veinticuatro que componían la clase de quinto curso de Enseñanza Primaria, y que en catorce familias, el libro fuese leído por al menos uno de los progenitores. Todavía recuerdo a una alumna, Esther, que le leyó a su padre el libro en voz alta porque éste tiene problemas de visión. Pero fue lo que se dice una raya en el agua, surgida de la magia y la colaboración de varios compañeros en las estrategias llevadas a cabo antes y durante la lectura del libro.

         En esta “aldea global” de la comunicación, donde los llamados multimedias nos invaden y nos ofrecen un mundo de vivencias hasta hace poco inimaginables, es “trabajosillo” conseguir que nuestros chavales y nuestras chavalas se sienten en silencio ante unas páginas en blanco llenas de garabatos negros, que sus mentes deben descifrar para así imaginar lugares, personas,..., y comprender el desarrollo de las acciones allí ocultas, cuando enchufar un vídeo o un CD ROM es más cómodo, ya que sólo necesitan pulsar unos botoncitos y toda la “magia” que contienen aparece ante nuestros ojos.
        
         Es difícil leer cuando la sociedad en la que nos ha tocado vivir ofrece otras alternativas recreativas tecnológicamente muy elaboradas, que están muy potenciadas y son aclamadas como distintivo de progreso, modernidad y juventud; me refiero a la informática en su versión más lúdica, ya sea por medio de vídeo consolas o de ordenadores personales, que además tiene sus clubes de fans, sus revistas especializadas, y sobre todo posee el poder de hacerte un héroe cibernético; todo ello unido a que los mayores, por automarginación, desconocemos ese mundo, lo que hace que los jóvenes se sientan protagonistas virtuales de sus aficiones y a salvo del control adulto.
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         Con lo dicho anteriormente, no quiero iniciar una batalla en la que el libro se convierta en el “Capitán Trueno” ante la “maldad ” de la imagen y el sonido, porque las batallas no las ganas nadie, ni tan siquiera el vencedor de la contienda; sino que debemos aprender a convivir con los avances tecnológicos y educar en la lectura de la letra impresa, de las imágenes y de los soportes informáticos; no olvidemos que no todos los CD ROM son juegos “mata-mata”, aunque estos sean los más vendidos.

         También hay otro factor que no debemos olvidar, nacemos con el instinto de supervivencia, respiramos,..., pero no hablamos al nacer. Hablar es un proceso arduo, complicado, largo, y cuando se trata de escribir o descifrar lo escrito, puede llegar a ser hasta aborrecible para algunos, porque de lo que se trata es de la transmisión por parte de los miembros adultos de una comunidad a sus vástagos de un código de comunicación creado por dicha comunidad.

         La palabra no es innata, pero sí es inherente al ser humano, es decir, necesita del hombre y de la mujer para desarrollarse, necesitamos de la palabra para comunicarnos, para aprender, para transmitir lo que pensamos, .., en resumen, necesitamos la palabra para ser personas.

         Una persona que lee, es una persona que conoce la palabra, la domina y con ella comunica sus sentimientos, sus deseos, sus pensamientos,..., ordena sus ideas y gracias a ello mantiene su mente en orden, que no es poco.

         Retomando el tema de la animación  a la lectura en el aula, recuerdo lo que dice Bruno Bettelheim y Karen Zelan, en Aprender a leer, (1989, pág. 15): "Con independencia del bagaje familiar que el niño lleve a la escuela, una vez en clase el factor más importante para aprender a leer es el modo en que el maestro le presente la lectura y la literatura (su valor y su significado)".

         Teniendo en cuenta esta afirmación, deberemos prepararnos para obtener el mayor éxito posible en nuestra labor educadora.
        
Animación a la lectura ¿para qué?

         Cuando tengamos claro lo que queremos hacer, es decir, lo que entendemos por animación a la lectura,  debemos marcarnos los objetivos a alcanzar, para ello lo mejor es plantearse para qué queremos animar a leer.
                  
          Leer debe servirnos para aprender.

Primero aprender a ser libres, gracias a la lectura podemos acceder a la cultura y ésta nos hace libres, nos humaniza. Un pueblo culto no es fácilmente manipulable.
        

Leer debe servirnos para disfrutar, imaginar, crear, soñar, idear, viajar, etc., a través de la letra impresa.     

Leer debe servirnos para no permanecer ciegos ante tantas palabras escritas, ni sordos ante tantas voces que nos hablan desde los libros.

Por último, destacar que hoy en día todo el saber está escrito y que por tanto para aprender, para acceder a la información, debemos saber leer.
        
