lunes, 18 de marzo de 2013

Entrevista a Jordi Sierra i Fabra



Lo único que soy es escritor

por José R. Cortés Criado

Jordi Sierra i Fabra es un escritor infatigable que con sus 433 libros escritos, de los cuales cuatrocientos están publicados, continua escribiendo con la pasión de un principiante, porque para él la vida es la escritura y sin ella no sería nada.

Acaba de cumplir cuarenta años como escritor, ha publicado sus memorias literarias: Mis (primeros) 400 libros-Memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra, SM; y sigue escribiendo a un ritmo trepidante. A lo largo de esta entrevista se ha mostrado tal como es: vitalista, sincero, con muchas ganas de vivir y de escribir, y de arriesgar y apostar por los jóvenes desde sus fundaciones, porque considera necesario fomentar el placer de la lectura y de la escritura y porque cree en el poder de los libros para cambiar a las personas.


Aunque hay quien dice que cuarenta años no son nada, quisiera saber qué han sido para ti.

No sólo son cuarenta publicando, sino sesenta y cinco de vida. Me parece una barbaridad, pero en el fondo han pasado como en un soplo. Sigo siendo un crío con un apetito voraz por viajar, inventar historias, escribir, hacer cosas... y de pronto eres mayor. ¿Cuándo y cómo ha transcurrido el tiempo? Escribiendo mis memorias me di cuenta de eso y resulta abrumador.

¿Qué queda del Jordi roquero?

Todo y nada. Sigo siendo el que era, de corazón y espíritu, porque eso es parte de mi aliento vital, y me sigo alimentando con un buen tema de Led Zeppelin o AC/DC, Dylan o Springsteen, pero ya no llevo el cabello largo ni visto como una estrella del rock. En la vida hay que ir quemando etapas. Igual que dejé la música para ser libre y poder viajar por Asia, África o Latinoamérica, sin ataduras, hoy asumo mi papel de simple escritor con un pasado que le marcó para siempre.

¿Qué hay de nuevo en tu literatura en comparación con tus inicios?

Eso tendrían que evaluarlo los críticos y los historiadores. Nuevo no creo que mucho. Escribo casi igual que a los 10 o 12 años, diálogos, frases cortas, capítulos vertiginosos, intensidad narrativa, buscando siempre la sorpresa, el riesgo... Es mi estilo, y uno nace y muere con él. Técnicamente sí, supongo. Siempre he tratado de aprender, evolucionar. En mis memorias hablo casi más  de los fracasos que de los éxitos, porque son los fracasos los que te ayudan a crecer y aprender. Los golpes te forjan. En 40 años cambia el mundo, pero si tú eres fiel a tus principios, lo que haces es eso: evolucionar. Escribo mejor ahora que a los 40, y ojalá a los 80 opine lo mismo de ahora. Eso significará que he crecido como humano y escritor.

¿Has cambiado mucho como persona y como escritor?

No creo. Los que me conocen dicen que sigo siendo el mismo burro de siempre (dicho en el mejor de los sentidos, el de pasarlo bien, ser optimista, soñador, reírme siempre...). No se me han subido los galones al ático, continúo hablando con la gente, escuchando a todo el que me dice algo, recibiendo a quien quiera verme en mi casa... Uno no hace una Fundación para encerrarse en una torre, sino para compartir. A las puertas de la vejez es lo que me toca y lo que me dicta mi corazón.

Acabas de publicar MIS (PRIMEROS) 400 LIBROS - MEMORIAS LITERARIAS DE JORDI SIERRA I FABRA. ¿Qué hay de relevante en sus páginas?

