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viernes, 28 de febrero de 2014

Llama de amor viva. Poesía ascética y mística española.

Llama de amor viva.
Poesía ascética y mística española.

Selección de Jorge de Arco.


Colección Adarga.

Cartoné, 144 pp.







Por José R. Cortés Criado.


La editorial Edelvives vuelve a apostar por acercar la poesía a los jóvenes lectores con una nueva antología a cargo de Jorge de Arco, que ha elegido con sabiduría los poemas que la componen. Se trata de una antología de versos ascéticos y místicos de Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz, a los que se añade los de Sor Juana Inés de la Cruz. Esta última, aunque nació un siglo después de sus predecesores y es natural del virreinato de Nueva España, siempre se ha considerado cercana en obra y fe a los místicos españoles.

El libro lo componen cuarenta y ocho poemas, algunos son fragmentos, entre los que reconoceremos algunos de los más conocidos de los cuatro autores: Muero porque no muero, de Santa Teresa; Vida retirada de Fray Luis de León, Noche oscura de San Juan de la Cruz y Oración para edificación del que leyere de Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros.

Como sabemos, la mística es una parte de la teología que se ocupa de la vida espiritual y contemplativa por medio de la cual el alma humana se une con Dios; como es muy difícil expresar con palabras esa relación, los autores citados recurrieron a una forma de comunicación verbal de gran belleza, que a veces necesitó alguna explicación para ser entendida.

Estos poetas, personas de honda cultura literaria, grandes conocedores de la simbología bíblica, de la literatura clásica grecolatina, de la lírica popular, de los cancioneros renacentistas y de los modelos italianizantes de la época, nos legaron versos de una belleza inigualable y de una gran carga espiritual.

Santa Teresa de Jesús es considerada la mayor representante de la mística española. Junto a su labor de escritora hay que resaltar su afán por extender su fervor religioso por medio de la orden que fundó y los conventos que fue creando a lo largo de su vida. La necesidad de encontrar a Dios y conseguir una comunión divina con él la llevaron a escribir unas manifestaciones líricas breves e intensas.

Fray Luis de León también dejó un reducido número de versos líricos en los que se mezclan los metros tradicionales españoles y los nuevos modelos renacentistas, poemas que sus contemporáneos no consideraban adecuados para un religioso y gran conocedor de la teología como fue él.

San Juan de la Cruz escribe con gran sentimiento religioso, uniendo belleza y simbología, para comunicarnos su experiencia mística con una poesía original e intensa con llamativas metáforas.

Sor Juana Inés de la Cruz se ordenó monja con dieciséis años para poder dedicarse a la literatura, pues le tocó vivir en una sociedad en la que no estaba bien visto que la mujer manifestase sus sentimientos mediante versos. Ella intenta acercarse a Dios con la inteligencia y la ciencia, con una poesía personal, alejada de los gustos barrocos, y de corte racional.

Se trata de una buena antología de la poesía religiosa de nuestro Siglo de Oro.


miércoles, 31 de julio de 2013

El soldado y la niña




El soldado y la niña

Jordi Sierra i Fabra

Mabel Piérola

Editorial Destino

64 págs. 
ISBN 9788408049159





Por José R. Cortés Criado

Un soldado ve la bala que va a matarlo, espera la muerte, se le aparece en forma de niña con un ramo de flores, y le enseña el campo de batalla, donde ve al soldado que le disparó llorando por haberlo hecho, y los cuerpos de otros soldados enemigos que murieron porque él les arrojó una granada; lo lleva al puesto de mando, donde descubre que los señores que dirigen la guerra hablan de la inutilidad del combate y del tanto por ciento de bajas humanas que habrá en el mismo, después visita a los políticos, que tranquilamente deciden los límites fronterizos de los dos países en guerra y por último a los banqueros que hacen sus cuentas sobre los beneficios que obtendrán con la guerra y la posterior reconstrucción de los países.
La muerte le dice que lo han engañado.
El joven soldado se salva porque en el último instante salta y la bala rebota en una hebilla, al final muere con 92 años tras dedicar su vida a la paz.
Este libro es el mejor alegato que se puede hacer a las guerras, a las inútiles guerras, todas esas guerras que para lo único que sirven es para acabar con la vida de miles de personas, destruir pueblos enteros, reunir en una mesa a los políticos y generales enfrentados, enriquecer a los fabricantes de armas y arruinar la vida a las personas sencillas.
Las ilustraciones de Mabel Piérola son un magnífico complemento al texto, en ellas priman los colores grises que refuerzan la tristeza del tema junto a los colores tierra y sobre ellos destaca el rojo intenso que acompaña el recorrido de la bala a lo largo de las páginas.

Aunque se publicó hace diez años, no ha perdido frescura ni interés. Seguro que gusta a todos los públicos, a los neo lectores por sus ilustraciones, a los pequeños por su estilo narrativo y a los adultos por su contenido.