¿Cómo podemos hacer lectores?

         Ya decía Montserrat Sarto en 1984 que para animar a leer no eran suficiente las actividades de comprensión, dramatización, etc., sino que debíamos llevar a cabo una serie de estrategias que hiciesen al niño lector, pasando de la lectura pasiva  a la lectura activa y descubriendo la gran variedad de libros existentes.

         Los caminos para acceder a la lectura son múltiples y variados. No todas las estrategias, ni todos los libros van a producir los mismos efectos sobre los lectores; ni existe un solo medio de conseguirlo, como tampoco existe una verdad exclusiva, ni una sola cara del espejo.

Lo que sí parece cierto es que unas estrategias elaboradas para conseguir que el alumn@ ejercite la memoria, busque soluciones y sepa definir los problemas, va a facilitar el proceso lector. Si a ellas añadimos un aire festivo, diferenciado del ritmo del trabajo escolar, la animación a la lectura puede ser un éxito. Un aire festivo no quiere decir que debemos montar un circo con payasos incluidos.
        
         La palabra como generadora de historias.
        
El dicho "una imagen vale más que mil palabras", con el que no estoy plenamente de acuerdo, puede leerse también a la inversa. Una palabra nos puede traer mil imágenes.

Cuando oímos una palabra, nuestra mente se pone en funcionamiento, y comienza a rescatar imágenes asociadas a esa palabra generadora; pero no sólo aflora esa imagen, porque una palabra nos trae otra y otra y otra más, hasta el infinito; como esos pañuelos que extraen los magos de su chistera, unos atados a otros, dando la sensación de que nunca van a terminar de salir.

Dice Gianni Rodari en su "Gramática de la fantasía", que una piedra cuando cae en un estanque, primero altera la superficie del agua, moviendo todo lo que flota en ella, conforme avanza en su descenso, mueve la masa de agua y todos los elementos que en ella se encuentran, golpeando finalmente el fondo y desperdigando cuanto restos se encuentren en su poso. 
        
Éste fenómeno es similar al que se produce en nuestras mentes al recibir una palabra; se producen una serie de reacciones en cadena, superficiales y profundas, donde se mezclan conocimientos anteriores con recuerdos, sueños, fantasía, de tal modo, que nuestra mente se activa seleccionando información, añadiendo, quitando, ligando, construyendo, un mensaje nuevo, o una historia a partir de esa palabra generadora.

         Como estrategia creativa, podíamos utilizar también las posibilidades que nos ofrece el binomio fantástico, buscando dos palabras muy diferentes, muy extrañas entre sí, por ejemplo  perro y electricidad; para que nuestra mente fantasee, trabaje, busque la unión de esos dos elementos para poder crear una historia.
        
También podríamos jugar con el diccionario a buscar palabras desconocidas e inventarles un significado, para después crear una historia con ellas;  jugar a comernos letras para así formar palabras nuevas, aprovecharnos de los errores cometidos al escribir para crear otros vocablos, etc.

         La literatura oral.
        
Todos estos juegos creativos efectuados con las palabras, nos acercan a la literatura oral, y nos hace recordar, que al principio fue la palabra.

La literatura se transmitió oralmente hasta hace muy poco tiempo, y aún, en algunos lugares, persiste esta tradición.
        
Aunque la imprenta fue inventada por Gutenberg en el siglo XV, hasta hace menos de cien años no se impuso la moda de adquirir y coleccionar libros en las casas, tal como hoy la entendemos, era mucho más frecuente oír por boca de narradores los sucesos acaecidos.

Federico García Lorca decía que su vocación poética se la debía a los cuentos y canciones oídos a las mujeres de la vega granadina; Willian Faulkner siempre estuvo agradecido a las historias oídas de boca de las criadas negras del sur de EE.UU., Antonio Muñoz Molina, nos cuenta en su libro Pura alegría, (1998, pág. 55) " Y una de las imágenes más vívidas de mi niñez no procede de un recuerdo visual, sino de la voz profunda de mi abuelo materno contándome la historia de una mujer a la que enterraron viva en el cementerio de mi ciudad, y que cuando abrieron el ataúd tenía los ojos en blanco y los dedos rotos de arañar el terciopelo y la madera de la tapa." También nosotros podemos recordar como se cantaban los amores de Alfonso XII y María de las Mercedes, en los juegos de corro de las niñas de nuestra infancia.

Estas anécdotas nos hacen valorar la importancia de la palabra en la transmisión de nuestra cultura.