Es la historia de un niño que soñaba con ser escritor, desde los 8 años, y al que todo el mundo machacó. Y la historia de un joven que no se rindió, confiando ciegamente en sí mismo, y la de un adulto que, tras conseguirlo, ha tratado de ser fiel a los sueños que le empujaron, sin traicionarlos jamás. En el libro no hay chafarderías musicales, no voy de rockero, no hablo de giras ni entrevistas ni fiestas ni nada que no tenga que ver con mi vida de escritor, que es la que para mí significa algo. Ni siquiera ajusto cuentas con nadie. No vale la pena. También espero que tape la boca a más de un idiota que aún piensa que tengo a cincuenta chinos trabajando para mí desde hace 40 años —país...—. Todo lo hago solo. Siempre he trabajado solo. Amo escribir y respeto mi profesión. De niño le ponía fecha a todo, no sé por qué, y de mayor he seguido así. Tengo todas mis novelas documentadas, aparición de la idea o la motivación, dónde y cuándo preparé el guión, qué día las escribí, qué mes las publiqué... Cualquiera pueda hacer un diario tomando esas referencias que aparecen libro a libro. Ahí verán cómo ha sido mi existencia como escritor y viajero. Pero aún así, aún repasando mi vida de esta forma que parece muy densa, en el prólogo Victoria Fernández dice que se lee como una novela, y eso es lo mejor. Hasta haciendo un tocho personal se nota lo que siempre he sido: novelista.

En tus comienzo escribías novelas policiacas y la música tenía bastante presencia en tus libros, más tarde te enfrentaste a la realidad, dejaste un poco de lado la música y escribías sobre los problemas que afectan a las personas. Ahora se puede leer en tus memorias que estás en una etapa llamada “Los años de la luz”. ¿Qué quieres decir con ello?

Publiqué mi primer libro a los 25 años, la primera novela a los 28, supe que empezaba a escribir un poco bien a los 35, y el éxito masivo empezó en torno a los 40. Esto es una progresión natural, lo lógico, lo verdaderamente importante en una vida vivida paso a paso, sin alardes, sin Hollywood haciendo películas ni la Coca Cola regalando personajes tuyos en sus chapas. Y estoy feliz y orgulloso de ello, porque los cantos de sirena son constantes y amenazadores a lo largo de los años. Primero fui un “rockero que escribía”, luego un autor “juvenil que venía del rock”, después... Siempre me ha puesto etiquetas y lo único que soy es escritor, salto de un tema a otro, soy curioso. Escribo de todo y para todos. Punto. Pero sí es cierto que me adentré en la novela realista hace más de 20 años, cuando recorrí el mundo y me lo pidió el cuerpo. Eso definió mucho mi literatura. Yo llamo ahora “los años de la luz” a esta etapa que arranca con el siglo XXI porque ha sido la más feliz de mi vida, la de la realización plena, con algunas de mis mejores novelas, el reconocimiento nacional e internacional, los premios mayores y, sobre todo, sobre todo, la Fundació de Barcelona y la Fundación de Medellín. Yo creía que no se podía ser más feliz en la vida que escribiendo, hasta que en Colombia, con 100.000 niños a los que asistimos de promedio cada año, he visto algo más: el poder de un libro para cambiar a una persona, la sonrisa de un niño que lo recibe, la sensación de que estás en el lugar adecuado en el momento preciso haciendo algo que trasciende más allá del simple hecho de inventar historias. Esto es algo muy emocionante, impagable.

Actualmente, con sesenta y cinco años cumplidos, escribes y publicas con mayor asiduidad que antes, ¿Cuál es el secreto para tener esta capacidad creativa?

No hay secreto, es trabajo y placer, llevar la fábrica siempre encima, sin poder desconectarla, sentirte vivo y no perder nunca, nunca, la curiosidad. El día que dejas de ser curioso, empiezas a morirte. Pero también está el miedo a la muerte. Es una defensa. Cuanto más mayor me hago, más me gusta escribir, menos pierdo el tiempo, más ideas tengo, más vivo me siento, más feliz soy. Hace 5 años superé un cáncer “agresivo”. Al día siguiente de diagnosticármelo me levanté y me escribí 15 páginas de la novela en la que trabajaba, y al otro 16, y así todo aquel verano. Reflexioné sobre la muerte, aunque sabía que no iba a morirme. Comprendí que llegase hasta donde llegase, tenía que morir siendo lo que siempre he sido. Seré un romántico, o no, no sé, pero es mi manera de ser. A los seis meses el cáncer había desaparecido, pero yo ya pensaba en las memorias, como legado, para evitar el “ruido” que seguiría a mi muerte, las interpretaciones de mis libros, mis actos, mis gestos... Necesitaba poner orden en ese caos que representa (para los demás), haber escrito tanto. Uno también quiere dejar una carta a los hijos, los nietos, y como no sabe cuando va a morir, se muere sin hacerla. Mi carta han sido las memorias. Son muy simples, están escritas con lenguaje muy natural, y de momento ahí quedan. Si llego a los 100 años habrá una segunda parte, o a los 700 libros, pongamos por caso.

