La fuga de los personajes I
Actividad para celebrar el Día Internacional del Libro
Por José R. Cortés Criado.
Actividad para celebrar el Día Internacional del Libro
Por José R. Cortés Criado.
Objetivos:
Recuperar los cuentos populares
Animar a leer
Desarrollar la imaginación.
Participantes: Maestros y alumnado.
Lugar: El colegio, especialmente sus aulas y la biblioteca.
Materiales: Los imprescindibles para caracterizase cada personaje.
Tiempo: Mínimo una hora si los personajes saben comunicarse con los pequeños, si no cuando decaiga el interés de los participantes.
Desarrollo:
Esta actividad la llevé a cabo por primera vez hace más de veinticinco años en el CEIP Vicente Aleixandre de Torre del Mar, Málaga, España, cuando era maestro de ese claustro.
La idea me surgió para difundir los cuantos clásicos de la biblioteca del
centro y animar a los pequeños lectores a leer, porque hubo una época en la que
se puso de moda leer a los nuevos escritores de LIJ y los cuentos populares
podían caer en el olvido salvo que la factoría norteamericana del cine
decidiese ofrecer su versión a los pequeños ávidos de dibujitos animados.
Para ello recurrí al alumnado de octavo de la extinta EGB, chicos y chicas de
catorce años, sin su ayuda la experiencia nunca la hubiese llevado a cabo. Lo
primero que hice fue exponerles la idea y pedir voluntarios para
ejecutarla.
Se trataba de formar un grupo de alumnos dispuestos a caracterizarse de algún
personaje de los cuentos populares, no consistía en disfrazarse como si fuese
un carnaval, solo se les pedía que llevasen algo que les identificase con el
personaje elegido, porque de lo que se trataba era de desarrollar la
imaginación de los alumnos menores.
El día que se llevó a cabo la experiencia, 23 de abril, vimos tres alumnos con
unos hocicos y unos rabitos de cerdos recortados en cartulina anaranjada, otra
con una capa con capucha roja, otra con un pijama y su peluche para dormir,
otro con dos enormes botas de agua y unos bigotes pintados en su cara, otros
con caretas confeccionadas por ellos de cabritillos, otras de sirena con
piernas y cola llena de escamas de papel plateado, otro de príncipe con una
corona dorada y otros de lobos, ogros y demás. La más sofisticada fue una
alumna que acudió con un traje de novia y un cucurucho blanco con velo incluido
sobre su cabeza y una varita en la mano, el hada madrina tuvo un gran éxito.
Una vez que los personajes estaban elegidos, cada uno elaboró su propio
discurso, que podría variar según el nivel del alumnado que visitasen, la idea
era común: conseguir que los niños identificasen su personaje, si no lo
hiciesen a primera vista debían darles pistas como decirle que viven en el
bosque, trabajan en una mina, se pasa el día durmiendo, es la madre de..., el
cazador de...
Después había que hablar de la visita a la biblioteca, de su valor como centro
difusor de cultura en el colegio y de la vida que en ella se desarrolla
diariamente, para pasar a contarles que estaban aburridos en las estanterías
porque ningún niño ni ninguna niña iban a visitarlos.
Además podían añadir que estaban apretujados en el libro, que querían salir y
pasear, que les encantaba ver las caras de los lectores, que debían prometerles
que en el recreo acudirán a la biblioteca para saludarlos y, por último, le
pedían ayuda para que las bibliotecarias no los encerrasen de nuevo en los
libros.
También se eligieron dos bibliotecarias, fueron dos alumnas las que quisieron
ese papel. Ese día se presentaron vestidas con traje chaqueta, gafas, carpeta y
bolígrafo en mano.
Su papel era simple. Debían entrar en las clases muy azoradas preguntando si
habían visto a algún personaje de los cuentos populares y pedirle su ayuda para
devolverlos a sus respectivos libros. También añadían que su trabajo peligraba
porque sin personajes no hay libros y sin libros no hay bibliotecas.
Las bibliotecarias iban acompañadas de los cazapersonajes, ataviados con una
enorme caja forrada de papel plateado a sus espaldas con una manguera que
llevaban en la mano para absorber a la huidos.
Esa mezcla de personajes fugados, bibliotecarias apesadumbradas y
cazapersonajes con ganas de llevar a cabo su trabajo fue un detonante para
tener un día de fiesta en el colegio alrededor de los libros.
Aún recuerdo la felicidad de los niños, especialmente los más pequeños, que
rápidamente aceptaron a los niños-personajes como auténticos y se sintieron
solidarios con los fugados, intentando ocultarlos ante las bibliotecarias,
abriéndoles las puertas para que se fugasen, anteponiéndose a los
cazapersonajes y, sobre todo, participando en la actividad, hablando con los
personajes sobre su historia y sintiéndose partes de la trama.
Poco a poco los personajes fueron desapareciendo de las aulas y empezaron a
normalizarse las clases. Al final las bibliotecarias agradecieron a todos su
ayuda para recomponer los libros y animaron al alumnado a acudir a la
biblioteca.
Para los niños fue un día mágico, se alteró el desarrollo diario de las tareas
escolares. Los pequeños se sintieron cercanos a los personajes de los cuentos
tradicionales y los mayores se sintieron parte del mundo adulto para fomentar
la lectura.
Para mí fue una experiencia muy positiva, la llevé a cabo otras veces pasados
algunos años, creo que si se llevase a cabo anualmente terminaría cayendo en la
monotonía y perdería la chispa mágica que tienen las sorpresas.
Recuerdo ahora que desde su inicio hubo más de una persona que estuvo preocupada por el
ruido y el orden en los pasillos, esa fue su principal preocupación y después
de más una hora con la actividad hubo quien me pidió que fuese
acabando porque no se podía aguantar tanto jaleo, pero a pesar de ruido y del
movimiento de niños creo que mereció la pena vivir esa experiencia.
Desde aquí animo a todo maestro y a toda maestra a celebrar el día del libro
con alguna actividad festiva que no se limite a leer textos, redactar escritos
o dibujar un libro y que fomente la imaginación de todos, grandes y pequeños,
para que por un momento seamos felices con las historias que manan de los
libros.
PD: De aquella experiencia escribí
algunos relatos, unos recordando qué sucedió y otros recreando lo que me
hubiese gustado que sucediese.
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