         La influencia de la palabra oída es muy fuerte, quizás todos recordemos nanas y canciones recitadas por nuestros mayores o esas historias de miedo que de niños nos contábamos unos a otros en nuestras horas de asueto. Por lo tanto, nada mejor para hacer lectores, que pescarlos  por el oído.

Si logramos interesar a nuestro auditorio con cuentos mágicos, el día en que no estemos para contárselos de nuevo, quizá tengan cerca un libro que recoja esas leyendas que tanto desean escuchar.

Se me viene a la memoria un recuerdo de la famosa  plaza de Marrakech, Jemaa el Fna, donde es frecuente encontrar corros de personas escuchando atentamente historias contadas por un narrador. Cierto día presencié durante unos minutos la gran atención con que el público seguía una historia, contada por un hombre menudo que sabía transmitir muy bien por medio de su cara, de sus manos, de todo su cuerpo, el contenido de una historia, que yo no entendí, pero que me gustó oír.

         A la hora de contar debemos sentir íntimamente el relato, saber contar lo esencial del tema, no es necesario aprender de memoria el texto,  hay que procurar no interrumpir la narración y sobre todo relatarlo de forma sencilla, lógica, dramáticamente y con entusiasmo.

         Estos mismos consejos se pueden aplicar a la lectura en voz alta. Si no queremos contar historias, podemos leerlas; el sólo hecho de que los alumnos nos vean leer, es ya una estrategia de animación a la lectura.

         La imagen, generadora de historias.

         Una imagen nos puede traer más de mil palabras. Una imagen puede ser la generadora de una historia. Al igual que una palabra, una imagen  puede recuperar muchos de nuestros recuerdos, unos asociados a otros, hasta completar un relato. Durante este proceso  nuestra mente se ve obligada a buscar otras imágenes y a asociarlas con palabras para que podamos comunicar lo que sentimos.

         Podemos ofrecer a nuestros alumnos una sola imagen, o un conjunto de ellas para que inventen un relato; pueden surgir tantos relatos diferentes como personas participen en la experiencia, aunque si el ilustrador nos ofrece unas ideas claras en sus dibujos, las historias pueden tener algunos aspectos en común.

         Otro recurso a utilizar es presentarles imágenes tridimensionales a través de libros desplegables u objetos, y a partir de ellos generar historias bien de forma individual o colectiva.

         También la imagen puede ser un complemento al texto, es decir lo ilustra y nos ayuda a comprender una historia, con lo cual asociamos la narración a unas imágenes predeterminadas, hecho que nos priva del placer de idear personajes y lugares, pero muy del gusto de los lectores más jóvenes.

         Otras veces las imágenes no son un añadido, sino que ellas conforman la historia. Los primeros libros  para formar lectores carecen de texto, están creados sólo con imágenes, lo que provoca el que cada lector las interprete de manera diferente, dando lugar a múltiples historias que potenciarán la imaginación infantil.

         Me decía Juan Madrid, en una conversación distendida que mantuvimos no hace mucho, que a él no le gustaba describir detalladamente a sus personajes, prefería dar unas pinceladas sobre ellos, para que sea cada lector o lectora el encargado de recrear esas imágenes y así hacerlos cómplices de la historia.

         ¿Cómo seleccionamos los libros?

         Cuando vayamos a recomendar un libro de lectura, lo primero y principal es que nosotros lo hayamos leído. A veces nos dejamos guiar por consejos de otros compañeros, por el representante de la editorial o por la lectura de la sinopsis del libro. Los tres procedimientos valen para conocer los libros y pueden que sean consejos acertadísimos, pero también es posible que ese libro en concreto no sea el adecuado para que lo lean nuestros alumnos, bien porque la temática tratada no sea de interés en nuestro entorno, o el momento no sea el adecuado.

         Cuando vayamos a recomendar un libro, fijémonos en su extensión, en su vocabulario, en las ilustraciones, en la complejidad de sus oraciones,... y sobre todo en los valores que pueda transmitir. Creo que es fundamental prestar atención a los temas transversales que encierra cada título, porque nos va a ayudar mucho en la formación de los ciudadanos y ciudadanas en el Humanismo del siglo XXI, en el sentido que nos indica Fernando Savater en su libro Despierta y lee (1998, pág. 72) " ... es imprescindible recuperar el aliento humanista, que lucha no sólo proteger las vidas sino por instituir las libertades, por educar en valores universales, por administrar los asuntos humanos de una manera no tribal, sino supranacional."