El otoño pasado ha visto la luz el primer número de la revista “La página escrita” dirigida al público juvenil. ¿Por qué la necesidad de publicarla?

Cuando cree las Fundaciones en 2004 ya diseñé la revista como herramienta de formación para futuros escritores y soporte para maestros y bibliotecarios, lo mismo que escribí mi método, con idéntico título, que publiqué en 2006. Pero en 2004 no tenía gente para tanto. En Medellín éramos tres, y en Barcelona estaba solo. Han pasado estos años y ahora tengo un equipo maravilloso, más las personas que se ofrecen a colaborar, profesionales o amateurs, como los ganadores de mi premio. En la revista nadie cobra, es artesanal, todos creen en el proyecto y entienden muy bien su función. No hay nada igual en el mundo de habla hispana. La respuesta ha sido maravillosa tanto en España como en América Latina. Un ejemplo: ¿Qué revista publica poemas y relatos en tres franjas de edad con el aval de una Fundación, siempre motivando a los jóvenes a escribir?

¿Crees que la Fundació Jordi Sierra i Fabra ha cumplido sus objetivos?

La impulsé como una necesidad vital y estamos en camino. Si la vida te ha dado un don, devuélvele a la vida un 10%. Eso es muy normal en el mundo de la música, donde las estrellas apoyan muchas causas solidarias, pero en literatura... Durante años, yendo a escuelas, me encontraba con chicos y chicas que me recordaban a mi mismo a su edad, con sueños sin aparente salida, por falta de confianza en sí mismos o, como en el caso de mi padre, porque los suyos no les dejaban escribir. Me di cuenta de que no había nada ni nadie que les apoyara, y es en la adolescencia cuando los sueños nacen y se hacen fuertes. Yo tuve perseverancia, pero ¿cuántos la tienen hoy, en que todo parece ir muy rápido? Necesitaba un marco para crear un premio literario para jóvenes, y para desarrollar ideas, programas formativos... Bueno, siempre me ha guiado el instinto. El único problema era el dinero, porque de pedir ayudas nada, todo sale de mis derechos de autor. Y no soy rico. Simplemente aporto lo que puedo. Los mayores hemos de comunicar nuestros conocimientos a los jóvenes, es ley de vida. Sería amargo morirse llevándote todo lo que sabes, egoístamente. Después de 8 años creo que las dos Fundaciones han dado más de lo que esperaba inicialmente. Y seguimos siendo modestos. La finalidad sigue siendo formar futuros escritores, pero también comunicar el placer por la lectura. Por eso fue maravilloso que en 2010 nos dieran el Premio Ibby-Asahi de promoción de la lectura, el más importante del mundo en la materia, compitiendo con proyectos de Estados Unidos, Japón, Canadá, México... También es importante que 50 escritores e ilustradores españoles hayan ido a trabajar a Medellín y todos hayan vuelto enamorados de la ciudad y de mi gente. A algunos les ha cambiado la vida. Alfredo Gómez Cerdá escribió “Barro de Medellín” gracias a su primera visita y con esa novela ganó el Premio Nacional. Eso es motivación. Y si puse en marcha dos sigue siendo por una razón simple: la de Barcelona es por mis raíces, la de Colombia para devolver sólo un poco de lo que América Latina me ha dado siempre en todos los órdenes.

Vas a inaugurar sede en Barcelona, por fin.

