domingo, 10 de noviembre de 2013

El silbo del dale



El silbo del dale

Miguel Hernández y

Juan Nieto.

Edelvives

Colección Adarga

Cartoné 155x220
128 págs.

ISBN 9788426371249

Por José R. Cortés Criado.

Con esta edición la editorial Edelvives se sumó a la conmemoración del centenario del poeta alicantino, y creo que con bastante acierto.

En conjunto es una buena selección de versos destinada a los adolescentes y jóvenes lectores; a través de ellos se puede conocer el conjunto de la obra de Miguel Hernández, ya que aparecen poemas de sus distintas etapas vitales y por tanto, etapas creativas.

Juan Nieto Marín nos presenta esta antología dividida en tres partes. En la primera se recogen poemas de las obras de Miguel Hernández Perito en lunas y El rayo que no cesa. De su primer libro destacan los versos dedicados al paisaje levantino, al ambiente familiar y al trabajo de pastor.

El primer poema que el lector lee son dos versos pareados donde refleja el anhelo de cualquier vate: “Que como el sol sea mi verso / más grande y dulce cuanto más viejo.”

Además, destaca el poema que da título a esta antología, en él, Hernández manifiesta sus deseos de perfección.

Del segundo libro destaca el tema amoroso, las dudas existenciales y religiosas, pero sobre todo la Elegía dedicada a su amigo Ramón Sijé, “a quien tanto quería”. Sólo por esta maravillosa pieza merece la pena leer el libro.

La segunda parte refleja el compromiso político del poeta, reflejando sus ideales en versos combativos del militante de izquierdas que defiende un mundo mejor para todos, y en otros, que reflejan su dolor ante las injusticias sociales. Se recogen poemas de Viento del pueblo y de El hombre acecha.

El primero de estos libros citados recoge una poesía optimista que refleja los deseos del poeta que coinciden con una población en lucha por unos ideales. El segundo nos muestra los desastrosos efectos de la guerra lejos de cualquier entusiasmo.

La selección poética de esta segunda parte nos trae, a los que tenemos cierta edad, los ecos musicales de Joan Manuel Serrat, pues entre estos versos leemos: “Vientos del pueblo me llevan, El niño yuntero, Canción última, Aceituneros”.

La última parte es la mejor poesía, la más madura, la más reflexiva, su última producción, cargada de sabiduría, sencillez y grandeza propia de los grandes poetas. Los poemas han sido seleccionados de Cancionero y romancero de ausencias. Se puede leer las conocidas: “Llegó con tres heridas, No te asomes, Menos tu vientre, Tristes guerras, Nanas de la cebolla...”

Para cerrar este comentario citaré al poeta:
Querer, querer, querer,
ésa fue mi corona
ésa es.

Este volumen contiene unas sencillas ilustraciones cargadas de simbolismo, obra de Paula Alenda, que embellecen el conjunto de poemas seleccionados.

Miguel Hernández Gilabert, epígono de la Generación del 27, nació poeta, como reconoce cuando le escribe a su amigo Ramón Sijé: “¿Por qué me pusieron un alma de poeta? ¿Por qué no fui como todos los pastores, mazorral ignorante…?

Nacido en Orihuela (Alicante) en el año 1910, dedicó sus primeros años a cuidar del ganado familiar, hasta que sintió deseos de viajar a la capital de España para conocer de cerca los movimientos culturales de la época, así conoce a Alberti, Cernuda, Aleixandre…, de los que aprende y a los que sorprende con sus versos.

La guerra civil truncó su futuro -como el de tantos españoles-, y perdida la contienda fue encarcelado, en 1942 falleció debido a una tuberculosis pulmonar que contrajo en prisión.


¡Larga vida a los poemas de Miguel Hernández!

No hay comentarios:

Publicar un comentario