         El apartado de la edad no lo menciono, porque pienso que no deberían marcarse los libros por edades. Las editoriales lo hacen para facilitarnos el trabajo a profesores y a padres a la hora de elegir. Pero es muy difícil acertar, algunas veces una obra resulta complicada para los chicos a los que va destinada y en otras ocasiones sucede lo contrario. También puede ocurrir que dispongamos de un alumnado no capacitado para leer los libros marcados para su edad, pero que se niega a leer un libro recomendado para más pequeños.
        
Procuraremos seleccionar libros que cuenten una historia completa. No soy partidario de libros de lecturas compuestos por fragmentos de otros libros, salvo casos de buenas antologías, la mayoría de éstas dejan insatisfechos a los lectores.

         También debemos huir de los libros ilustrados con los personajes famosos de la última película de dibujos animados; la mayoría de ellos utilizan imágenes muy conocidas como anzuelo, que suelen ir acompañadas de un texto mal traducido, lo que crea dificultades de comprensión y por lo tanto, alejan a los lectores de la historia que hay detrás.

         ¿Se anima a escribir desde la lectura?

         Está claro que sí.  El simple hecho de leer está haciendo que nos fijemos en las palabras escritas, sin darnos cuenta ampliamos vocabulario, conocemos construcciones gramaticales nuevas, vemos maneras diferentes de dialogar, de contar un hecho,.... Una persona que lee se expresa oralmente y por escrito mejor que quien no lee nunca y puede sentir deseos de contar historias por escrito..

         Si antes de comenzar a leer un libro, jugamos a inventarnos su contenido a partir de su título estamos haciendo ejercicios de creación literaria y si le pedimos a los alumnos
 que reflejen sus opiniones por escrito, estamos animando a escribir. Luego, una vez leído, podemos analizar el final y decidir cambiarlo a nuestro gusto; si después lo anotamos en nuestro cuaderno, estamos animando a escribir.

         Por último, hay que decir que la lectura es un arma cargada de futuro, aunque muchos no se lo crean.





Bibliografía:



BETTELHEIM, Bruno y ZELAN, Karen. (1989): Aprender a leer. Barcelona. Crítica.

MUÑOZ MOLINA, Antonio. (1998): Pura alegría. Madrid. Alfaguara.

RODARI, Gianni. (1979): Gramática de la fantasía. Barcelona. Reforma de la escuela.

SARTO, M ª Montserrat. (1984): La animación a la lectura. Madrid. S.M.

SAVATER, Fernando. (1998): Despierta y lee. Barcelona. Alfaguara.








Este artículo se publicó en la revista CLIJ y se puede leer en el siguiente enlace. Febrero 2001.

http://prensahistorica.mcu.es/ca/consulta/registro.cmd?id=1007648










lunes, 18 de marzo de 2013

Entrevista a Jordi Sierra i Fabra



Lo único que soy es escritor

por José R. Cortés Criado

Jordi Sierra i Fabra es un escritor infatigable que con sus 433 libros escritos, de los cuales cuatrocientos están publicados, continua escribiendo con la pasión de un principiante, porque para él la vida es la escritura y sin ella no sería nada.

Acaba de cumplir cuarenta años como escritor, ha publicado sus memorias literarias: Mis (primeros) 400 libros-Memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra, SM; y sigue escribiendo a un ritmo trepidante. A lo largo de esta entrevista se ha mostrado tal como es: vitalista, sincero, con muchas ganas de vivir y de escribir, y de arriesgar y apostar por los jóvenes desde sus fundaciones, porque considera necesario fomentar el placer de la lectura y de la escritura y porque cree en el poder de los libros para cambiar a las personas.


Aunque hay quien dice que cuarenta años no son nada, quisiera saber qué han sido para ti.

No sólo son cuarenta publicando, sino sesenta y cinco de vida. Me parece una barbaridad, pero en el fondo han pasado como en un soplo. Sigo siendo un crío con un apetito voraz por viajar, inventar historias, escribir, hacer cosas... y de pronto eres mayor. ¿Cuándo y cómo ha transcurrido el tiempo? Escribiendo mis memorias me di cuenta de eso y resulta abrumador.

¿Qué queda del Jordi roquero?

Todo y nada. Sigo siendo el que era, de corazón y espíritu, porque eso es parte de mi aliento vital, y me sigo alimentando con un buen tema de Led Zeppelin o AC/DC, Dylan o Springsteen, pero ya no llevo el cabello largo ni visto como una estrella del rock. En la vida hay que ir quemando etapas. Igual que dejé la música para ser libre y poder viajar por Asia, África o Latinoamérica, sin ataduras, hoy asumo mi papel de simple escritor con un pasado que le marcó para siempre.