Sí. En Medellín tenemos dos pisos y el Banco de Colombia nos regaló un local (sin pedirlo) para impulsar la escuela de escritores e ilustradores. Allí trabajan casi 80 personas. En España en cambio... nada. Allí un euro rinde mucho. Aquí no. Hace dos años comprendí que, o ganaba un premio gordo, o nunca tendría una sede. Me presenté al Torrevieja y gané. No fue fácil, había 524 libros de 11 países. Con los 360.000 euros (bueno, lo que me dejó Hacienda) me compré un local en el barrio de Sants de Barcelona. Lo inauguraremos en el primer trimestre de 2013. Las obras también han sido muy, muy costosas. Será biblioteca, centro de estudios, espacio multimedia, habrá una sala para charlas y por supuesto albergará una exposición con mis originales, guiones, libros de infancia, dibujos, mis viejas máquinas de escribir, las mesas en las que trabajé, premios, recuerdos... Mi manía de guardarlo todo.

¿Por qué ese empeño en que los jóvenes escriban? ¿Hay futuro?

Porque creo en ello. Y sí, hay mucho futuro. Les mata la impaciencia, querer comerse el mundo antes de hora, así que lo esencial es también prepararles para esa larga espera. Hace poco una chica de 15 años me escribió diciendo que “iba a dejarlo, desanimada, porque tres editoriales le habían devuelto su primer libro”. Le pegué una bronca... Le dije que tenía que escribir diez libros, a uno por año, probablemente sin dárselos a leer a nadie —esa manía de colgarlo todo en Internet buscando que te digan lo bien que lo haces...—, para poder publicar, con suerte, a los 25. Es muy difícil que entiendan eso. Todo es prisa, hacerse famoso a la primera a lo Gran Hermano. ¿Formarse? ¿Prepararse? ¡Nada! Y no, eso no es ser escritor. Escribir uno, dos o diez libros no es ser escritor. Ser escritor es algo más. El arte no se mide por el dinero que ganas o el éxito que tienes, sino por lo que sientes al hacerlo. Esa es tu recompensa. Pero claro, a los 15 años no piensas que tienes toda la vida para escribir, hasta que te mueras, que eso no es jubilable, y que por lo tanto hay tiempo. Por esta razón llamo por teléfono a los 30 primeros de mi premio, para que entiendan eso, y escribo una carta a todos, animándoles a seguir. Vivimos en un mundo de locos y alguien ha de poner un poco de cordura, que es lo más difícil.

Este año se ha fallado el VII Premio Jordi Sierra i Fabra para jóvenes, que ya se ha consolidado como un premio esencial en el panorama literario y no sólo juvenil. ¿Era necesario un premio así?

Para el VII premio llegaron 92 libros. Para el VIII, que se falla en febrero, hemos recibido 111. ¿Hay que preguntar el por qué de un premio así? Las cifras lo dicen todo. Este verano de 2012 han sido 111 chicos y chicas que se han puesto a escribir una novela, en muchos casos la primera, y sólo porque tenían un lugar al que mandarla. Si no se les dan a los jóvenes oportunidades, luego no nos quejemos. El chico que ganó el primero, Arturo Padilla, ya va por la cuarta novela editada. La chica que ganó al año siguiente, Jara Santamaría, es periodista en Madrid... Y colaboran en la revista La Página Escrita. No todos los 111 de este año o los 92 del pasado serán escritores, pero el simple hecho de atreverse con una novela es un premio, el placer de escribir es único. Toda forma de arte, desde saber tocar un instrumento, pintar o escribir, es un regalo que nos hará mejores personas. Hay países de Europa donde un 4% de los jóvenes estudian música. Aquí son un 0,4%, y encima se quitan horas en las escuelas porque “eso no sirve para nada”. Así nos va. Si no cultivamos el espíritu... ¿qué, todos materialistas? Por eso ayudo a los jóvenes y los aliento a escribir, porque ni siquiera hay escuelas de formación (a no ser pagando cursos muy caros en plan privado).

Acabas de recibir el Premio Cervantes Chico, es tu premio número treinta y uno. ¿Por ser “chico” es de menor importancia que los anteriores?