¿Qué hay de nuevo en tu literatura en comparación con tus inicios?

Eso tendrían que evaluarlo los críticos y los historiadores. Nuevo no creo que mucho. Escribo casi igual que a los 10 o 12 años, diálogos, frases cortas, capítulos vertiginosos, intensidad narrativa, buscando siempre la sorpresa, el riesgo... Es mi estilo, y uno nace y muere con él. Técnicamente sí, supongo. Siempre he tratado de aprender, evolucionar. En mis memorias hablo casi más  de los fracasos que de los éxitos, porque son los fracasos los que te ayudan a crecer y aprender. Los golpes te forjan. En 40 años cambia el mundo, pero si tú eres fiel a tus principios, lo que haces es eso: evolucionar. Escribo mejor ahora que a los 40, y ojalá a los 80 opine lo mismo de ahora. Eso significará que he crecido como humano y escritor.

¿Has cambiado mucho como persona y como escritor?

No creo. Los que me conocen dicen que sigo siendo el mismo burro de siempre (dicho en el mejor de los sentidos, el de pasarlo bien, ser optimista, soñador, reírme siempre...). No se me han subido los galones al ático, continúo hablando con la gente, escuchando a todo el que me dice algo, recibiendo a quien quiera verme en mi casa... Uno no hace una Fundación para encerrarse en una torre, sino para compartir. A las puertas de la vejez es lo que me toca y lo que me dicta mi corazón.

Acabas de publicar MIS (PRIMEROS) 400 LIBROS - MEMORIAS LITERARIAS DE JORDI SIERRA I FABRA. ¿Qué hay de relevante en sus páginas?

Es la historia de un niño que soñaba con ser escritor, desde los 8 años, y al que todo el mundo machacó. Y la historia de un joven que no se rindió, confiando ciegamente en sí mismo, y la de un adulto que, tras conseguirlo, ha tratado de ser fiel a los sueños que le empujaron, sin traicionarlos jamás. En el libro no hay chafarderías musicales, no voy de rockero, no hablo de giras ni entrevistas ni fiestas ni nada que no tenga que ver con mi vida de escritor, que es la que para mí significa algo. Ni siquiera ajusto cuentas con nadie. No vale la pena. También espero que tape la boca a más de un idiota que aún piensa que tengo a cincuenta chinos trabajando para mí desde hace 40 años —país...—. Todo lo hago solo. Siempre he trabajado solo. Amo escribir y respeto mi profesión. De niño le ponía fecha a todo, no sé por qué, y de mayor he seguido así. Tengo todas mis novelas documentadas, aparición de la idea o la motivación, dónde y cuándo preparé el guión, qué día las escribí, qué mes las publiqué... Cualquiera pueda hacer un diario tomando esas referencias que aparecen libro a libro. Ahí verán cómo ha sido mi existencia como escritor y viajero. Pero aún así, aún repasando mi vida de esta forma que parece muy densa, en el prólogo Victoria Fernández dice que se lee como una novela, y eso es lo mejor. Hasta haciendo un tocho personal se nota lo que siempre he sido: novelista.

En tus comienzo escribías novelas policiacas y la música tenía bastante presencia en tus libros, más tarde te enfrentaste a la realidad, dejaste un poco de lado la música y escribías sobre los problemas que afectan a las personas. Ahora se puede leer en tus memorias que estás en una etapa llamada “Los años de la luz”. ¿Qué quieres decir con ello?

Publiqué mi primer libro a los 25 años, la primera novela a los 28, supe que empezaba a escribir un poco bien a los 35, y el éxito masivo empezó en torno a los 40. Esto es una progresión natural, lo lógico, lo verdaderamente importante en una vida vivida paso a paso, sin alardes, sin Hollywood haciendo películas ni la Coca Cola regalando personajes tuyos en sus chapas. Y estoy feliz y orgulloso de ello, porque los cantos de sirena son constantes y amenazadores a lo largo de los años. Primero fui un “rockero que escribía”, luego un autor “juvenil que venía del rock”, después... Siempre me ha puesto etiquetas y lo único que soy es escritor, salto de un tema a otro, soy curioso. Escribo de todo y para todos. Punto. Pero sí es cierto que me adentré en la novela realista hace más de 20 años, cuando recorrí el mundo y me lo pidió el cuerpo. Eso definió mucho mi literatura. Yo llamo ahora “los años de la luz” a esta etapa que arranca con el siglo XXI porque ha sido la más feliz de mi vida, la de la realización plena, con algunas de mis mejores novelas, el reconocimiento nacional e internacional, los premios mayores y, sobre todo, sobre todo, la Fundació de Barcelona y la Fundación de Medellín. Yo creía que no se podía ser más feliz en la vida que escribiendo, hasta que en Colombia, con 100.000 niños a los que asistimos de promedio cada año, he visto algo más: el poder de un libro para cambiar a una persona, la sonrisa de un niño que lo recibe, la sensación de que estás en el lugar adecuado en el momento preciso haciendo algo que trasciende más allá del simple hecho de inventar historias. Esto es algo muy emocionante, impagable.