Cuando te dan un premio por votación de cientos de estudiantes, más de 4.000 en este caso de Alcalá de Henares, no puede hablarse de premio menor. De los 31 ganados hasta hoy (octubre de 2012), hay varios concedidos a una obra o una carrera, sin concurso previo, y son maravillosos. No hay más interés que premiar una labor.

En el año 2009, el IES María Zambrano de Torre del Mar, Málaga, “bautiza” su biblioteca con el nombre de Jordi Sierra i Fabra. ¿Qué supuso esta distinción?

Cuando te mueres le ponen tu nombre a una biblioteca o a un colegio. Genial. Pero a ti ya ¿qué más te da? Que en vida a alguien se le ocurra algo así es mágico. Para mí fue un regalo. De todas formas hay lugares de España donde, por la razón que sea, tienes una relación especial, y Málaga es uno de ellos. Allí presenté una de mis primeras novelas en 1977, “Campos de fresas” lleva una década siendo el libro más pedido en bibliotecas de la provincia, yo llevo años siendo el autor más solicitado en ellas, ¡por encima de Lorca y Unamuno!... Lo mismo sucede en Extremadura, Asturias, Catalunya y más sitios, pero cuando todo coincide en un mismo lugar es fantástico. En Málaga también hiciste tú mismo la primera tesis doctoral sobre mi obra, que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado en la universidad. Nada es casual.

Y eres el 8º autor más leído en escuelas de España.

Eso es un “sambenito” de los que te caen encima y ya no los sueltas. El día que te dicen: “¿Sabes que eres el autor español vivo con más obra publicada?” te echas a temblar, porque desde ese momento te van a colgar esa etiqueta. Sucedió lo mismo hace diez años con lo de los autores más leídos. Los primeros eran Bécquer, Lorca, Galdós, Baroja... ¡todos muertos! Vivos estábamos Delibes, García Márquez y yo. García Márquez era el 7, yo el 8 y Camilo José Cela el 9. Fue un honor, pero eso es de 2002. Han pasado 10 años y allá donde voy me sueltan lo mismo. Hoy puedo ser el 27, o el 5, pero como no se ha hecho otra encuesta, soy y seré para la eternidad “el 8º autor más leído en escuelas”.

Volviendo al presente. ¿Qué sientes al saber que se han vendido más de diez millones de libros escritos por ti?

Hablamos de España, así que es una cifra abrumadora, casi alucinante, aunque haya sido en 40 años. Luego te dicen que J.K.Rowling vende eso mismo en una semana cuando saca un Harry Potter, y te pones a reír. Sea como sea pienso que es increíble, sobre todo porque cada cinco años el público joven se renueva, y los nuevos siguen leyendo mis libros, y algunos llevan 20 o 25 años siendo best sellers o libros de referencia. Una pasada. Pero en el fondo sigo siendo anónimo, debo ser el más famoso de los autores desconocidos de España o el más desconocido de los autores famosos. No soy de salir en la tele ni montar paripés ni ir a lugares para que me vean. Me gusta la discreción. No soportaría tener a un paparazzi pegado al culo o fotografiándome en taparrabos en una isla a las que suelo ir para preparar guiones. Lo importante es tener los pies en el suelo y saber cuál es tu papel en la vida.

¿Qué nos depara el futuro a los seguidores de Jordi Sierra i Fabra?

Trabajo, ilusión, más novelas, más historias, más amor, sinceridad, el mismo alud creativo mientras el cuerpo aguante y pasando de todo... Es lo que puedo dar. Como suelo decir, ya descansaré cuando me muera.



José R. Cortés Criado, es especialista en LIJ y Profesor de Enseñanza Secundaria en el IES María Zambrano, de Torre del Mar, Málaga, España. Su tesis doctoral: El compromiso social en la obra de Jordi Sierra i Fabra 1983-2003 se puede leer en este enlace:



 Esta entrevista ha sido publicada en el número 251 de la revista CLIJ. (enero-febrero 2013)



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