Actualmente, con sesenta y cinco años cumplidos, escribes y publicas con mayor asiduidad que antes, ¿Cuál es el secreto para tener esta capacidad creativa?

No hay secreto, es trabajo y placer, llevar la fábrica siempre encima, sin poder desconectarla, sentirte vivo y no perder nunca, nunca, la curiosidad. El día que dejas de ser curioso, empiezas a morirte. Pero también está el miedo a la muerte. Es una defensa. Cuanto más mayor me hago, más me gusta escribir, menos pierdo el tiempo, más ideas tengo, más vivo me siento, más feliz soy. Hace 5 años superé un cáncer “agresivo”. Al día siguiente de diagnosticármelo me levanté y me escribí 15 páginas de la novela en la que trabajaba, y al otro 16, y así todo aquel verano. Reflexioné sobre la muerte, aunque sabía que no iba a morirme. Comprendí que llegase hasta donde llegase, tenía que morir siendo lo que siempre he sido. Seré un romántico, o no, no sé, pero es mi manera de ser. A los seis meses el cáncer había desaparecido, pero yo ya pensaba en las memorias, como legado, para evitar el “ruido” que seguiría a mi muerte, las interpretaciones de mis libros, mis actos, mis gestos... Necesitaba poner orden en ese caos que representa (para los demás), haber escrito tanto. Uno también quiere dejar una carta a los hijos, los nietos, y como no sabe cuando va a morir, se muere sin hacerla. Mi carta han sido las memorias. Son muy simples, están escritas con lenguaje muy natural, y de momento ahí quedan. Si llego a los 100 años habrá una segunda parte, o a los 700 libros, pongamos por caso.

El otoño pasado ha visto la luz el primer número de la revista “La página escrita” dirigida al público juvenil. ¿Por qué la necesidad de publicarla?

Cuando cree las Fundaciones en 2004 ya diseñé la revista como herramienta de formación para futuros escritores y soporte para maestros y bibliotecarios, lo mismo que escribí mi método, con idéntico título, que publiqué en 2006. Pero en 2004 no tenía gente para tanto. En Medellín éramos tres, y en Barcelona estaba solo. Han pasado estos años y ahora tengo un equipo maravilloso, más las personas que se ofrecen a colaborar, profesionales o amateurs, como los ganadores de mi premio. En la revista nadie cobra, es artesanal, todos creen en el proyecto y entienden muy bien su función. No hay nada igual en el mundo de habla hispana. La respuesta ha sido maravillosa tanto en España como en América Latina. Un ejemplo: ¿Qué revista publica poemas y relatos en tres franjas de edad con el aval de una Fundación, siempre motivando a los jóvenes a escribir?

¿Crees que la Fundació Jordi Sierra i Fabra ha cumplido sus objetivos?

La impulsé como una necesidad vital y estamos en camino. Si la vida te ha dado un don, devuélvele a la vida un 10%. Eso es muy normal en el mundo de la música, donde las estrellas apoyan muchas causas solidarias, pero en literatura... Durante años, yendo a escuelas, me encontraba con chicos y chicas que me recordaban a mi mismo a su edad, con sueños sin aparente salida, por falta de confianza en sí mismos o, como en el caso de mi padre, porque los suyos no les dejaban escribir. Me di cuenta de que no había nada ni nadie que les apoyara, y es en la adolescencia cuando los sueños nacen y se hacen fuertes. Yo tuve perseverancia, pero ¿cuántos la tienen hoy, en que todo parece ir muy rápido? Necesitaba un marco para crear un premio literario para jóvenes, y para desarrollar ideas, programas formativos... Bueno, siempre me ha guiado el instinto. El único problema era el dinero, porque de pedir ayudas nada, todo sale de mis derechos de autor. Y no soy rico. Simplemente aporto lo que puedo. Los mayores hemos de comunicar nuestros conocimientos a los jóvenes, es ley de vida. Sería amargo morirse llevándote todo lo que sabes, egoístamente. Después de 8 años creo que las dos Fundaciones han dado más de lo que esperaba inicialmente. Y seguimos siendo modestos. La finalidad sigue siendo formar futuros escritores, pero también comunicar el placer por la lectura. Por eso fue maravilloso que en 2010 nos dieran el Premio Ibby-Asahi de promoción de la lectura, el más importante del mundo en la materia, compitiendo con proyectos de Estados Unidos, Japón, Canadá, México... También es importante que 50 escritores e ilustradores españoles hayan ido a trabajar a Medellín y todos hayan vuelto enamorados de la ciudad y de mi gente. A algunos les ha cambiado la vida. Alfredo Gómez Cerdá escribió “Barro de Medellín” gracias a su primera visita y con esa novela ganó el Premio Nacional. Eso es motivación. Y si puse en marcha dos sigue siendo por una razón simple: la de Barcelona es por mis raíces, la de Colombia para devolver sólo un poco de lo que América Latina me ha dado siempre en todos los órdenes.

Vas a inaugurar sede en Barcelona, por fin.

Sí. En Medellín tenemos dos pisos y el Banco de Colombia nos regaló un local (sin pedirlo) para impulsar la escuela de escritores e ilustradores. Allí trabajan casi 80 personas. En España en cambio... nada. Allí un euro rinde mucho. Aquí no. Hace dos años comprendí que, o ganaba un premio gordo, o nunca tendría una sede. Me presenté al Torrevieja y gané. No fue fácil, había 524 libros de 11 países. Con los 360.000 euros (bueno, lo que me dejó Hacienda) me compré un local en el barrio de Sants de Barcelona. Lo inauguraremos en el primer trimestre de 2013. Las obras también han sido muy, muy costosas. Será biblioteca, centro de estudios, espacio multimedia, habrá una sala para charlas y por supuesto albergará una exposición con mis originales, guiones, libros de infancia, dibujos, mis viejas máquinas de escribir, las mesas en las que trabajé, premios, recuerdos... Mi manía de guardarlo todo.

¿Por qué ese empeño en que los jóvenes escriban? ¿Hay futuro?

Porque creo en ello. Y sí, hay mucho futuro. Les mata la impaciencia, querer comerse el mundo antes de hora, así que lo esencial es también prepararles para esa larga espera. Hace poco una chica de 15 años me escribió diciendo que “iba a dejarlo, desanimada, porque tres editoriales le habían devuelto su primer libro”. Le pegué una bronca... Le dije que tenía que escribir diez libros, a uno por año, probablemente sin dárselos a leer a nadie —esa manía de colgarlo todo en Internet buscando que te digan lo bien que lo haces...—, para poder publicar, con suerte, a los 25. Es muy difícil que entiendan eso. Todo es prisa, hacerse famoso a la primera a lo Gran Hermano. ¿Formarse? ¿Prepararse? ¡Nada! Y no, eso no es ser escritor. Escribir uno, dos o diez libros no es ser escritor. Ser escritor es algo más. El arte no se mide por el dinero que ganas o el éxito que tienes, sino por lo que sientes al hacerlo. Esa es tu recompensa. Pero claro, a los 15 años no piensas que tienes toda la vida para escribir, hasta que te mueras, que eso no es jubilable, y que por lo tanto hay tiempo. Por esta razón llamo por teléfono a los 30 primeros de mi premio, para que entiendan eso, y escribo una carta a todos, animándoles a seguir. Vivimos en un mundo de locos y alguien ha de poner un poco de cordura, que es lo más difícil.

Este año se ha fallado el VII Premio Jordi Sierra i Fabra para jóvenes, que ya se ha consolidado como un premio esencial en el panorama literario y no sólo juvenil. ¿Era necesario un premio así?

Para el VII premio llegaron 92 libros. Para el VIII, que se falla en febrero, hemos recibido 111. ¿Hay que preguntar el por qué de un premio así? Las cifras lo dicen todo. Este verano de 2012 han sido 111 chicos y chicas que se han puesto a escribir una novela, en muchos casos la primera, y sólo porque tenían un lugar al que mandarla. Si no se les dan a los jóvenes oportunidades, luego no nos quejemos. El chico que ganó el primero, Arturo Padilla, ya va por la cuarta novela editada. La chica que ganó al año siguiente, Jara Santamaría, es periodista en Madrid... Y colaboran en la revista La Página Escrita. No todos los 111 de este año o los 92 del pasado serán escritores, pero el simple hecho de atreverse con una novela es un premio, el placer de escribir es único. Toda forma de arte, desde saber tocar un instrumento, pintar o escribir, es un regalo que nos hará mejores personas. Hay países de Europa donde un 4% de los jóvenes estudian música. Aquí son un 0,4%, y encima se quitan horas en las escuelas porque “eso no sirve para nada”. Así nos va. Si no cultivamos el espíritu... ¿qué, todos materialistas? Por eso ayudo a los jóvenes y los aliento a escribir, porque ni siquiera hay escuelas de formación (a no ser pagando cursos muy caros en plan privado).

Acabas de recibir el Premio Cervantes Chico, es tu premio número treinta y uno. ¿Por ser “chico” es de menor importancia que los anteriores?

Cuando te dan un premio por votación de cientos de estudiantes, más de 4.000 en este caso de Alcalá de Henares, no puede hablarse de premio menor. De los 31 ganados hasta hoy (octubre de 2012), hay varios concedidos a una obra o una carrera, sin concurso previo, y son maravillosos. No hay más interés que premiar una labor.

En el año 2009, el IES María Zambrano de Torre del Mar, Málaga, “bautiza” su biblioteca con el nombre de Jordi Sierra i Fabra. ¿Qué supuso esta distinción?

Cuando te mueres le ponen tu nombre a una biblioteca o a un colegio. Genial. Pero a ti ya ¿qué más te da? Que en vida a alguien se le ocurra algo así es mágico. Para mí fue un regalo. De todas formas hay lugares de España donde, por la razón que sea, tienes una relación especial, y Málaga es uno de ellos. Allí presenté una de mis primeras novelas en 1977, “Campos de fresas” lleva una década siendo el libro más pedido en bibliotecas de la provincia, yo llevo años siendo el autor más solicitado en ellas, ¡por encima de Lorca y Unamuno!... Lo mismo sucede en Extremadura, Asturias, Catalunya y más sitios, pero cuando todo coincide en un mismo lugar es fantástico. En Málaga también hiciste tú mismo la primera tesis doctoral sobre mi obra, que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado en la universidad. Nada es casual.

Y eres el 8º autor más leído en escuelas de España.

Eso es un “sambenito” de los que te caen encima y ya no los sueltas. El día que te dicen: “¿Sabes que eres el autor español vivo con más obra publicada?” te echas a temblar, porque desde ese momento te van a colgar esa etiqueta. Sucedió lo mismo hace diez años con lo de los autores más leídos. Los primeros eran Bécquer, Lorca, Galdós, Baroja... ¡todos muertos! Vivos estábamos Delibes, García Márquez y yo. García Márquez era el 7, yo el 8 y Camilo José Cela el 9. Fue un honor, pero eso es de 2002. Han pasado 10 años y allá donde voy me sueltan lo mismo. Hoy puedo ser el 27, o el 5, pero como no se ha hecho otra encuesta, soy y seré para la eternidad “el 8º autor más leído en escuelas”.

Volviendo al presente. ¿Qué sientes al saber que se han vendido más de diez millones de libros escritos por ti?

Hablamos de España, así que es una cifra abrumadora, casi alucinante, aunque haya sido en 40 años. Luego te dicen que J.K.Rowling vende eso mismo en una semana cuando saca un Harry Potter, y te pones a reír. Sea como sea pienso que es increíble, sobre todo porque cada cinco años el público joven se renueva, y los nuevos siguen leyendo mis libros, y algunos llevan 20 o 25 años siendo best sellers o libros de referencia. Una pasada. Pero en el fondo sigo siendo anónimo, debo ser el más famoso de los autores desconocidos de España o el más desconocido de los autores famosos. No soy de salir en la tele ni montar paripés ni ir a lugares para que me vean. Me gusta la discreción. No soportaría tener a un paparazzi pegado al culo o fotografiándome en taparrabos en una isla a las que suelo ir para preparar guiones. Lo importante es tener los pies en el suelo y saber cuál es tu papel en la vida.

¿Qué nos depara el futuro a los seguidores de Jordi Sierra i Fabra?

Trabajo, ilusión, más novelas, más historias, más amor, sinceridad, el mismo alud creativo mientras el cuerpo aguante y pasando de todo... Es lo que puedo dar. Como suelo decir, ya descansaré cuando me muera.



José R. Cortés Criado, es especialista en LIJ y Profesor de Enseñanza Secundaria en el IES María Zambrano, de Torre del Mar, Málaga, España. Su tesis doctoral: El compromiso social en la obra de Jordi Sierra i Fabra 1983-2003 se puede leer en este enlace:



 Esta entrevista ha sido publicada en el número 251 de la revista CLIJ. (enero-febrero 2013)